Naturalización del estanque de los Jardines Elena Fortún

Naturalización del estanque de los Jardines Elena FortúnSamira Ouf

Así se naturaliza una fuente en Córdoba

Los estanques y láminas de agua cuentan con tres niveles distintos en los que va brotando la vida

A lo largo de décadas, la ciudadanía se ha acostumbrado a ver sus fuentes como una mera lámina de agua clorada, sin más. Estas fuentes sin vida proliferaron por doquier, hasta convertirse prácticamente en el único modelo existente. Esto cambió en Córdoba hace ocho años, con un proyecto de naturalización de fuentes que se ha ido extendiendo por la ciudad. Entre unas y otras existe una diferencia abismal. Las primeras sirven como simple decoración. En las segundas arraiga un verdadero ecosistema natural. Pero, ¿Cómo se naturaliza una fuente? Un ejemplo concreto lo tenemos en el actual trabajo que se está realizando en los jardines de Elena Fortún. «Naturalizar una fuente es como una receta a la que se van añadiendo ingredientes», indica la bióloga del Jardín Botánico, Mónica López, una de las principales impulsoras de estos procedimientos iniciados en el año 2019.

Parafraseando la conocida sentencia, se puede decir que cada fuente o estanque es un mundo. Y hay que adaptarse a sus características. De esta manera, hay que saber que el estanque de los jardines de Elena Fortún están considerados como SUDS, es decir, sistema urbano de drenaje sostenible. Esto quiere decir que filtran, retienen, acumulan, reutilizan e infiltran en el terreno el agua de la lluvia. ¿Cómo se empieza la labor de naturalización?

Mónica López va narrando su desarrollo etapa por etapa. Primero se crean islotes con arena. Unos emergen y otros no. Ahí se colocan plantas palustres, las más fáciles tanto para plantarlas como, posteriormente, para su reproducción. Luego llega el turno de la llamada pradera sumergida «con plantas que no tienen turgencias en los tallos, son más delicadas y colapsarían fuera del agua: las tiene que plantar el jardinero con botas dentro del agua, es el proceso más engorroso», precisa López. Finalmente, con cubos, se echan plantas que viven flotando.

De acuerdo a este proceso, se tiene un estanque dividido en tres niveles. Lo que se ve y lo que no se ve. «Lo que se ve son la mayoría de plantas palustres, que es lo que todo el mundo conoce: juncos, junquillos, lirios, alismatáceas... y luego está lo que no se ve y es más complicado de mantener, son las praderas de plantas que nosotros llamamos macrófitos». Y luego está el tercer nivel, que comprende la biomanipulación de depredadores naturales que interfieran en la proliferación de poblaciones de mosquitos.

Naturalización del estanque de los Jardines Elena Fortún

Naturalización del estanque de los Jardines Elena FortúnSamira Ouf

Mónica López resume este último punto de forma contundente: «hay que ser más rápido que los mosquitos». Y es que en tan sólo diez días se puede tener una población de miles de estos dípteros. Para ello se introducen depredadores mediante tres vías diferentes, siendo la última la específica contra los mosquitos. Las dos primeras son naturales. Una, tal cual, la trae el viento, con huevos de diversos organismos. Otra, la trae el propio estanque, que empieza a resultar atractivo para diversos tipos de aves, fundamentalmente patos, que se introducen en el agua y depositan multitud de huevos de otros microorganismos. Estas dos primeras estarían esencialmente centradas en dotar de una cadena trófica al lugar. La concreta contra los mosquitos es la comentada biomanipulación para mantenerlos perfectamente a raya. Consiste en que los propios biólogos vierten insectos como efímeras, libélulas u otros hemípteros.

A partir de que está todo listo, el estanque se convierte por sí solo en un atractor de vida y aparecerán ranas, muchas visitas de murciélagos e incluso, no se asusten, alguna culebra, además de multitud de insectos, entre ellos remeros y zapateros. Para este verano se espera que el agua de este estanque de Elena Fortún ya esté transparente con la naturalización, aunque será un año después cuando se considere verdaderamente cerrado el proceso. La vida va a su ritmo.

Pero hay más, «todas las plantas con las que trabajamos son autóctonas de la península ibérica, algo que es un hito en la conservación vegetal», añade la bióloga. Entre ellas están Nuphar lutea (nenúfar amarillo), Alisma lanceolatum (llantén de agua lanceolado), Iris pseudacorus (lirio amarillo), Schoenoplectus lacustris (junco de laguna) y Myriophyllum spicatum (milenrama de agua). «Esta última nunca se ha viverizado».

En los trabajos de naturalización han participado, como actividad escolar, alumnos de 1º F del I.E.S Alhakén II.

Más de 40 fuentes

La primera fuente naturalizada de Córdoba, en el 2018, fue la conocida como Fuente de la Rana, situada en la parte central del Jardín Botánico de Córdoba. Durante 20 años fue una fuente tratada con cloro y sin vida, como tantas otras. En cuestión de muy poco tiempo era considerada prácticamente como una representante de la colección de plantas acuáticas. A partir de ahí, el proyecto se extendió al resto de las fuentes del lugar. Luego salió del recinto. Desde entonces ha habido numerosas fuentes naturalizadas, en torno a 40 entre Córdoba y su provincia.

En este sentido, la naturalización de cada fuente es distinta. Hay que tener en cuenta diversos factores, como sus dimensiones, profundidad, si tiene orilla o no, si su agua estaba clorada o no, o el ph. Las más fáciles de naturalizar son las más grandes, más profundas, con más corriente y el concurso de más jardineros, y que además esté en un parque (como es el caso de Elena Fortún) para que entren rápidamente muchas aves a beber. Las más difíciles son las pequeñas que se encuentran aisladas. Un ejemplo sería una naturalizada en el interior del Instituto Séneca. También son difíciles las que tienen poca profundidad, como la de Orive, que rápidamente cuentan con una exuberante sobreplantación.

Naturalización del estanque de los Jardines Elena Fortún

Naturalización del estanque de los Jardines Elena FortúnSamira Ouf

Una última cuestión es importante. Cada fuente se convierte en un vivero. Es decir, que las plantas de una se utilizan en la naturalización de otra. Como explica Mónica López, la mitad de las plantas de Elena Fortún se han extraído precisamente de la de Orive.

Este proyecto de naturalización en Córdoba representa un cambio de paradigma al transformar las fuentes tradicionales en ecosistemas vivos y funcionales. Mediante la introducción de especies autóctonas y el fomento de la biodiversidad, estas infraestructuras actúan ahora como verdaderos refugios para la fauna local. A su vez gestionan el agua de forma mucho más eficaz. En definitiva, la iniciativa demuestra que es posible recuperar el equilibrio biológico en la ciudad, permitiendo que la vida recupere su ritmo en el entorno urbano. Este proyecto recibió el premio Juan Julio, otorgado por la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos, además de una distinción por parte de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

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