Isla maldita de Venecia

La isla de Poveglia, quizá la más misteriosa y estigmatizada de la laguna

La isla maldita de Venecia que los turistas no podrán visitar

Poveglia renace de su pasado tenebroso como el Edén secreto que los residentes de la Serenísima reclaman para su disfrute exclusivo frente a la avalancha viajera

Con ese aspecto de decorado rendido al turismo masivo que pone en peligro su magia, Venecia ha dado este verano dos noticias de muy diferente signo. Una, la mediática boda de Jeff Bezos, que convirtió los palacios del Gran Canal en un escaparate global de lujo y celebridades. Y otra, mucho más discreta, pero cargada de significado: el arranque del proyecto ciudadano que recupera la isla de Poveglia, quizá la más misteriosa y estigmatizada de la laguna, para uso exclusivo de los venecianos.

Después de más de una década de debates y concursos fallidos, hace tan solo unos días la asociación Poveglia per Tutti ha obtenido una concesión de seis años para gestionar la parte norte de la isla. No habrá hoteles ni restaurantes ni chiringuitos: solo senderos, parques, un huerto comunitario, bancos de madera y silencio. Un espacio pensado como pulmón verde y refugio para los residentes. Una rareza en una ciudad que desde hace años se siente sitiada por los visitantes.

Isla de Poveglia

Isla de Poveglia

La historia de Poveglia es tan oscura que alimenta mitologías de terror en medio mundo. Desde el siglo XV fue lazareto, lugar de cuarentena para enfermos de peste. Se estima que miles de personas murieron allí, incinerados o enterrados en fosas comunes. A finales del XIX pasó a hospital psiquiátrico y geriátrico. Las leyendas sostienen que un médico que experimentaba con pacientes acabó suicidándose, perseguido por fantasmas. Nunca se confirmaron, pero las ruinas del campanile inclinado y los pabellones devorados por la vegetación alimentaron durante décadas la fama de «isla maldita». Solo hay que poner el nombre de la isla en Google o YouTube para encontrar programas televisivos de cazadores de fantasmas, vídeos más o menos caseros y artículos sensacionalistas sobre este destino situado a tan solo 10 minutos en motora de la Plaza de San Marcos cuyo acceso está rigurosamente limitado por razones de falta de seguridad de sus abandonadas infraestructuras pero convertido en todo un trofeo para los seguidores del llamado «dark tourism».

Imágenes de la isla abandonada

Imágenes de la isla abandonada

En 2014, el Ayuntamiento de Venecia lanzó un concurso para cambiar la suerte de la isla y promover una concesión para el desarrollo de un proyecto turístico. Varios inversores se presentaron, pero la solvencia económica de las ofertas privadas se puso en duda. Frente a ellos, emergió una iniciativa ciudadana bajo el lema «99 euros por 99 años»: más de 4.500 donantes reunieron 400.000 euros para defender que la isla permaneciera en manos públicas. Ya se sabe que en la Serenísima, los asuntos administrativos llevan su tiempo, y 11 años después de la Agencia de Bienes del Estado ha otorgado la gestión parcial de la isla a la mencionada asociación local. Además, la Universidad de Verona participará en la restauración ecológica y en los estudios ambientales de un proyecto cargado de gestos poético: devolver a los venecianos un fragmento de su laguna.

La reapertura de Poveglia solo para locales llega en un momento crucial. Venecia lleva años ensayando medidas contra el turismo desbordado: prohibición de megacruceros en el Canal de la Giudecca, pago de entrada al centro histórico, tasas de pernoctación. Ahora, por primera vez, se da la vuelta a la ecuación: se reserva un lugar prohibido a los visitantes. Hay quien dice que es una especie de justicia histórica: la isla de los condenados se transforma en jardín secreto de quienes aún resisten en la ciudad más acosada por el turismo.

Los gigantes del lujo hotelero

Mientras Poveglia se blinda frente a la comercialización, la laguna entera, con sus islotes, se ha convertido en un mosaico donde cada isla representa una promesa de exclusividad que gana aún más valor frente a la masificación de la propia Venecia. El JW Marriott lleva años instalado con éxito en Sacca Sessola, rebautizada como Isola delle Rose. El San Clemente Palace, hasta ahora en manos de Kempinski, pasará a ser Mandarin Oriental en 2026. Y otras pequeñas islas, como Santa Maria della Grazia o Santa Cristina, despiertan también el apetito de los inversores, confirmando que el tablero veneciano ya no se juega solo en el Gran Canal, sino también en estas piezas dispersas de la laguna. El movimiento de Poveglia aparece así como contrapeso simbólico: frente al modelo de hotel-isla, un experimento comunitario que reivindica la laguna como bien común.

Aunque a menudo se repite que en Venecia ya no se puede dar un paso, que resulta imposible asomarse al Puente de los Suspiros o atravesar la Plaza de San Marcos entre multitudes, lo cierto es que la ciudad sigue siendo uno de los destinos más codiciados del planeta. Y no solo para los viajeros, sino también para los gigantes del lujo hotelero. Nadie deja caer un hotel histórico: al contrario, los grandes nombres compiten por hacerse con ellos. El Four Seasons desembarcará en el bicentenario Hotel Danieli, el legendario Bauer reabrirá bajo bandera Rosewood, el Cipriani acaba de estrenar una renovación completa tras la adquisición de Belmond por LVMH y la mítica marca Orient Express desembarcará en la ciudad de los canales el próximo año con el reestreno del espectacular Palazzo Donà Giovannelli.

Mientras las grandes marcas hoteleras luchan por hacerse con los mejores palacios y los hoteles históricos más emblemáticos y ambicionan con abrir islas resorts, Poveglia escribe un nuevo y sorprendente capítulo de esta ciudad fascinante. De Isla Maldita a tierra prometida, refugio y edén para los miles de venecianos que aún resisten en su ciudad. ¿Será modelo para otras urbes sitiadas por multitudes viajeras o una excepción irrepetible, tan única como la propia Venecia? La paradoja resulta inquietante: las mismas islas que un día sirvieron para confinar a los apestados se convierten ahora en el último paraíso frente a una nueva plaga, la del turismo desbordado, que ha tomado la ciudad. Curioso giro de guion en la historia de la Serenísima cuya historia, como escribió Lord Byron, «es una novela más cautivadora que la ficción». Poveglia ha añadido este verano un capítulo de lo más inesperado.

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