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El centro de la diáspora vasca, con la ikurriña, en la ciudad estadounidense de Boise

El PNV se aprovecha de un debate sobre banderas en Idaho (EE. UU.) para instrumentalizar la ikurriña

El Partido Republicano estadounidense busca prohibir la exhibición de símbolos ideológicos en el estado de Idaho

¿Tiene alguna importancia en España una votación que se produce a miles de kilómetros de distancia, en el Estado estadounidense de Idaho, para prohibir ciertas banderas? El PNV desde luego cree que sí, o al menos le interesa que sí, y, por eso, lo que comenzó como un debate interno entre republicanos y demócratas en Estados Unidos sobre la exhibición de símbolos ideológicos –especialmente la bandera LGTBIQ+– ha sido aprovechado por la formación política vasca para instrumentalizar la ikurriña y presentarla como víctima de una ofensiva conservadora global.

Por partes. En Idaho, la iniciativa legislativa impulsada por el Partido Republicano, conocida como Ley 561, pretende restringir la exhibición de banderas no consideradas oficiales en edificios públicos, con multas de hasta 2.000 dólares diarios para los responsables que incumplan la norma. Aunque el texto no menciona expresamente a la bandera del País Vasco, la ikurriña, su aplicación impediría que vuelva a ondear. Aquí cabe concretar que el País Vasco tiene una importante diáspora en esta zona, lo que provoca que en ocasiones aparezca la ikurriña en sedes institucionales o en actos culturales como el Jaialdi, el gran festival de la diáspora vasca que se celebra en la ciudad de Boise y al que acudió el lendakari el pasado mes de julio.

Es por esto que el PNV ha encontrado contexto para un nuevo marco de confrontación simbólica. Desde el entorno jeltzale se subraya la «incomprensión» y el «desconocimiento» de sectores republicanos que han llegado a vincular la ikurriña con ETA o a afirmar erróneamente que está prohibida en España. Declaraciones como las del legislador republicano Ted Hill, que calificó la bandera vasca de «revolucionaria» y la equiparó a otros símbolos políticos, han servido de munición política para reforzar el relato de agravio.

Sin embargo, a nadie se le escapa que el objetivo final de la formación vasca es utilizar escenarios internacionales para reforzar la carga política de la ikurriña y proyectarla como símbolo identitario más allá del ámbito autonómico español. La presencia institucional vasca en Boise, los viajes oficiales al Jaialdi y la movilización de la diáspora forman parte de una diplomacia cultural que, en este caso, se ha visto reforzada por la controversia.

Desde el Ayuntamiento de Boise y el ala demócrata del Parlamento estatal se ha defendido el arraigo histórico de la comunidad vasca en Idaho, pero el pulso político real se libra a muchos kilómetros de distancia, en el País Vasco. Ahí, el PNV ha trasladado el debate al terreno de la confrontación ideológica, presentando la posible prohibición como un ataque a la identidad vasca y obviando que la ley afecta por igual a cualquier símbolo no oficial, independientemente de su origen. Con tal de ganar terreno políticamente, pensarán, eso es secundario.