Desiderio Vaquerizo Gil, Córdoba romana la ciudad oculta

Desiderio Vaquerizo GilJesús D. Caparrós

Desiderio Vaquerizo publica un estudio sobre los gladiadores en Córdoba

La ciudad cuenta, después de Roma, con la mejor colección de eigrafía gladiatoria

'Gladiadores. Los soldados de la arena. Colonia Patricia Corduba' es el título del nuevo libro que acaba de publicar la editorial Almuzara. Se trata de un riguroso trabajo de investigación de Desiderio Vaquerizo ―uno de los mayores especialistas sobre el mundo romano hispanorromano―, quien en su recorrido por la historia de la gladiatura aporta una nueva y original mirada sobre sus protagonistas que, alejada del imaginario popular contaminado por el cine y la literatura, describe a estos soldados de la arena con una óptica más humana.

A diferencia de lo que se podía pensar, muchos de los gladiadores del mundo romano eran hombres libres, otros casados y, algunos incluso con hijos, que seguramente vivían con ellos en la escuela o ludus. Considerados deportistas de élite, ejemplos de virtudes morales para niños y hombres de gran sensualidad para las mujeres, especialmente las de alta alcurnia, estos luchadores, según se desprende de las páginas del libro, no siempre combatían a muerte (los cachés de los más famosos eran demasiado altos como para arriesgar su pérdida), pero, cuando lo hacían, trataban de enfrentarse a este último trance con la gallardía y el valor a que obligaba su oficio, ofreciendo al vencedor el cuello o el pecho.

Según el autor, después de Roma, el conjunto de epigrafía gladiatoria más importante de la mitad occidental del Imperio se conserva en Córdoba, lugar donde podría haberse ubicado la única escuela de gladiadores de titularidad imperial de Hispania, y que de alguna manera llegó a ser la meca de la gladiatura, al contar con el anfiteatro más importante de Hispania, localizado bajo el actual Rectorado de la universidad de Córdoba; arena en la que, gracias a la capacidad económica de la ciudad -capital de la provincia Baetica, la más rica y noble de Occidente- y de sus elites, lucharon los mejores gladiadores del Imperio.

Desde sus orígenes funerarios y militares, hasta la organización de los juegos y los tipos de combatientes, pasando por la vida en la escuela de gladiadores y la relación del espectáculo con el poder imperial, este catedrático de arqueología va desgranando en este libro los entresijos de esta verdadera industria del entretenimiento, que no sólo tenía como protagonistas a tan aguerridos luchadores, sino que movilizaban además a muchas otras profesiones; y en esto Córdoba también ha sido pródiga en hallazgos, por cuanto ha conservado testimonios epigráficos del portero del anfiteatro, de un acomodador, de un músico, e incluso de comerciantes de armas y fieras.

En definitiva, 'Gladiadores. Los soldados de la arena' es un trabajo que pretende, a través de la revisión de las fuentes escritas conservadas y de los hallazgos arqueológicos, desvelar la verdadera historia de la gladiatura a una sociedad actual que no ha acabado de entender la vida y hazaña de unos personajes, mediatizada por la imagen negativa que de ellos dieron en su momento los padres de la Iglesia y también la literatura y el arte. Se creó así un imaginario bastante alejado de la vida real de estos luchadores, que entrenaban con disciplina militar, comían con arreglo a dietas calculadas, vivían en comunidad y, cuando caían en la arena, podían recibir sepultura digna y epitafio.

El autor

Desiderio Vaquerizo Gil (Herrera del Duque, Badajoz, 1959) Licenciado en Filosofía y Letras (sección de Geografía e Historia) con Premio Extraordinario en 1981. Accedió al doctorado en 1987 y en 1988 obtuvo una plaza de profesor titular de Arqueología en la Universidad de Córdoba, donde pasaría a ser catedrático de la misma materia en 2002.

Investigador, docente y divulgador cuenta en su haber con varias decenas de monografías y una infinidad de artículos. Ha coordinado congresos y exposiciones, creado y dirigido revistas de investigación, liderado proyectos de investigación de amplia repercusión nacional e internacional y ha apostado siempre por la escuela. Por su buen hacer ha recibido una docena de prestigiosos premios y reconocimientos, que dan idea del impacto de su labor entre la comunidad científica y la sociedad, encarnando de alguna manera el paradigma de lo que debe ser un profesor universitario.

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