El famoso castillo de Neuschwanstein.

El famoso castillo de Neuschwanstein.Getty Images

Los castillos y palacios del 'Rey Loco' de Baviera que la Unesco ha declarado Patrimonio de la Humanidad

Diseñados e impulsados por Luis II de Baviera, el rey romántico por excelencia, estos palacios parecen salidos de un sueño, de un cuento… o de una ópera de Wagner

La Unesco anunció el pasado domingo la incorporación de 26 nuevos sitios que se incorporan a la lista del Patrimonio de la Humanidad. Entre estas incorporaciones destacan los castillos y palacios de Alemania vinculados a la trayectoria de Luis II de Baviera, el llamado Rey Loco por sus extravagancias durante su reinado. Uno de estos castillos, el de Neuschwanstein, es uno de los iconos de Baviera y de Alemania y a muchos sorprenderá que aún no estuviera incluido en la lista. Los otros «sueños» vinculados a Luis II y a Baviera que han sido reconocidos son los palacios Linderhof y Herrenchiemsee y la Casa Real de Schachen.

Finalmente ha entrado en la lista del Patrimonio Mundial uno de los castillos más fotogénicos del mundo: Neuschwanstein

La Unesco ha destacado que estos edificios representan el «espíritu romántico y ecléctico» de una época, la de la segunda mitad del siglo XIX, y ha señalado que mezcla las influencias del castillo medieval de Wartburg (Alemania) y del palacio de Versalles (Francia), así como de los cuentos de hadas alemanes y las óperas de Wagner. La organización destaca asimismo su «valor universal excepcional como expresión única del idealismo artístico de finales del siglo XIX» y como «testimonio de la fusión entre arquitectura, naturaleza y música».

El castillo de Neuschwanstein se incrusta en los Alpes de Baviera.

El castillo de Neuschwanstein se incrusta en los Alpes de Baviera.Getty Images/iStockphoto

Situados en el estado alemán de Baviera, cerca de la frontera con Austria, los cuatro son espectaculares y están ubicados en parajes excepcionales. Al de Neuschwanstein, el más conocido, siempre le acompaña el sambenito de que sirvió de inspiración a Walt Disney para diseñar el castillo de La bella durmiente. Cierto o no, en la actualidad recibe a casi un millón y medio de turistas al año, muchos de ellos atraídos por esta presunta relación con Disney.

Un mundo de fantasía

Sala de los Cantantes del castillo de Neuschwanstein.

Sala de los Cantantes del castillo de Neuschwanstein.neuschwanstein.de

Luis II de Baviera, conocido popularmente como el Rey Loco, fue uno de los monarcas más excéntricos del siglo XIX. Subió al trono a los 18 años y pronto se apartó de la política para refugiarse en un mundo de fantasía, arte y naturaleza. Obsesionado con las óperas de Richard Wagner, la arquitectura romántica y la mitología germánica, dedicó su vida a levantar castillos imposibles, tan bellos como inverosímiles. Fue muy criticado en su tiempo por el despilfarro de sus fantasías, declarado incapacitado por razones psiquiátricas y murió en extrañas circunstancias en 1886 (fue encontrado ahogado junto a su psiquiatra en el lago Starnberg). Hoy, más de un siglo después, su legado arquitectónico es uno de los grandes atractivos de Alemania.

El castillo de cuento de fama mundial

El castillo de Neuschwanstein sobre el pueblo de Hohenschwangau, en el suroeste de Baviera (Alemania).

El castillo de Neuschwanstein sobre el pueblo de Hohenschwangau, en el suroeste de Baviera (Alemania).Getty Images

Ubicado en el corazón de los Alpes de Baviera, domina un paisaje de bosques y lagos, es uno de los castillos más famosos del mundo y el más fotografiado de Alemania. La leyenda de que Walt Disney se inspiró en sus torres y almenas para su icónico Castillo de la Bella Durmiente siempre le acompañará. Luis II lo mandó construir en 1869 en honor a Richard Wagner y a los héroes de sus óperas, lo que se refleja en la profusa decoración de sus habitaciones.

Luis II de Baviera apenas vivió unos pocos meses en Neuschwanstein y murió en extrañas circunstancias en 1886

El castillo nunca llegó a terminarse. De las 200 habitaciones que tenía previstas en inicio solo se construyeron veinte. El «rey de los cuentos de hadas», Luis II, solo vivió allí unos pocos meses y murió en 1886, antes de que se completara la construcción. Es uno de los monumentos más espectaculares y visitados de Europa.

El pequeño Versalles de los Alpes

Palacio Linderhof.

Palacio Linderhof.Getty Images

Escondido en el valle de Graswang se encuentra el más pequeño, pero posiblemente el más personal de los palacios reales: Linderhof. Fue el único que el constructor real completó en vida, poco antes de morir. Inspirado por el Rey Sol francés Luis XIV, Luis II mandó construir aquí un Versalles en miniatura, con un Salón de los Espejos, interiores de estilo rococó, magníficos jardines palaciegos, fuentes y un exótico parque.

La Gruta de Venus en el palacio Linderhof.

La Gruta de Venus en el palacio Linderhof.bayerische schlösserverwaltung

Aquí los visitantes encontrarán el Quiosco Morisco (un pabellón de jardín), la «Casa Marroquí» y una cueva artificial de estalactitas iluminada con electricidad, la famosa Gruta de Venus, donde el rey asistía solo a conciertos wagnerianos. Luis II mandó recrear especialmente escenas de la ópera Tannhäuser, de Richard Wagner, con un lago artificial, un barco de mejillones e iluminación eléctrica generada por dinamos.

El último sueño de Ludwig

Vista panorámica y aérea del palacio Herrenchiemsee.

Vista panorámica y aérea del palacio Herrenchiemsee.Getty Images

Entronizado en medio del lago Chiemsee, en la isla Herreninsel, se encuentra la combinación de ambos términos, Herrenchiemsee, posiblemente el proyecto (inacabado) más ambicioso del rey. Aquí también Versalles sirvió de modelo, pero Luis (Ludwig en alemán) no quiso copiarlo, sino superarlo: su palacio debía ser aún más grande, aún más magnífico. Las estancias terminadas, como la Escalera Imperial o el Salón de los Espejos, son una muestra deslumbrante de opulencia, mármol y dorado. El Salón de los Espejos, de más de 90 metros de largo, da testimonio de la embriaguez barroca y del deseo de Luis II de inmortalizarse de una vez por todas.

Palacio de Herrenchiemsee.

Palacio de Herrenchiemsee.Getty Images/Fritz Hiersche

La construcción costó enormes sumas de dinero: más de 16,5 millones de marcos de oro, más que Neuschwanstein y Linderhof juntos. Al subir por la gran escalera hacia el dormitorio de gala se encuentra un testimonio histórico de la megalomanía monárquica, y precisamente por eso merece la pena visitar el palacio. La isla y sus jardines hacen que la visita sea también una experiencia paisajística única.

La Casa Real en Schachen

Casa Real de Schachen.

Casa Real de Schachen.bayerische schlösserverwaltung

Mucho menos conocida y más modesta, esta residencia de montaña en los Alpes bávaros es quizá la más insólita. Desde fuera parece un sencillo chalet alpino, pero en su interior se oculta una sala ceremonial, la Sala Turca, de inspiración otomana y persa, decorada con alfombras, lámparas y fuentes, concebida por el rey tomando a los palacios turcos como modelo. El rey Luis II pasó varias veces en esta casa el día de su cumpleaños.

La Sala Turca de Schachen

La Sala Turca de Schachenbayerische schlösserverwaltung

La casa o chalet real fue construido entre 1869 y 1872 para este monarca bávaro en el estilo de los chalés suizos de madera y para llegar se accede a pie tras una ruta de montaña de unas tres horas, lo que la convierte también en una joya secreta para los viajeros más aventureros. Y en la parte baja de la casa destaca su jardín alpino, el Alpinum. Instalado en el año1900, es una filial del Jardín Botánico de Múnich y exhibe más de mil especies de plantas de montaña de todo el mundo, desde el Himalaya hasta los Alpes.

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