Héctor y Sandra Ramírez

Héctor y Sandra RamírezSamira Ouf

Sandra Ramírez, química y madre soltera

«El único apoyo que me ofreció la administración pública fue no tener a mi hijo»

Una mujer contra el sistema, la narrativa y lo políticamente correcto: una madre de hoy en día, a pesar de todo. Narra su experiencia en esta entrevista.

En La Carlota ya es verano. La tarde está recién inaugurada y el estío parace que también. Se ven chiquillos con camisetas de Real Madrid - hay partido de Champions- y un parque aún vacío, mientras el tiempo se despereza tras la siesta. Cerca de la casa de Sandra Ramírez (Córdoba, 1982) se escucha algo de ¿Mozart?. Sí, es Mozart y es la vivienda de Sandra, con la puerta abierta, ese lujo que en las localidades pequeñas se mantiene (de momento) porque a las casas solo entran los buenos vecinos, los amigos y la familia.

«Mi hijo es un niño con altas capacidades», aclara la madre de Héctor, que a sus casi cuatro años es un fan declarado de don Wolfgang Amadeus. Siempre es mejor que crecer escuchando a Bad Bunny, por supuesto. Héctor pudo no nacer, como le ocurre a miles de niños en España. Hay toda una legislación, una narrativa, una censura, un dinero público, unas almas envilecidas y varias multinacionales en contra de los Héctor del mundo. Por eso que este chiquillo tenga una madre que decidió defender el verde del pasto tiene tanto mérito.

Sandra no ha estado sola. En realidad ninguna mujer está sola si decide huir de la narrativa tardofeminista y la presión pública. La vida hiperactiva que corre por las venas de Héctor pega balonazos gracias a Redmadre en Córdoba. Esta asociación se encargó de todo, pero lo más importante es que sus voluntarias no juzgaron, no señalaron, no ejercieron el proselitismo. Solo abrazaron. Estuvieron ahí de verdad para lo que importa: la dignidad de una madre y la de su hijo.

El próximo jueves comienza en Córdoba un mercadillo solidario que servirá para ayudar a Redmadre, cuyo trabajo , o solo parte de él, se muestra hoy en esta entrevista a Sandra, madre valiente y feliz. Aunque un poco agotada al final del día, claro.

Sandra Ramírez

Sandra RamírezSamira Ouf

- Cuando las cosas se ponen en contra, ¿todo puede empeorar?

–Todo. No hay una sola cosa. Hay una ley que establece que si algo puede salir mal, va a salir mal. Y eso es lo que me pasó a mí. Con el embarazo, todo salió mal. Fue una cosa tras otra, muy caótico.

- Porque Héctor no se esperaba que llegara, ¿no?

–No. Partiendo de antes, yo tuve cáncer en el cuello del útero y me tuvieron que hacer varias conizaciones. Me quedé embarazada y me di cuenta porque cogí el COVID. Estaba con COVID y embarazada, y me dijeron que seguramente lo perdería, por el virus sumado a mis problemas ginecológicos. Pero superé el COVID y el niño siguió.

Mi vida estaba totalmente replanteada para no tener hijos. Me gustaba mi trabajo, pero en ese momento no trabajaba. Venía de una situación de violencia, en Barcelona, con una pareja. Llegué aquí sin trabajo, sin nada, y me quedé embarazada en esas circunstancias. Con 39 años, no pensaba tener hijos.

Cuando pasó el COVID y no perdí al niño, me planteé no tenerlo. No tenía trabajo, psicológicamente no estaba bien, estaba rota por completo y sin ninguna perspectiva de futuro.

–¿Estaba decidida entonces a no finalizar el embarazo?

– De hecho, estaba moviendo los papeles. Mi hermana encontró una tarjeta y me dijo que llamara, que me ayudarían con cosas para el niño. Yo no me lo creía. Ya había ido al médico y a las trabajadoras sociales, y me decían que si el niño no estaba en el mundo, no podían ayudarme. Cuando llamé, me atendió María José, que además era psicóloga. Me insistió en que no lo hiciera, que me ayudarían de verdad. Yo no la creía. Pensaba que era como muchas promesas que luego no se cumplen. Pero quedó conmigo varias veces, me acompañaba, me ofrecía apoyo real, incluso me llevó un carrito de bebé.

Aun así, había momentos en los que pensaba que lo más fácil era no tenerlo.

Sandra Ramírez

Sandra RamírezSamira Ouf

–¿Encontró apoyo por parte de la administración pública?

–No. El único apoyo que se me ofreció fue no tenerlo. Fui a las trabajadoras sociales, les expuse mi caso y me respondieron que si el niño no había nacido, qué quería que hicieran.

- Entonces estaba en una situación límite…

–Sí. Por un lado quería tenerlo, porque había superado el COVID. Por otro, tenía que replantearme toda mi vida. También estaba el riesgo de que el cáncer volviera con los cambios hormonales y el parto.

Pesaba más el no que el sí. Pero hablando con María José, me hizo ver que abortar también podía traer consecuencias psicológicas, que a mi situación se le sumarían más problemas. Y al final tomé la decisión de seguir adelante.

–Y nació Héctor.

–Sí. Tras un embarazo de alto riesgo y muy complicado.Las ayudas de Red Madre empezaron antes de que naciera. Me acompañaban al médico, venían a visitarme cuando estaba ingresada y me dieron apoyo psicológico para superar lo que había vivido en Barcelona. Yo había dejado de ser yo misma, me había perdido.

Antes de que naciera mi hijo ya me estaban ayudando. Me proveyeron de todo. Mi hijo nació y tenía todo sin que yo hubiera comprado nada.

–Es usted licenciada en Química. ¿Qué ocurre en ese sector cuando una mujer se queda embarazada?

–En teoría no pierdes el trabajo, pero la realidad es que muchas veces te apartan. Se argumenta que baja la producción o hay recortes. En la práctica, en muchos casos, cuando una mujer en un laboratorio químico se queda embarazada, es baja desde el primer momento. Ser mujer, trabajar en la química y ser madre es difícilmente compatible. Muy complicado por horarios y condiciones.

Recuerdo una entrevista de trabajo en Barcelona en la que me preguntaron si pensaba tener hijos por estar en edad fértil. Respondí que era algo personal, pero es evidente que las empresas se lo piensan mucho.

–Y luego está la conciliación.

–Es un problema. Cuando una mujer está sola con su hijo no es fácil. No es algo idílico. Yo soy quien provee, quien educa, quien pone límites y quien lleva la casa. El trabajo de dos personas recae en una sola, es muy agotador. Y si además no hay conciliación en el trabajo, se hace imposible.

–¿El hecho de que no haya un papá ha sido un problema para Red Madre?

–No, en absoluto. En ningún momento. Héctor nació por cesárea y estuve seis meses con la herida sin cerrar. Durante todo ese tiempo Red Madre siguió ayudándome. Me preguntaban qué necesitaba, incluso ofrecían ayuda en casa. El acompañamiento ha sido impresionante.

–¿Qué le diría a una futura madre en la situación en la que usted estuvo?

–Que no es fácil, no voy a mentir. No es de color de rosa. Gran parte de la sociedad no apoya. Pero que no se rindan. Sí hay gente que ayuda de verdad. En mi caso fue Red Madre y también mi tía. Y el balance entre no tener a tu hijo y tenerlo es claro: compensa tenerlo. Aunque mi vida cambió por completo y el cáncer volvió, no me arrepiento.

Sandra Ramírez, durante la entrevista

Sandra Ramírez, durante la entrevistaSamira Ouf

–¿Cómo es ahora su día a día?

–Maravilloso, aunque sin parar. Me levanto a las 7 con mi hijo, lo preparo, lo dejo en el aula matinal y me voy a trabajar. Al mediodía como rápido, lo recojo, volvemos a casa y organizamos la tarde según haya actividades.

Es un día a día caótico, pero muy gratificante. Por la noche, cuando estamos tranquilos y mi hijo me abraza, todo merece la pena.Mi hijo duerme conmigo, y está mal, la pediatra me dice que eso es pésimo, pero a mí me da igual.

Todo el sacrificio compensa.

Sandra Ramíez y Héctor, vistos por Samira Ouf

Sandra Ramíez y Héctor, vistos por Samira Ouf

–¿Podrá acercarse al mercadillo de primavera de Red Madre?

–Sí. Tengo que llevar a mi hijo a la asociación de altas capacidades y seguro que nos pasaremos.

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