Palomas buscando alimento en el parque de Los Patos
Psicología de la persona que da de comer a las palomas: un estudio busca descifrar su comportamiento
La Universidad de Córdoba presentará un análisis de las motivaciones de estas personas con el objeto de emplearlo en el control posterior de estas aves y los problemas que generan
La Universidad de Córdoba va a llevar a cabo un curioso proyecto en el que analizarán, mediante una encuesta, la psicología y comportamientos de una figura tradicional en todas las ciudades y pueblos españoles: la persona que alimenta a las palomas. Así lo ha explicado el profesor del departamento de zoología de la Universidad de Córdoba, José Alberto Redondo Villa, pues dicho proceder redunda en el aumento de la población de estos animales con todos los perjuicios que provocan, bien por el carácter corrosivo de sus excrementos, bien por la transmisión de enfermedades o el ruido que generan.
«Hay dos teorías fundamentales con respecto a las personas que alimentan a las palomas: una es que lo hacen por ayudar a animales que creen desvalidos, otra que sean personas que buscan compañía, quizá por una carencia desde el punto de vista afectivo y vuelcan dicho déficit en el cuidado de animales», precisa el zoólogo. La idea del estudio psicológico sería saber más sobre estas causas para redirigir el esfuerzo que hacen estas personas, por ejemplo, a las actividades de conservación de especies animales que están en verdadero peligro y no suponen un perjuicio, como las palomas.
Las conclusiones del estudio están por venir y se tendrán para después del verano, gracias al concurso de la psicóloga Inmaculada del Prado Zurita. De momento ya se han recopilado 65 entrevistas personales con personas que alimentan palomas o su entorno. «Hay lugares donde hay pocas palomas, y cuando las personas que las alimentan empiezan a hacerlo de forma continuada, hace que las palomas se fijen a ese sitio, crían y surgen los problemas», resalta Redondo Villa. «
Palomas en Los Patos
El zoólogo, eso sí, deja claro que el problema de los alimentadores de palomas es secundario y critica también a los que llaman a las palomas «ratas del aire». En ese sentido destaca el hecho de que «la paloma es una animal que hemos creado a nuestra conveniencia, hasta convertirse en el único propiamente doméstico que se consume, tanto su carne como sus huevos, como fuente de proteína, incluso algunos restaurantes de estrella Michelín tienen como plato estrella al pichón, también sirven de mensajeras...y ni siquiera hay que alimentarlas, pues ellas son capaces de ir al campo y volver». A partir de ahí, el zoólogo señala que en estos tiempos se han convertido en un problema por el superávit alimenticio y cierta desidia en el tratamiento de este asunto. En resumen, el antiguo animal doméstico se ha convertido en un verdadero contratiempo en las ciudades... por responsabilidad exclusivamente humana.
La distancia de huida
Incluso se puede percibir, como explica Redondo Villa, que las palomas van reduciendo lo que se conoce como «distancia de huida». De ahí que palomas en distintos puntos de la ciudad ni se aparten prácticamente cuando vuelan bajo y van a estrellarse contra una persona o que, a la mínima, se suban a las mesas de los bares donde está comiendo la gente. «La distancia de huida es aquella a la que un animal se asusta y se va, algo que varía rápidamente en función de dos factores: el primero la proximidad de las personas y lo que agreden a ese animal; el segundo la necesidad de conseguir comida». Según el zoólogo «los animales en las ciudades, rápidamente disminuyen la distancia de huida, ya que no les es rentable estar asustándose continuamente de personas que van por la calle y no les prestan atención, lo que deriva, sin huyen en cada momento, en gastar más energía de la que consiguen con las miguitas de pan que se van a comer». En el caso de las palomas, la distancia de huida llega a estar en estos momentos por debajo del medio metro.
Palomas en la barandilla del estanque de Los Patos
La Universidad de Córdoba, en colaboración con la empresa municipal Sadeco, tiene un sistema de avisos para cuando las palomas generan un conflicto en un punto determinado. De esta manera, cada caso se resuelve con un consejo adecuado a la situación, desde sistemas para impedir el acceso de palomas al sitio hasta el intento de que no se les eche de comer o la reubicación en un palomar. «Hay gente desesperada por los daños que provocan las palomas, como suciedad, ruidos, levantamiento del tejado etc. y por otro está la parte de la población que les da de comer: o las aman o las odian», añade con sentido del humor el zoólogo.
Para evitar los daños al patrimonio y la salud pública, Redondo Villa apuesta por los sistemas más acordes con la nueva ley de bienestar animal. Debido a la complejidad del problema creado, indica que requiere de soluciones múltiples, pero donde esa reubicación en palomares cobra una enorme fuerza -en ellos se puede controlar la natalidad gracias a los huevos- acompañado de la captura con jaulas-trampa. Recientemente se ha popularizado la posibilidad de poner en marcha un control de la natalidad mediante piensos con anticonceptivos. «Esa solución gusta al ecologista y al que odia a las palomas, pero es carísima y no funciona, ya que la paloma tiene que tomar una cantidad determinada de anticonceptivo de un pienso, algo imposible en un sitio como Córdoba, donde las palomas van a comer al río o al campo, por lo que es muy complicado que coman de donde se pretende para no ovular y que no pongan un huevo fértil, además de que hay otras aves que las pueden consumir».
Para intentar solventar todos estos inconvenientes, el estudio psicológico de los alimentadores de palomas será un elemento más que tener en cuenta, sabiendo que estos animales generan daños enormes de todo tipo en cualquier ciudad europea. Acabar con ellos parece depender de una suma de voluntades y de la vuelta al sentido común.