Vista aérea de la Colegiata de Santa Juliana, en Santillana del Mar
Secretos y leyendas de uno de los monumentos más visitados de Cantabria
Santillana del Mar es un fijo en las listas de los pueblos más bonitos de España. Pero todo en esta villa emana de un solo punto: la Colegiata de Santa Juliana
A primera vista, la Colegiata de Santa Juliana impresiona por su sobriedad y su equilibrio arquitectónico. Sin embargo, para entender este monumento es necesario entender primero que la famosa y bonita localidad cántabra de Santillana del Mar no existiría sin ella.
El nombre mismo de la villa es una evolución fonética de Sancta Iuliana: del latín original pasó al romance Sant lliâna hasta consolidarse en el topónimo actual. Es la primera gran verdad de un pueblo tildado de ser el de las tres mentiras: porque de Santillana del Mar se dice que ni es santa, ni es llana, ni tiene mar.
Origen de supervivencia
Sepulcro de Santa Juliana en el interior de la colegiata de Santillana del Mar
La historia fundacional arranca lejos de Cantabria. Según la tradición, en el siglo IX unos monjes peregrinos trajeron las reliquias de Santa Juliana, martirizada en Bitinia (Asia Menor), para protegerlas en un valle conocido entonces como Planes. En torno a esa pequeña ermita primitiva, el culto creció y dio origen a un monasterio benedictino que acabó articulando el poder religioso y económico de las antiguas Asturias de Santillana. Lo que hoy admiramos es la construcción del siglo XII, un templo románico levantado para demostrar el prestigio de la abadía ante reyes y nobles.
El claustro
Capiteles tallados a lo largo del claustro de la colegiata
Si la iglesia sobrecoge por su acústica, diseñada para que el canto litúrgico reverbere en la piedra, el claustro es donde se concentran los verdaderos tesoros del monumento. Sus 42 capiteles no son simples adornos; forman un auténtico catecismo visual para una sociedad analfabeta.
Los 42 capiteles del claustro forman un catecismo visual para una sociedad entonces analfabeta
El visitante debe detenerse en la talla de sus columnas para descubrir un discurso moral tallado en piedra. Escenas de leones y grifos frente a serpientes y monstruos simbolizan la lucha entre el bien y el mal. Es imprescindible asimismo buscar la imagen de Santa Juliana dominando al demonio, una representación clásica que simboliza la victoria de la fe sobre la tentación. Y figuras humanas en actitud penitente o en escenas de caza recuerdan que el arte de la época no buscaba la estética, sino la enseñanza a través del impacto visual.
Referente urbano
Plaza de las Arenas desde donde vemos palacios y el ábside de la colegiata románica
La importancia de la colegiata explica todo el urbanismo de Santillana del Mar. Las casas nobles, las torres defensivas de los siglos XIV y XV y las plazas empedradas se organizan de forma radial en torno al templo, como si la nobleza local nunca hubiera querido alejarse de su centro de poder y protección espiritual. El sepulcro de la santa, situado en el centro del crucero, sigue siendo el imán que atrae tanto a devotos como a amantes del arte.
La impresionante fachada de la colegiata
Hoy, la Colegiata de Santa Juliana sigue siendo uno de los monumentos más visitados de Cantabria. Pero quienes se detienen a mirar con calma —observando cómo la luz del atardecer tiñe de dorado la piedra caliza— descubren algo más que un icono románico: encuentran el acta de nacimiento de una villa que nació de un milagro y creció bajo la sombra protectora de una mártir.