Ana Benito

Ana BenitoSamira Ouf

Ana Benito, psiquiatra

«De la depresión se pueden aprender muchas cosas sobre uno mismo»

La coordinadora de la comunidad terapéutica de salud mental del Hospital Universitario Reina Sofía habla sobre un trastorno que crece, su tratamiento y prevención

La niebla se ha instalado en este día de enero sobre la sierra de Córdoba, lo que produce un efecto un tanto evocador cuando aparece el viejo Hospital de Los Morales y su arco de entrada por la carretera. Podría ser como una película de misterio, pero también una metáfora. En el pasillo que es antesala al despacho de Ana Benito (Córdoba, 1975), hay una fila de pacientes esperando ordenadamente su medicación, dispensada en una de las salas. En ellos hay otra niebla, la del trastorno bipolar, la esquizofrenia o la depresión severa. Forman parte de la comunidad terapéutica de salud mental del Hospital Reina Sofía, un grupo de personas coordinadas por la psiquiatra Benito.

Es precisamente la depresión, su reciente día mundial y sus alarmantes cifras las que nos han traído hasta aquí. Pero no es una sombra, sino una sonrisa la que nos recibe vestida con una bata blanca y una sincera y amplia generosidad compartida entre consulta y consulta para atender a La Voz de Córdoba. Sus pacientes y compañeros la saludan con cariño y familiaridad, una cercanía siempre necesaria sobre todo en personas a veces rotas, siempre frágiles.

Ana Benito transmite seguridad y energía para una jornada que no ha hecho nada más que comenzar. Entrevistar a un psiquiatra siempre tiene su aquél, porque ellos pueden leer las mentes. No es telepatía, sino el oficio terapéutico de conocer la profundidad de ser humano y esas enfermedades que no son tan visibles, porque siempre están sumidas en una niebla como la que envuelve en este día la falda de la sierra y a unas instalaciones que merecen mejor trato por parte de la administración pública.

Ana Benito

Ana BenitoSamira Ouf

- Todas las cifras apuntan a un incremento de la depresión. ¿Esto es realmente así? Y, si lo es, ¿a qué se debe?

- Lo que está claro es que hay un aumento del malestar emocional y también de su expresión. Es decir, nos sentimos mal por cosas que nos van sucediendo en la vida o por lo que ocurre a nuestro alrededor y lo comunicamos más. A veces se diagnostica depresión en personas que simplemente atraviesan un malestar, y eso también es responsabilidad de los profesionales, que quizá estamos incurriendo en un sobrediagnóstico. Otras veces, en cambio, sí existe una enfermedad como tal, que ha estado presente desde siempre: la depresión clínica, que sigue ocurriendo. Las cifras de aumento de la depresión hay que tomarlas en serio porque indican que existe más malestar en la sociedad, pero no creo que necesariamente correspondan a un aumento de la enfermedad en sí, tal y como la entendemos los psiquiatras o los psicólogos clínicos.

- Vivimos más cómodos y seguros que nuestros abuelos, por ejemplo. Sin embargo, no tenemos la impresión de que ellos se deprimieran. ¿Es así?

- Antes, la depresión era casi un lujo, en el sentido de que requería tiempo para detenerse y mirarse a uno mismo. Y, normalmente, las personas que se deprimían en circunstancias tan duras no accedían a tratamiento y morían. Eso no está registrado en ningún sitio. No es que la depresión no existiera: igual que ocurría con otras enfermedades físicas que no se diagnosticaban ni se trataban, la depresión tampoco entraba en el ámbito de la atención sanitaria. Por tanto, no estoy de acuerdo en que antes no hubiera depresión. La había, pero no se atendía, y la muerte podía llegar por un suicidio encubierto o incluso por agotamiento, que también es un posible desenlace de la depresión.

- El origen de la depresión se considera multifactorial, según los profesionales. Pero, en términos generales, ¿qué suele pesar más?

- Depende de cada persona. El modelo de enfermedad mental que manejamos actualmente es el de vulnerabilidad-estrés. Esto significa que uno nace con una predisposición a padecer determinadas enfermedades y, según lo que le vaya ocurriendo en la vida, desarrolla o no desarrolla la enfermedad. En el caso de la depresión, alguien puede nacer con una vulnerabilidad alta, de modo que un estresor mínimo podría desencadenarla. Si, por el contrario, la vulnerabilidad genética es baja, se necesitarían condicionantes externos muy importantes para que aparezca una depresión. Por tanto, en cada persona van a primar unos factores u otros, en función de la genética, del entorno y, sobre todo, más que de los acontecimientos concretos, de la calidad de las relaciones que establecemos desde la infancia, desde que somos bebés hasta la edad adulta. Ese es un factor protector quizá más importante que las desgracias o las circunstancias externas que nos puedan ocurrir.ç

- ¿Medicación, psicoterapia o ambas?

-Depende también del peso que tenga cada factor en cada persona. En general, los mejores resultados en las depresiones graves se obtienen con la combinación de medicación y psicoterapia. A veces, para poder iniciar un proceso psicoterapéutico es necesario empezar antes con medicación, para situar a la persona en unas condiciones mínimas que le permitan recorrer ese camino, que no siempre es fácil. Y también es cierto que únicamente la medicación, sin un trabajo personal a través de la psicoterapia, suele asociarse a un mayor riesgo de recaídas. Por tanto, en principio, ambas. Solo en muy pocos casos una de las dos por sí sola podría ser suficiente.

- Da la impresión de que hoy se habla de salud mental con mucha ligereza, sobre todo en las redes sociales. En YouTube, por ejemplo, es fácil encontrar tanto a profesionales sanitarios como a personas que no lo son tratando cuestiones como la depresión. ¿Qué le parece este acceso tan sencillo a ese tipo de contenidos desde el punto de vista profesional? Y, en ese contexto, ¿qué recomendaciones haría a los ciudadanos?

- En este momento, como el malestar emocional es algo común a todos los seres humanos, parece que todo el mundo tiene algo que decir al respecto. Y, efectivamente, cada cual puede aportar mucho desde su experiencia personal, pero eso no significa que esa experiencia sea universalizable o aplicable a todo el mundo. Hay mucha confusión, mucha confusión de términos, y en la mayoría de los casos falta rigor en lo que se divulga, aunque también es cierto que existen profesionales excelentes que sí comunican con seriedad.

Ana Benito

Ana BenitoSamira Ouf

Está bien que se hable del malestar, pero no lo está tanto que se utilicen términos clínicos por parte de personas que no tienen el conocimiento necesario para hacerlo. Yo recomendaría mucha prudencia: entender que la experiencia de otro es valiosa como experiencia ajena, pero no necesariamente trasladable a la propia. Y, si realmente queremos aprender sobre salud mental, escuchar a profesionales con un recorrido clínico sólido, que hablen desde la ciencia y desde el conocimiento.

- La salud mental sigue estando sujeta a un fuerte estigma social, ¿verdad?

-Sí. Y, además, el hecho de que esté tan presente en las redes sociales y en el debate público tiene un efecto paradójico: se habla mucho de «salud mental», que es un concepto muy amplio, en el que caben muchos tipos de malestares y circunstancias, pero eso está sirviendo también para dejar de hablar de las enfermedades mentales más graves, que siguen existiendo y siguen necesitando ayuda, y que continúan sufriendo estigma incluso dentro de este proceso de desestigmatización. Cuando se habla de salud mental, casi siempre se habla solo de ansiedad, de depresión o, a lo sumo, de ideación suicida, pero se sigue sin hablar de trastorno bipolar, de esquizofrenia o de trastornos graves de la personalidad, que condicionan profundamente la vida de las personas, que siguen existiendo y que continúan, en gran medida, apartados del sistema.

- Básicamente, son los pacientes que se tratan aquí, en esta comunidad terapéutica. ¿Es así?

- Efectivamente, son los pacientes que tratamos aquí y a los que intentamos dar una respuesta tanto clínica como social. Cuando llegan a este dispositivo, normalmente ya se ha producido un deterioro importante en su vida a causa de una enfermedad mental grave: en las relaciones personales, en el ocio, en su manera de vivir y también en el ámbito laboral. Nuestro objetivo es realizar un tratamiento integral, abordando tanto la enfermedad desde el punto de vista estrictamente clínico —psiquiátrico y psicológico— como la dimensión social, es decir, aquellos aspectos que se han deteriorado y que necesitan una intervención específica para facilitar su reintegración en la sociedad. Al final, se puede vivir con muchas enfermedades, también con una enfermedad mental grave, pero hay que saber cómo hacerlo, y en ocasiones esas pérdidas acumuladas es necesario repararlas.

- ¿Cómo se aborda actualmente la salud mental desde la sanidad pública? ¿Hay suficientes medios y profesionales?

-En este momento existe un déficit de profesionales, en gran medida porque se ha producido un incremento muy notable de la demanda relacionada con trastornos leves o malestares que no siempre constituyen una enfermedad como tal. Muchos profesionales están dedicando buena parte de su tiempo a atender problemas de la vida cotidiana que, aunque generan sufrimiento, no necesariamente tienen una solución sanitaria, pero que acaban llegando al sistema público porque es el recurso al que se acude. Esto repercute directamente en la disponibilidad de profesionales para tratar enfermedades mentales graves o situaciones de mayor complejidad.

Ana Benito, durante la entrevista

Ana Benito, durante la entrevistaSamira Ouf

- ¿Y qué papel juega el médico de atención primaria?

- El médico de atención primaria es la puerta de entrada al sistema. Ellos mismos sufren una importante sobrecarga, porque lo que está ocurriendo con el malestar emocional también sucede con otros tipos de malestares físicos. Vivimos en una sociedad muy medicalizada, en la que la medicina se ha convertido casi en una especie de religión, donde cualquier circunstancia mínima de la vida se considera motivo de consulta. Esto provoca una sobrecarga enorme en todas las especialidades, no solo en salud mental o en psiquiatría. Como consecuencia, disponen de poco tiempo por paciente y muchas de las intervenciones propias de la atención primaria no se están pudiendo realizar, por el mismo motivo por el que tampoco podemos hacerlas nosotros: una avalancha de personas que buscan en la medicina una solución que, en muchos casos, no está ahí.

-¿Y el sanador cómo se cubre ante esa sobrecarga?

El sanador, en muchos casos, está enfermo ahora mismo. Estamos viviendo tiempos muy difíciles en cuanto a la salud de los propios profesionales, con una elevada incidencia del síndrome de burnout. Sabemos hacer nuestro trabajo, estamos formados para ello, pero muchas veces no podemos ejercerlo como deberíamos, y eso es un factor muy duro de sobrellevar.

- Y son personas además de profesionales.

-Primero y siempre personas, antes que cualquier otra cosa.

- Se habla mucho de la depresión, sobre todo entre los jóvenes, y del incremento de los suicidios en estas edades. ¿Qué está pasando?

- El suicidio es el resultado de muchos factores. Uno de ellos puede ser la enfermedad mental, pero en muchos casos no es el único y, a veces, ni siquiera el más importante, porque tener una enfermedad mental predispone, pero no todos los suicidios se deben a una enfermedad. En este momento existe un aumento de los suicidios y es necesario analizar qué está ocurriendo con tiempo y con rigor. Esto no se puede abordar lanzando teorías a la ligera, como si alguien tuviera ya la solución. Pero todo apunta a que los factores sociales, como el papel de las redes sociales o la presión que soportan hoy los jóvenes, generan, por un lado, un sentimiento de impotencia, de no poder hacer nada por su propio bienestar o su futuro, y por otro, de desesperanza, de que las cosas no solo no van a mejorar ahora, sino que no lo harán nunca. La impotencia y la desesperanza son los dos factores que más empujan a una persona a quitarse la vida. Por eso habría que analizar no solo si estamos ofreciendo una atención adecuada en salud mental a los jóvenes, que por supuesto es una cuestión fundamental, sino también qué estamos transmitiendo como sociedad para que personas que tienen toda la vida por delante lleguen a una situación de desesperanza tan profunda que solo vean esa salida.

- Volviendo a la depresión: una vez superado el trastorno, ¿qué es aconsejable para que su sombra no se convierta en una amenaza constante?

- De la depresión se pueden aprender muchas cosas: sobre uno mismo, sobre la forma de enfrentarse a los problemas y sobre la manera de vivir. Si ese aprendizaje se ha producido, cuando una persona sale de una depresión hay comportamientos que deja atrás, otros nuevos que incorpora y actitudes que van cambiando. Si la depresión ha generado una transformación real, que luego se manifiesta en cambios concretos en algunos aspectos de la vida, el proceso puede avanzar de forma positiva. Si, por el contrario, se vuelve exactamente al punto de partida, es probable que la depresión reaparezca. Ahí es donde la psicoterapia desempeña un papel fundamental, junto con la capacidad de introspección, de analizarse y de aprender de lo vivido, algo que siempre resulta más fácil con la ayuda de un profesional cualificado.

Ana Benito

Ana BenitoSamira Ouf

- Se nos empuja cada vez más a llevar una vida sana desde el punto de vista físico, pero no tanto del mental . ¿Cómo deberíamos cuidar nuestra salud mental?

- El cuidado de la salud mental empieza, en realidad, por el cuidado de la salud física. Esa separación entre mente y cuerpo cada vez está más lejos de la ciencia. Comer bien, hacer ejercicio y dormir adecuadamente repercute directamente en la salud mental y constituye uno de sus factores más importantes. En ese sentido, todos los consejos clásicos sobre salud física también son válidos para la salud mental. Además, es fundamental cuidar la calidad de las relaciones que tenemos. Cuando decimos que las personas necesitamos relacionarnos, eso significa algo distinto para cada cual, según su forma de ser, sus intereses o su carácter. Tener relaciones de calidad no implica necesariamente contar con un grupo de veinte amigos para irse un fin de semana a una casa rural; puede significar tener dos buenas relaciones, dos personas con las que se pueda mantener una conversación profunda y tranquila. Quizá no sea necesario verlas a diario, sino una vez a la semana, y con eso bastaría para recargar las «pilas sociales». Existe ahora mismo la idea errónea de que todas las relaciones sociales exigen ser extrovertidos y estar constantemente rodeados de gente y haciendo actividades. Eso puede ser positivo para algunos perfiles, pero no para otros. Por eso es importante trasladar las recomendaciones generales al conocimiento de uno mismo y a lo que cada persona necesita. Para alguien, la tranquilidad puede estar en pasar el día leyendo o viendo buenas películas en casa y quedar el sábado con un amigo para una conversación profunda de un par de horas, suficiente para nutrirse toda la semana. Para otra persona, en cambio, lo mejor puede ser participar en actividades comunitarias, formar parte de varias asociaciones o salir a bailar los sábados por la noche.

Ana Benito, vista por Samira Ouf

Ana Benito, vista por Samira Ouf

Conocerse a uno mismo es clave para saber qué conserva la propia salud mental. Las relaciones de calidad son precisamente eso. También conviene tomar distancia del uso adictivo y excesivo de las redes sociales, porque el mundo virtual no proporciona lo que una persona necesita realmente. Necesitamos contacto, relaciones significativas, naturaleza, que nos dé el sol en la cara y actividades con sentido, ya sea en el ámbito laboral o, si se tiene un trabajo meramente de subsistencia, a través de aficiones, de la pertenencia a una comunidad o incluso de una iglesia, en el caso de quienes son creyentes. Todo eso contribuye a la salud mental. Al final, se trata de vivir en comunidad.

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