La catedral vista desde El Mirador de Córdoba al anochecer.

La catedral vista desde El Mirador de Córdoba al anochecer.H10 Palacio Colomera

La mejor terraza de Córdoba, con vistas a la Mezquita y al olivar andaluz

El antiguo Palacio Colomera, reconvertido en hotel recién ampliado, inaugura el «rooftop» más espectacular de la ciudad califal

Desde la recién estrenada azotea del hotel H10 Palacio Colomera, Córdoba se despliega como una maqueta viva de historia, arte y paisaje. A un lado, la silueta inconfundible de la Mezquita-Catedral. Al otro, las cúpulas de iglesias cercanas, como las de Santa Victoria o de La Compañía, que emergen entre tejados de barro cocido, torres centenarias y fachadas encaladas que reflejan la luz de la tarde. Y al fondo, más allá del trazado urbano, la campiña cordobesa se muestra como un soberbio decorado, dejando ver ese campo andaluz de tonos suaves, formas ligeramente ondulantes salpicadas de olivos y de algún soberbio edificio que habla del pasado andalusí de esta tierra, como el imponente castillo de Almodóvar del Río.

Un reloj muy andaluz

Fachada del hotel H10 Palacio Colomera.

Fachada del hotel H10 Palacio Colomera.Roger Mendez

Pero hay algo más, algo que convierte esta escena en única en el mundo: el momento en que, desde este punto, con esas vistas, uno escucha cómo el cercano reloj da las horas por soleares. Se trata del famoso reloj de las Tendillas, como lo conocen los cordobeses, una peculiaridad local que forma parte del alma sonora de la ciudad. Originalmente destruido en los años 50, el Ayuntamiento, sin fondos para su reparación, encontró en Philips el anhelado patrocinador, si bien éste supo cobrarse sobradamente su apoyo económico.

Desde este punto, con esas vistas, uno escucha cómo el cercano reloj de las Tendillas canta las horas por soleares

Durante años, cada cuarto de hora la megafonía del reloj reproducía uno de los eslóganes de la marca con la voz inconfundible de Matías Prats padre. Hasta que, ya en los 60, se decidió sustituirlo por algo menos comercial y más de la tierra: el sonido de una guitarra flamenca, interpretada por el maestro cordobés Juan Serrano. Desde entonces, este reloj no marca el tiempo, lo canta, y es el único del mundo que da horas, cuartos y medias por soleares. Desde la flamante terraza del Palacio Colomera, cada nota se escucha como un guiño íntimo de la ciudad a quienes saben mirar (y escuchar) con atención.

Sobriedad y linaje

Piscina interior del hotel H10 Palacio Colomera

Piscina interior del hotel.H10 Palacio Colomera

Ubicado en la céntrica Plaza de las Tendillas, punto neurálgico de la ciudad, el hotel H10 Palacio Colomera conserva la sobriedad modernista y el linaje palaciego con que fue concebido a finales de los años 20 por los aristócratas cordobeses de los que toma el nombre. La reciente anexión del edificio colindante, tras dos años de obras, ha ampliado considerablemente el número de habitaciones y suites, que ha pasado de 44 a 102, ha añadido nuevos espacios comunes y, como guinda del pastel, la magnífica terraza con vistas 360º, que parece llamada a ser en una de esas localizaciones para el perfecto selfi o el post en Instagram, especialmente a la hora de la puesta de sol.

Junior Suite del H10 Palacio Colomera.

Junior Suite del H10 Palacio Colomera.Roger Mendez

El barrido visual del espacio, bautizado con todo acierto como El Mirador de Córdoba, recorre siglos de historia y capas de paisaje: desde la ciudad romana que un día fue foro hasta los relieves de Sierra Morena. «Por el momento solo está abierta para los clientes alojados en el hotel, para que puedan disfrutar de las extraordinarias vistas, estar tranquilamente sentados, y también la ofrecemos para eventos privados», señala Estefanía Romero, directora del hotel, embarcada en este momento con un entusiasmo que no disimula en la apertura del flamante espacio para todo el público, con todos los servicios de restauración funcionando, prevista para después del verano.

La terraza 1928

Plaza de las Tendillas (Córdoba).

Plaza de las Tendillas (Córdoba).Getty Images/Raluca Lungociu

Mientras ese momento llega, se puede disfrutar de la recién renovada terraza 1928, cuyo nombre da cuenta del año de inauguración del Palacio Colomera, con vistas a la célebre Plaza de las Tendillas y una oferta de restauración que incluye especialidades locales como la mazamorra y las berenjenas con miel. Sus dos mejores mesas se ubican en el interior de los dos belvederes, torreones tipo mirador, que coronan el edificio palaciego que tantas historias atesora.

La recién renovada terraza 1928 da cuenta del año de inauguración del Palacio Colomera y tiene vistas a la célebre Plaza de las Tendillas

Construido por encargo de la tercera condesa de Colomera, María Cecilia de Burgos y Álvarez de Sotomayor, fue diseñado por el arquitecto y arqueólogo Félix Hernández Giménez, un hombre de especial importancia en Córdoba. Bajo su responsabilidad se realizaron los trabajos de restauración y conservación de la Mezquita de Córdoba, así como los de investigación y recuperación arqueológica de Medina Azahara.

Un viaje por la historia de Córdoba

Escalera señorial del H10 Palacio Colomera.

Escalera señorial del H10 Palacio Colomera.Roger Mendez

Más allá de ser un buen ejemplo de lujo contemporáneo, de vuelta a la vida de un edificio patrimonial y de que hay muchos hoteles de cuatro estrellas con un nivel de servicio mejor que algunos de cinco, el H10 Palacio Colomera es toda una invitación a viajar por la historia de Córdoba. Durante las obras de rehabilitación para adecuarlo como hotel se descubrió una noria medieval que, según arqueólogos y espeleólogos, podría haberse alimentado del acuífero que dio pie a una de las famosas leyendas de la ciudad, que hablaba de un lago subterráneo situado en lo que hoy es la plaza, habitada, según ciertas versiones, por seres mitológicos. Convenientemente restaurado, el pozo se muestra a los huéspedes y se localiza junto a la soberbia piscina del establecimiento, muy solicitada en esta época del año.

Otra curiosidad del edificio es que durante años albergó una antigua taquilla de La Teatral, instalada en 1947, junto a la actual puerta del hotel, que vendía entradas anticipadas para los principales espectáculos de la ciudad. Es este un recuerdo que todavía tienen muchos cordobeses, algunos de ellos también conocedores de que la cuarta condesa de Colomera fue el último retrato que realizó Julio Romero de Torres, aunque el cuadro no llegó a ser entregado en vida del pintor y fue terminado por su hijo Rafael.

Museos y plazas

Museo Julio Romero de Torres

Museo Julio Romero de Torres.Stefanía Villanueva y Lucía Silva/Ayuntamiento de Córdoba

La pista de la condesa nos lleva hasta el Museo Julio Romero de Torres, donde se encuentra este retrato que habla de esa elegancia de finales de los años 20 y hace que nuestra imaginación vuele a esa época en la que el hoy hotel, de espléndidas vidrieras y una soberbia escalera de mármol, albergaba fiestas de la alta sociedad andaluza. No lejos del retrato inacabado de la condesa se encuentra una de las obras más célebres del autor: La Chiquita Piconera, el último que terminó completamente en vida. Un cuadro que pasó a la historia pues para toda una generación de españoles ilustraba el reverso de los billetes de 100 pesetas (serie de 1953), una elección que buscaba representar una estética genuinamente española y popular.

Plaza del Potro, en Córdoba.

La cordobesa Plaza del Potro.Getty Images

En la misma Plaza del Potro, donde se encuentra el Museo Julio Romero de Torres, está también el edificio que fue la famosa posada o fonda del Potro, mencionada por Miguel de Cervantes en El Quijote. Qué delicia pasear por Córdoba, por sus balcones nuevos y antiguos. Por los que nos descubren nuevos paisajes y placeres y los que son se asoman a la rica historia de España, a sus personajes, a su identidad y a su magia por soleares. Como ese reloj único en el mundo cuyo sonido llevaremos ya en el equipaje sentimental.

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