Santiago Hernández, responsable del patio de la calle Zarco, 13

Santiago Hernández, responsable del patio de la calle Zarco, 13Facebook Zarco 13

El abogado cordobés que resucita cada día la memoria de los patios desde los 22 años

Santiago Hernández mantiene vivo en Zarco 13 el legado de varias generaciones de cuidadores y convierte su recinto en un homenaje a las casas históricas que han ido cerrando en Córdoba

La Fiesta de los Patios de Córdoba esconde historias que deben ser contadas. Y la de Santiago Hernández es una de ellas.

Son las 11 de la mañana, justo cuando los recintos abren sus puertas, y en la calle Zarco número 13 ya hay mucho jaleo. Vecinas y visitantes se aglutinan en la puerta para entrar a uno de los recintos más especiales del concurso- y con una legión de fans en su página oficial de Facebook-.

Con una preciosa sonrisa y unas palabras amables, los recibe Julia, la madre de Santiago, quien ha tomado este año el relevo de su hijo porque él se encuentra en un momento personal y profesional imparable. Muy a su pesar, Santiago no puede este año dar la cara, pero sigue encargándose del patio como lleva haciendo desde que retomara su participación en el concurso en 2018, con tan sólo 22 años. «Mientras hablo contigo estoy barriendo el patio. Me suelo levantar a las 6 de la mañana y le hecho una hora y media; y luego por la noche, otra hora y media. En total, unas 3 horas al día».

Una dedicación que llega a su máximo esplendor en el mayo cordobés, pero que trae consigo un duro trabajo durante todo el año. «Esta es la época de exposición que está todo perfecto, pero a lo largo del año tenemos otras épocas de ajetreo, como la de las podas, la de los pinzados, del abono o los trasplantes».

Pasión

Santiago es la viva imagen de la pasión, la tradición y el saber hacer de los Patios de Córdoba. A sus 30 años, este abogado- que lleva ocho años al frente del recinto- ha vivido los años de esplendor y ruido de la fiesta declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, gracias a su abuela que ya en 1993 abría las puertas de esta casa residencial en pleno casco histórico.

Pero para él, esto es mucho más que un trabajo: es una pasión. «Soy un enamorado de las plantas. Me gusta charlar con las personas mayores que son los que tienen el verdadero máster de la botánica popular y son a los que hay que escuchar. He tenido la gran suerte de coincidir con la última generación de patieros de los años 40-50 que me han enseñado muchas cosas y cuando han ido cerrando sus casas las familias me han ido cediendo muchas plantas, muchas macetas».

Su patio de la calle Zarco se ha convertido en historia viva del festival. «Una especie de homenaje» a aquellos que ya no están, pero que compartieron con él una forma de vivir y de sentir.

«Tengo aquí macetas que han estado en la calle Montero número 12, que es un patio súper galardonado; tengo del patio de la calle Humosa número 7, que también ha sido galardonado, de la calle Palomares. Un pequeño homenaje a todas esas personas que han ido pasando a lo largo de los años por esta cosa tan bonita que es el Concurso de Patios».

Legado

Su relación con las plantas y con el festival se lo debe a su abuela que en 1993 decide abrir las puertas de la casa donde nació su madre y su tía. En 2002, y tras el fallecimiento de ella, la casa cierra sus puertas hasta 2018. Mientras tanto, su abuela, sus plantas y su legado, nunca desaparecieron.

«Como pasé tanto tiempo con mi abuela y sabía lo que era su casa y sus flores para ella, nunca deje de venir a darle una vuelta a las tortugas y a sus macetas, hasta que puede hacerme con la casa».

La idea de recoger ese legado y de volver a abrir al patio surge con su vecina. «Vio el patio cómo estaba y me dijo, ¿por qué no abres el patio que lo tienes precioso?». ¿El problema? «Yo no tenía un recuerdo agradable en el sentido de que el primer recuerdo que tenía era esos mediodías que estabas comiendo y la gente estaba pasando».

Pero por suerte, el concurso ha establecido unas reglas, horarios y controles para el disfrute de los visitantes y el descanso y la seguridad de los patieros. «Y cuando me explicaron cómo funcionaba, no me lo pensé y hasta el día de hoy».

Aunque el futuro se torna incierto, Santiago lo tiene claro: «mientras Dios me dé salud voy a abrir el patio». Un patio «muy vivido, no es un patio impostado que se ponga para los días del festival. No es un montaje. Es un patio donde se ríe, se llora, se comparte, se reflexiona y un punto de encuentro no sólo de la gente del barrio, sino de todo el mundo que necesita algo».

Falta de ayuda

En la misma calle, y sólo dos números más arriba, encontramos a Juana, al frente del patio de la calle Zarco número 15 desde hace 36 años.

Por su recinto lleno de helechos, hortensias y costillas de Adán han pasado miles de visitantes que puede que sea el último año que suben las escaleras de su casa hasta su patio cordobés. «Me he planteado el año que viene no ponerlo ya. Estoy cansada». El vaivén de macetas de la azotea hasta abajo, subir y bajar escaleras, la limpieza y el cuidado diario y la falta de ayuda, agotan. «Tengo fibromialgia y me duele mucho el cuerpo. Sobre todo, cuando me dan brotes y me pilla aquí en el patio y estoy fatal».

En su caso, sí Juana decide no abrir las puertas el año que viene, el Concurso de Patios no sólo perdería un recinto, sino un trozo de historia.

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