Niños viendo la televisión

Niños viendo la televisión

Infancia frente a una pantalla: el peligro silencioso que crece en Córdoba

Una experta del Hospital QuirónSalud Córdoba analiza la situación actual que viven miles de niños

¿Poner la televisión o no ponerla? Realmente sí es esta la cuestión a la que se enfrentan miles de familias diariamente en Córdoba con hijos menores. Un debate que ya se encuentra en todas las escalas sociales y que llega con fuerza a guarderías y consultas médicas.

Desconocimiento, comodidad o realmente un acto cultural, pero ¿qué fue antes la adicción a las nuevas tecnologías de los padres o los hijos? Frente a una sociedad absolutamente conectada llega una nueva generación que reemplaza el juego por una pantalla. Una nueva generación que ha experimentado un frenazo de desarrollo a todos los niveles: niños que a los 18 meses aún no andan, que no han dicho sus primeras palabras como «papá» o «mamá» o que no interactúan. Detrás de todo ello no hay un problema individual, sino colectivo, de sociedad y de falta de educación y dedicación para con nuestros descendientes: menos infancia y menos tiempo de calidad.

De hecho, se estima que hay menores de tres años que pasan entre 2-3 horas al día frente a una pantalla, un tiempo que aumenta hasta las 5-8 horas cuando hablamos de adolescentes.

Y es que esta es la realidad de miles de niños de Córdoba y provincia que priorizan ver los dibujos frente al juego real: salir a mancharse, jugar en el parque, montarse en un columpio o montar un puzzle. Una epidemia silenciosa que afecta ya a un gran número de familias y un debate social que no cesa y que crispa a todos los niveles.

Alba Jurado, psicóloga infantil y juvenil del Hospital Quirónsalud Córdoba.

Alba Jurado, psicóloga infantil y juvenil del Hospital Quirónsalud Córdoba.Hospital Quirónsalud Córdoba

Qué dicen los expertos

«El tiempo que los niños pasan expuestos a las pantallas, es tiempo que restan de actividad física, de explorar el entorno, de relación con sus iguales o con adultos o de aprender e incorporar nuevas rutinas y hábitos a su repertorio de conductas, tan importantes como las de dormir o comer.Teniendo esto en cuenta, el uso habitual e inadecuado de pantallas perjudica el desarrollo motor, cognitivo y emocional. Pueden aparecer dificultades de concentración, trastornos del sueño, dificultades de aprendizaje, mayor probabilidad de problemas de visión y riesgo de obesidad. Asimismo, se relaciona con un mayor riesgo de sufrir otras psicopatologías asociadas, como trastornos del estado de ánimo, o de la ansiedad», explica Alba Jurado, psicóloga infantil y juvenil del Hospital Quirónsalud Córdoba.

Que el pequeño tenga rabietas cuando apagas la televisión o la tablet, no es casualidad. Que no duerma a su hora o sólo coma con el móvil delante, tampoco.

«En los primeros meses de vida, puede afectar al vínculo con el cuidador (al tener menos contacto visual y menor interacción), a la sobreestimulación sensorial, menos juego activo y retraso de la aparición del lenguaje. De uno a cinco años, los riesgos están relacionados con retrasos en el habla, dificultades de atención, problemas de comportamiento y cambios en los patrones de sueño. Si el uso de pantallas se alarga en el tiempo y sustituye a la interacción social, puede provocar psicopatología como trastornos de ansiedad o del estado de ánimo», apunta la experta.

La Organización Mundial de la Salud pone el límite en una hora de uso para niños de entre 2 y 5 años, siendo cero el recomendado antes de los 2 años. Por su parte, «las videollamadas no tienen el efecto negativo de un uso pasivo frente a fotos y videos de forma indiscriminada».

Adicción parental

Los niños aprenden imitando y en este terreno los padres tienen mucho que enseñar, sobre todo, cuando ellos están delante.

«La investigación nos dice que las consecuencias negativas de las pantallas van más allá de uso excesivo por parte de los niños y apuntan al modo en el que los adultos utilizamos las pantallas delante de los niños. Los efectos de no hacer un buen uso de las pantallas delante de los niños van desde la disminución de las interacciones llamadas « de ida y vuelta» mediante las que los niños crean conexiones neuronales esenciales para la comunicación y para el desarrollo socioafectivo; disminución de la atención que ponemos ante señales emocionales sutiles de los niños, que pueden desembocar en una baja autoestima y baja percepción de seguridad emocional y por último, el modelado que ejercemos sobre los menores, que interiorizarán los hábitos de uso de pantallas que observen en sus adultos de referencia».

«Niñera digital»

Pero detrás de esta conexión digital a edades cada vez más tempradas hay un problema de fondo. La carga laboral, el hogar y numerosas actividades y tareas a las que se enfrentan los padres suele ser la excusa perfecta para echar mano de los dispositivos electrónicos durante diferentes momentos del día. Lo que se ha definido como el fenómeno niñero digital que pone de manifiesto las necesidades reales de los padres: ¿no tienen tiempo para sus hijos, no les dedican momentos de calidad o realmente no saben cómo gestionar las nuevas tecnologías?

«A pesar de que el uso de estos dispositivos tiene un efecto inmediato sobre a conducta del niño y puede ayudarnos en ciertos momentos puntuales, esta no debe ser la única forma en que el niño aprenda a calmarse y gestionar sus emociones». Sobre todo, «constituir un buen ejemplo para ellos, ya que son grandes imitadores. No permitir el uso de medios digitales a niños menores de dos años, con excepción de las videollamadas con familiares y amigos más cercanos. En niños entre 2 y 5 años, se recomienda limitar el uso a una hora diaria de programación de alta calidad educativa. Crear momentos y zonas libres de tecnología, como la hora de la comida o las habitaciones de nuestros niños».

Para los casos en los que las pantallas sean una necesidad educativa hay algunas acciones a realizar en casa que podrían ayudar a cómo se relacionan con ellas: «administrar el uso de las pantallas como se haría con cualquier otro hábito fijando límites, conociendo las aplicaciones que utilizan y qué conducta tienen cuando están conectados. Utilizar las pantallas juntos, compartiendo con ellos las actividades que realizan en línea y fomentando así la deportividad en los videojuegos o el seguimiento de normas»-

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