De comienzo en comienzoElena Murillo

Aulas que cobran vida

«Esta semana se ha abierto un nuevo libro en blanco dispuesto a llenarse de anécdotas, aprendizajes, aventuras por experimentar»

Con el final del curso, las aulas se fueron a negro. Cesó la actividad como cesa la vida. Todo quedó ahí, esperando la luz del alba, el resurgir de nuevo que se hace posible cada mes de septiembre. Estos días, esas aulas se han vuelto a llenar del color perdido, de la alegría que inunda cada uno de los rincones en los que desarrollan su vida los jóvenes, la savia nueva que hace germinar el milagro de la existencia. Ellos te hacen sentir vivo al poner la pasión en la frescura de lo inédito, en el descubrimiento de nuevos compañeros y el encuentro con los antiguos, en la novedad de la asignatura desconocida donde hallar conocimientos originales.

Esta semana se ha abierto un nuevo libro en blanco dispuesto a llenarse de anécdotas, aprendizajes, aventuras por experimentar. Un libro que permanecerá para siempre en el recuerdo de cada estudiante puesto que cada página guardará una historia, una experiencia, un momento de los mejores años de la vida de una persona. Estoy segura de que están dispuestos a irlo completando sin borrones, sin una mancha que los haga cerrarse sobre sí mismos o les impida asimilar los aprendizajes con claridad.

Las aulas universitarias representan el lugar en el que muchos empiezan a cumplir sus sueños y en el que siendo aún adolescentes, en mayor o menor medida, vencerán sus inseguridades y terminarán siendo adultos capaces de afrontar el reto profesional que les espera en un futuro cercano. Ojalá que en el bagaje acumulado en ese libro imaginario, lleven anotado cómo transformar las pequeñas piedras que a veces bloquean los caminos en trampolines capaces de dar saltos de calidad, cómo superar los obstáculos y alcanzar el éxito fantaseado.

Si además las aulas pertenecen a centros de ideario católico, tendremos un extra añadido, porque esos estudiantes estarán recibiendo una formación integral real, plena, que produce y desarrolla valores a la luz del evangelio. Para el Papa Francisco, la educación católica se definía como «la verdadera humanización, una humanización que brota de la fe y que genera cultura». Para el Santo Padre la educación era un acto de amor, un acto de esperanza y un factor humanizador. Ojalá nuestras aulas, un año más, se conviertan en el semillero de la ilusión, de la confianza y del optimismo, necesarios para provocar un cambio en la sociedad.

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