Entrada al Hôtel du Palais en Biartitz.

Entrada al Hôtel du Palais en Biartitz.Hyatt

Tres hoteles exquisitos de Francia con el sello de la española Eugenia de Montijo

París, las Landas y Biarritz albergan tres hoteles exquisitos con un especial vínculo con la vida y el legado de la última monarca francesa, la española Eugenia de Montijo

Tres suites de tres hoteles emblemáticos de Francia llevan hoy el nombre de su última emperatriz: Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III. Más allá del reclamo que este nombre pueda suponer, lo interesante es indagar por qué precisamente estos tres lujosos hoteles de distintos puntos de su geografía han decidido rendirle reciente homenaje de manera tan singular, adentrarse en esos vínculos, buscar esa conexión más profunda con la historia, la estética y la huella que dejó la ilustre granadina en la geografía y la cultura francesa, no siempre bien reconocida por nuestros vecinos galos.

Icono de París

Fachada del hotel InterContinental Le Grand, en París.

Fachada del hotel InterContinental Le Grand, en París.Jerome Galland

Este recorrido podría comenzar en el corazón de la capital, en uno de sus establecimientos más significativos: el InterContinental Le Grand. Nos encontramos ante el hotel que mejor simboliza el París del Segundo Imperio, esa ciudad moderna proyectada al servicio de la monumentalidad y la grandeur imaginada por Napoleón III y ejecutada por Haussmann. Llamado entonces solo Le Grand, fue inaugurado por la propia emperatriz un día de primavera de 1862, con una gran recepción a la que acudió acompañada por los hermanos Pereire, artífices y propietarios del complejo, destacados financieros de origen sefardí. Hoy, más de 160 años después, sigue latiendo en el hotel ese cosmopolitismo original y esa vocación de desempeñar un papel destacado en la vida de la ciudad, tal y como lo concibió Napoleón III.

El maravilloso salón del hotel Le Grand donde tuvo lugar la recepción el día que Eugenia de Montijo lo inauguró.

El maravilloso salón del hotel Le Grand donde tuvo lugar la recepción el día que Eugenia de Montijo lo inauguró.Jerome Galland

Le Grand ha completado recientemente una meticulosa y costosa renovación respetando su catalogación de Monument Historique, con uno de esos ambiciosos proyectos casi faraónicos que implican cientos de millones de euros y casi un lustro de obras. Su completa puesta a punto coincide con el año en que su insigne vecino, la Opera Garnier, cumple 150 años y lo celebran estrechando aún más los históricos vínculos entre ambos.

Suite Imperial del InterContinental Le Grand.

Suite Imperial del InterContinental Le Grand.Jerome Galland

Cinco nuevas joyas han sido añadidas a la corona, cinco nuevas suites signature, como la Suite Charles Garnier, que se abre al horizonte de tejados y cúpulas pensadas por el arquitecto y que es sin duda una de las suites más espectaculares de la ciudad. Dos de estas nuevas suites hacen directa referencia a la última monarca de Francia. La Suite Eugénie, con sus aires de mansarda familiar y vistas privilegiadas a la escultura dorada que vigila la ópera, y la Suite Imperial, que recrea el estilo de la época y cuyo salón principal está presidido por sendas copias de los retratos que Winterhalter hizo de la pareja imperial.

Rincón termal

Hotel Lés Prés d’Eugénie, en las Landas.

Hotel Lés Prés d’Eugénie, en las Landas.Studio Chevojon

A unos 700 kilómetros al sur de París, en una pequeña localidad de Las Landas que lleva su nombreEugénie-les-Bains— sobrevive otra parte de su legado y otra copia del mismo retrato con papel protagónico en otra suite llamada Doña Eugenia en un hotel de verdadero capricho, Lés Prés d’Eugénie. A mediados del siglo XIX, ella misma autorizó que este tranquilo rincón termal, que por entonces no era más que una pedanía, adoptara oficialmente su nombre. Lo hizo como una forma de sellar su vínculo con las aguas medicinales del lugar, siguiendo una tradición muy de su tiempo, el termalismo como lujo curativo, como cuidado personal y como excusa social.

Retrato de Eugenia de Montijo en el comedor del hotel.

Retrato de Eugenia de Montijo en el comedor del hotel.Lés Prés d’Eugénie

Muchos años más tarde, en esta pequeña localidad, el chef Michel Guérard —leyenda de la nouvelle cuisine fallecido el año pasado— y su esposa, Christine, propietaria de la estación termal que sigue funcionando, lo transformaron en un destino gastronómico sin igual. Decidieron conservar el nombre de Eugenia para este proyecto lleno de detalles, uno de los pocos hoteles rurales de Francia que goza de la distinción de Palace y puede presumir de tener cuatro estrellas Michelin, tres para su legendario restaurante gastronómico y una para su bistró rural.

Suite Doña Eugenia en Lés Prés d’Eugénie.

Suite Doña Eugenia en Lés Prés d’Eugénie.Vicky Vilches

El hotel tiene aires de casa noble, alma campestre y corazón sofisticado. La Suite Doña Eugenia, inaugurada recientemente y convertida en una de sus mejores estancias, dispone de balconcillos que se abren al espléndido jardín, chimenea y parte de la colección de objetos relacionados con la emperatriz y su época que la familia ha ido adquiriendo en subastas y que se despliegan por diferentes estancias del hotel.

Esculturas en honor de Eugenia y Christine, las dos mujeres que inspiraron este lugar.

Esculturas en honor de Eugenia y Christine, las dos mujeres que inspiraron este lugar.Raphael Metivet-43

El hotel, como la propia emperatriz, guarda muchos vínculos con España. Su propietaria, Christine Guérard, estudió en Salamanca y era una enamorada de nuestro país, del que es originario su director, el afable y diligente Andreu Coma. Tras la muerte de su mujer, el célebre chef encargó al artista Christian Lapie una escultura que instaló en medio de esos deliciosos jardines: de un tronco de un árbol tricentenario realizó dos esbeltas figuras que simbolizan las dos mujeres que inspiraron el lugar: Eugenia y Christine. Una forma bellísima de plasmar ese hilo invisible, la continuidad entre dos mujeres separadas por el tiempo, pero unidas por una visión de la belleza y el refinamiento como forma de vida.

El más emotivo

Hotel du Palais, en Biarritz

Hotel du Palais, en BiarritzAllison Micallef

La tercera parada es tal vez la más íntima, la más sentimental y la más evidente: Biarritz. Fue allí donde la joven Eugenia pasaba los veranos con su madre, antes siquiera de imaginarse emperatriz. Aquellos días de mar y bruma, de paseos frente al océano, de libertad en la costa vasca, marcaron algo esencial en ella. Años después, ya en el trono, convenció a Napoleón III para construir una residencia de verano en ese mismo lugar. Así nació Villa Eugénie, cuyos muros conservan aún las iniciales entrelazadas de ambos: la E y la N grabadas en piedra, las mismas letras que vimos desde las suites del parisino Intercontinental Le Grand en la fachada de la Opera Garnier.

Eugenia de Montijo convenció a Napoleón III para construir una residencia en el lugar donde ella pasaba los veranos con su madre: Biarritz

Convertida en hotel tras el fin del imperio y rebautizada como Hôtel du Palais, hoy operado por la marca norteamericana Hyatt, la antigua residencia mantiene su dignidad de palacio frente al mar. Restaurado con mimo, pero sin perder carácter, el edificio sigue albergando detalles originales, frescos, molduras, salones suntuosos, y, por supuesto, la Suite Eugénie. Allí, entre tapicerías refinadas y mobiliario de época, un retrato suyo preside el espacio, de nuevo una copia del célebre cuadro de Winterhalter, qué también puede contemplarse en el comedor.

Lobby del Hotel du Palais.

Lobby del Hotel du Palais.Hyatt

Desde los balcones de la noble estancia, el océano se abre como una alfombra azulada y la contemplación de las olas es una invitación a rememorar las muchas idas y venidas de una española de tan extraordinaria biografía. La vista es fascinante, pero se vuelve aún más especial cuando cae la noche y se desata una tormenta sobre el océano. El horizonte se ilumina con relámpagos que recorren el elegante Faro de Biarritz y un océano bravo y oscuro.

Vista desde una suite del Hotel du Palais.

Vista desde una suite del Hotel du Palais.Franck Juery

Imposible no pensar en el balconcillo de esta suite que lleva su nombre en aquella otra tormenta, la que acompañó el nacimiento de Eugenia de Montijo en mayo de 1826. Su madre fue evacuada de la Alhambra para dar a luz en plena tempestad, y ese detalle quedó como un símbolo en su biografía: una vida marcada por lo extraordinario desde su primer día. Hay momentos en los viajes —breves, inesperados, casi mágicos— que escapan a los algoritmos, que tejen hilos invisibles entre el presente y el pasado, como si una coincidencia atmosférica escribiera de pronto la continuidad de una historia.

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