La aceraAntonio Cañadillas Muñoz

El abuelo Víctor

Actualizada 05:00

Hoy he decidido irme a un parque, y a la vez que paseo, tratar de experimentar sensaciones nuevas y adentrarme en ese especio de ciudad donde aún se puede respirar naturaleza.

Al principio no me fue mal porque los niños estaban en el colegio aún y la movilidad era más fácil, además estaban funcionando los aspersores y el ambiente creado era muy agradable. En medio de la nube del agua al esparcirse por el ambiente, al fondo, vi una figura nublada por la humedad, sentada en un banco; y me acerque. Era un hombre muy mayor, que estaba pensativo, como con cara de preocupación. La temblorosa mano sostenía un consumido pitillo aun humeante. Echado hacia delante, su codo izquierdo estaba apoyado sobre su rodilla a la vez que la mano sujetaba la cabeza a través de la mandíbula. Y me llamo la atención. Al saludarlo me miró con unos ojos cansados pero aún llenos de vida acompañados de una sonrisa que transmitía alguna preocupación. Me invitó a sentarme y me senté junto a él.

Inmediatamente me vino a la cabeza al abuelo Víctor. Duro como el hierro que a golpes extraía de las entrañas vivas de las sierras de Peñarroya o Espiel. El que desde muy pequeño, apenas que pudiera, se escapaba de su casa y volaba hasta la escuela. Así aprendió. También guarda cabras desde que cumplió los cinco y con quince ya trabaja en la mina con ahínco. Boina, chaqueta y pantalón de pana, calzas esparteñas, carburo, pico y pala. Adentro de la mina se picaba y se cantaba para olvidar el peligro que siempre acechaba. En el ferroso subsuelo abren nuevas galerías y pasan la jornada sin ver la luz del día. Terminada la labor en las minas se empapaban los mineros con el vino de los bares. Y dura fue la vida, como el hierro, pues toda la familia amargamente lloró por un malogrado hijo que la mina se cobró.

Así sufrió por un hermano el abuelo minero. Así vivió, picó, sudó, trabajó y sufrió el abuelo Víctor. Así lo muestra Víctor Manuel en su canción. Esa es la imagen que pude comprobar después de una larga conversación en la que un pitillo encendía a otro.

En su charla, lo primero que me mostró fue su preocupación por la situación actual de nuestro país, y sobre todo por las personas, esas que hacen una gran empresa para crear empleo, las que con menos posibilidades invierten lo que tienen en una pequeña o media, en el esfuerzo de los autónomos,… y en los trabajadores. Y me dijo: «Esto no va bien». Las pymes están teniendo que soportar más que las grandes empresas la situación económica, la crisis energética y, posteriormente, la desaceleración de la economía que se ha ido produciendo.

También se refirió a que la producción está por las nubes y que a diferencia de las grandes empresas, que aguantan mejor el envite, el deterioro de la situación de las pymes se debe a una serie de costes de producción que han crecido aún más que en el caso de sus competidoras de gran tamaño y que con la inflación y los cuellos de botella en las cadenas de suministro, se produjeron retrasos en la recepción de productos. El resultado fue un desfase entre el periodo de cobro y el de pago a los proveedores. Y lo peor de todo «Es la mayor presión tributaria de la historia», remataba. Lo que yo creía y había comparado con un minero, más bien debía ser un economista o empresario.

Ante estas interesantes manifestaciones del abuelo, le pregunté qué opinaba de las elecciones europeas que se celebrarían dentro de unos días. La respuesta fue rotunda “Hay que ir a votar, está mucho en juego; no podemos quedarnos en nuestra casa y querer ver los toros desde la barrera. A veces los toros saltan la barrera sin anunciarlo, y nos cogen. Y luego solo queda quejarse para nada.

Y me dijo que Europa no era simplemente un lugar de encuentro de los países que la conformaban donde se reunían los europarlamentarios y discutían sus propuestas, que eran muchas cosas mas, que éramos nosotros mismos y nuestro futuro. Y comenzó a desmenuzarme. Seguridad, defensa, construcción de Europa misma, política exterior, justicia, economía, política energética, pactos comerciales, inmigración energía, medio ambiente, movilidad, agua, ganadería y agricultura, pesca, paro, impuestos, sanidad, educación, vivienda, pensiones, política sociales, industria, turismo, infraestructuras, cultura, feminismo, lgtbiq, vida y familia, conciliación, despoblación… y añadió que Europa llegó para quedarse y no para romperse y que los gobiernos cuyas propuestas no son compartidas por el resto de países no podían actuar por su cuenta por sus propios intereses, que había que buscar un consenso. Que ya estaba bien de «caprichos interesados» de algunos presidentes que mas que sumar podían restar, y eso podría significar la desunión, que es lo que pueden pretender algunos. Terminaba diciendo.. ”Y eso puede ser nuestro final”.

Estaba claro; aquel hombre no era un simple anciano, era alguien que llega a una edad, se hace mayor, y que tenia las cosas muy claras. Que debajo de aquel rostro existían muchas vivencias, conocimientos y valores que debíamos tener muy en cuenta. Llegado el momento le di un abrazo a la vez que me ofreció un pitillo. Me despedí y me marché pensativo. Al llegar a la nube que los aspersores provocaban, escuche su voz insistente que me decía con gritos y voz entrecortada… “ Y por favor no dejen de votar, no dejen de ir a votar, que está mucho en juego. Y cuidado con los partidos que dicen una cosa muy atractiva y luego hacen lo contrario mirando solo su beneficio o intenciones. En nuestro país lo estamos viviendo. ¡A esos noooo!. Y me convencí que el domingo 9 de Mayo tenía que estar presente en mi colegio electoral y depositar mi voto porque Europa me necesitaba… Pero no se me iban de la cabeza, mientras hacía el recorrido de vuelta a casa, algunas de sus últimas palabras que se repetían en mi mente: “Por favor no dejen de votar, no dejen de ir a votar, que esta mucho en juego. Y cuidado con los partidos que dicen una cosa muy atractiva y luego hacen lo contrario mirando solo su beneficio o intenciones. En nuestro país lo estamos viviendo. ¡A esos noooo!.

Abuelo Victor, gracias,… No te defraudaremos ni a ti ni a Europa.

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