El obispo, con los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y capellanes de la prisión de Córdoba
La Virgen de la Merced lleva esperanza a la prisión de Córdoba
La visita a la cárcel forma parte del programa de actos del cincuentenario de la bendición de la imagen
La mañana de este sábado 20 de junio quedará grabada en la memoria del Centro Penitenciario de Córdoba, de la Hermandad de la Merced y de cuantos tuvieron la oportunidad de participar en una jornada marcada por la fe, la emoción y la esperanza. Dentro de los actos conmemorativos del 50 Aniversario de la bendición y llegada de Santa María de la Merced a la ciudad de Córdoba, la Santísima Virgen realizó su segunda visita a la institución penitenciaria cordobesa, protagonizando un encuentro cargado de simbolismo y profundo significado.
Desde primera hora de la mañana, el salón de actos del Centro Penitenciario presentaba un aspecto extraordinario. Santa María de la Merced presidía el espacio desde un lugar destacado, aguardando el comienzo de una jornada histórica. Poco a poco fueron accediendo al recinto decenas de internos e internas que, al encontrarse frente a la Santísima Virgen, no pudieron ocultar la emoción de participar en un acontecimiento tan singular. El salón se llenó por completo para vivir una celebración que muchos definieron como única e irrepetible.
La misa
La jornada comenzó con la celebración de una Eucaristía de Acción de Gracias por la visita de Santa María de la Merced al Centro Penitenciario de Córdoba, presidida por el obispo de Córdoba, Jesús Fernández González, y concelebrada por el párroco de San Antonio de Padua y director espiritual de la Hermandad, Francisco Javier Moreno Pozo, junto al vicario parroquial Jesús Sánchez Cabezas y los capellanes del Centro Penitenciario, el padre José Antonio Rojas y el padre Sergio García.
La celebración contó con el acompañamiento musical de un coro formado por internos del propio Centro Penitenciario, cuyas voces aportaron una especial sensibilidad a cada uno de los momentos de la Eucaristía, contribuyendo a crear un ambiente de profundo recogimiento, alegría y participación. Junto a la comunidad penitenciaria estuvieron presentes la directora del Centro, Inmaculada Román, la subdirectora de Tratamiento y diversos miembros del equipo directivo, así como los voluntarios que desarrollan su labor en el Centro. La Hermandad de la Merced estuvo representada por gran parte de su Junta de Gobierno, encabezada por su hermana ayor, Ana Gema Torrico Luque.
Durante su homilía, Jesús Fernández dirigió un mensaje de esperanza a todos los asistentes, recordando las palabras pronunciadas recientemente por el Papa León XIV durante su visita al Centro Penitenciario de Brians I. El obispo destacó especialmente una reflexión que encontró un profundo eco entre los presentes: «Dios nos quiere como somos, pero nos sueña mejores». Un mensaje que conecta plenamente con el espíritu de misericordia, redención y esperanza que encarna la advocación de Santa María de la Merced.
Finalizada la celebración eucarística tuvo lugar uno de los momentos más emotivos de la mañana. El Centro Penitenciario y varios de sus internos quisieron expresar su cariño a la Santísima Virgen mediante la entrega de diversos presentes, algunos realizados con sus propias manos. Entre ellos destacaban un delicado tocado para Santa María de la Merced, un rosario de filigrana cordobesa, un escudo mercedario elaborado artesanalmente por un interno, varios dibujos dedicados a la Virgen y flores confeccionadas con miga de pan. Cada uno de estos regalos trascendía su valor material para convertirse en una auténtica muestra de afecto, gratitud y devoción. Eran el reflejo del esfuerzo, la dedicación y el cariño de quienes habían querido agradecer la presencia de la Virgen entre ellos a través de obras nacidas de sus propias manos y de sus propios corazones.
Asimismo, los funcionarios y los propios internos quisieron agradecer la presencia de todos los asistentes obsequiándolos con un pañuelo confeccionado en el taller Puntadas de Libertad, iniciativa conjunta de la Pastoral Penitenciaria y la Hermandad, financiada por la Fundación la Caixa, en un hermoso gesto de fraternidad y agradecimiento.
El besamanos
Antes de concluir la jornada tuvo lugar otro de los momentos más significativos del encuentro. El coro formado por internos del Centro Penitenciario interpretó 'Virgen de la Libertad', un himno compuesto por ellos mismos y dedicado a Santa María de la Merced. Sus voces llenaron el salón de emoción y sentimiento, convirtiendo el canto en una auténtica oración colectiva dirigida a la Madre de la Merced.
A continuación, se desarrolló un entrañable besamanos a la Santísima Virgen, permitiendo que internos e internas pudieran acercarse personalmente a Ella para contemplarla de cerca y elevar una oración. Fueron instantes de enorme intensidad emocional, marcados por miradas, silencios y plegarias que reflejaban el profundo significado que la visita había tenido para muchos de los presentes.
Uno tras otro fueron pasando ante la imagen de Santa María de la Merced, encontrando en aquellos momentos la oportunidad de depositar en sus manos preocupaciones, anhelos y esperanzas. Bajo la advocación mercedaria, la Santísima Virgen volvió a presentarse como Madre de misericordia y patrona de las personas privadas de libertad, ofreciendo consuelo y cercanía a quienes más lo necesitan. Como recuerdo de esta histórica visita, la Hermandad hizo entrega a todos los internos de una estampa conmemorativa de Santa María de la Merced.
De este modo concluyó una jornada que permanecerá en el recuerdo de todos los presentes. Una mañana en la que Santa María de la Merced volvió a hacer realidad el sentido más profundo de su advocación, llevando esperanza, cercanía y misericordia al corazón del Centro Penitenciario de Córdoba.
En este año tan especial del cincuentenario, la Virgen volvió a sembrar Merced entre quienes más anhelan encontrarla, dejando una huella imborrable en el corazón de internos, trabajadores, voluntarios y miembros de la Hermandad. Una visita que trasciende lo meramente conmemorativo para convertirse en un verdadero testimonio de fe, humanidad y misericordia.