El Pequeño Tren Amarillo atraviesa un puente colgante con un vagón descapotable
El tren más espectacular de los Pirineos: un viaje en vagones descubiertos sobre puentes colgantes y viaductos
El llamado Pequeño Tren Amarillo recorre poco más de 60 kilómetros entre montañas, pueblos y paisajes del sur de Francia. Un trayecto corto, pero muy intenso, que combina la historia ferroviaria gala con las grandes vistas
Si una simpática canción de hace unos años hablaba de un tractor amarillo, otra podría componerse para hablar del Pequeño Tren Amarillo de los Pirineos, conocido como Le Petit Train Jaune y también como El Canario, una de las líneas ferroviarias más singulares de Europa.
Este singular tren recorre unos 63 kilómetros entre las localidades de Villefranche-de-Conflent y Latour-de-Carol, en el sur de Francia
Este singular tren recorre unos 63 kilómetros entre las localidades de Villefranche-de-Conflent y Latour-de-Carol, en el sur de Francia, atravesando la región de la Cerdaña a gran altura y por paisajes maravillosos. Más que un transporte, el Tren Amarillo es una joya de la ingeniería y una de las rutas turísticas más espectaculares de Europa.
A la estación más alta
El Tren Amarillo cruzando sobre el río Têt cerca de Villefranche-de-Conflent
Inaugurado a comienzos del siglo XX, fue concebido para conectar zonas de montaña aisladas. Hoy mantiene ese carácter, pero se ha convertido en una experiencia turística por derecho propio. A lo largo del recorrido, el tren salva un desnivel de 1.100 metros y asciende hasta los 1.592 metros de altitud, a la estación de Bolquère-Eyne, la más alta de toda la red ferroviaria francesa (SNCF), a la que se llega en un tren que casi parece de juguete.
El Pequeño Tren Amarillo a su paso por el viaducto Séjourné
El gran atractivo está en el propio trayecto. El Pequeño Tren Amarillo cruza 19 túneles y hay dos estructuras clave que explican su fama: el puente colgante de Gisclard, de 253 metros de longitud y suspendido a 80 metros de altura sobre el río Têt, el único puente colgante ferroviario de Francia que todavía se encuentra en servicio y es Monumento Histórico, y el viaducto Séjourné, una imponente obra de piedra de varios niveles que salva un profundo valle. Son pasos breves, pero muy impactantes, que justifican por sí solos el viaje.
Vagones descubiertos
Le Petit Train Jaune cruzando el emblemático puente Gisclard, declarado Monumento Histórico de Francia
Otro elemento distintivo del Pequeño Tren Amarillo son sus vagones descubiertos, disponibles en la temporada alta de verano. Permiten viajar al aire libre, en modo descapotable, y tener una visión directa del entorno, algo poco habitual en este tipo de trenes. Eso sí, incluso en verano viajar en los vagones abiertos a esa altitud puede ser frío y conviene llevar algo de abrigo a mano.
Tren de uso local
El Tren Amarillo por los paisajes del sur de Francia
En cuanto al funcionamiento, no es un tren de lujo ni un producto cerrado como otros turísticos. Forma parte de la red pública francesa, con paradas intermedias y uso local, lo que le da un carácter más auténtico. Se puede recorrer completo (unas tres horas de viaje) o por tramos, según el tiempo disponible. Muchos viajeros hacen solo un tramo (por ejemplo, de Villefranche a Mont-Louis) para pasar el día.
Cuánto cuesta y dónde cogerlo
El Tren Amarillo entre los bosques del Pirineo
Los precios son accesibles, normalmente entre 10 y 30 euros, dependiendo del recorrido, lo que lo convierte en una de las experiencias ferroviarias panorámicas más asequibles de Europa. Opera principalmente entre primavera y otoño, con mayor frecuencia en verano, cuando los vagones abiertos están en servicio. El viajero español puede acceder a la línea desde la propia frontera, en la estación internacional de Latour-de-Carol/Enveitg, que tiene conexión directa con los trenes de Rodalies de Cataluña (línea R3) que salen desde Barcelona.
Este sencillo tren propone una ruta cargada de historia y emociones
Frente a otros recorridos de más glamur (y precio), el lujo del Tren Amarillo son las sensaciones y las emociones de un trayecto que combina bosques, laderas de alta montaña, pequeños pueblos y amplias vistas sobre los valles. Es un viaje corto, directo y muy visual, donde lo importante no es el destino final, sino el recorrido entre montañas. Permite disfrutar de una línea histórica que refuerza a quienes afirman, y son legión, que el tren sigue siendo una de las mejores formas de viajar.