Monumento Natural de las Cascadas de Oneta (Asturias)
La Ruta de Asturias perfecta para familias que lleva hasta un Monumento Natural formado por tres cascadas
La llamada Ruta de las Cascadas de Oneta, en Asturias, es un recorrido corto pero intenso, de tres kilómetros, baja dificultad, perfecto para familias y con un tiempo estimado para recorrerlo, ida y vuelta, de tres horas máximo, que combina la belleza de los saltos de agua con el interés histórico de las infraestructuras hidráulicas que antiguamente sustentaron la economía de esta comarca.
El Monumento Natural de las Cascadas de Oneta es un espectacular conjunto de tres saltos de agua que se escalonan en pocos metros
La Ruta es ideal para quienes buscan un paseo sencillo en plena naturaleza, disfrutando de la calma y el murmullo constante del agua en un entorno privilegiado. El recorrido comienza en el pequeño pueblo de Oneta, situado en el concejo de Villayón, famoso por sus cascadas y su entorno natural, y sigue de cerca el curso del río Oneta, que suele quedar a tu izquierda desde que sales del pueblo y avanzas por el camino principal.
Molinos antiguos
El espectacular salto de agua llamado La Firbia
El camino avanza hacia el sur, pasando junto a la ermita de Santa María de Oneta y el albergue, hasta alcanzar un cruce de caminos donde un cartel señala el inicio de la ruta. El primer tramo es una pista ancha que transcurre entre praderas, en las que se pueden ver hórreos y casas de piedra típicas de la zona.
El camino atraviesa un pequeño puente de madera y deja a la izquierda los restos del antiguo molino de Abajo
A medida que se avanza, el sendero se estrecha y comienza a descender hacia el río Oneta. El sonido del agua se hace cada vez más presente, mientras el entorno se vuelve más sombrío, protegido por un dosel arbóreo compuesto por fresnos, robles, alisos y castaños. A los pocos minutos, el camino atraviesa un pequeño puente de madera y deja a la izquierda los restos del antiguo molino de Abajo, que antaño utilizaba la fuerza del agua para moler el grano.
La ruta es corta, muy bonita y de dificultad baja
La primera cascada que aparece en el recorrido es La Firbia, un espectacular salto de agua de unos 30 metros que desciende por una pared de roca tapizada de musgo. Desde el mirador natural, se aprecia cómo el agua cae con fuerza en una poza de aguas cristalinas, rodeada de vegetación exuberante. Esta primera cascada es la más conocida y visitada de las tres que conforman el conjunto.
La primera cascada de la ruta, La Firbia, es la más conocida y visitada de las tres que conforman el conjunto
Continuando por el mismo camino, la senda sigue el curso del río y se dirige hacia la segunda cascada, conocida como Ulloa o Firbia de Abajo. Para llegar a ella es necesario retroceder un tramo hasta el cruce de caminos y tomar el sendero que discurre junto al cauce. En este trayecto se atraviesa un pequeño puente de piedra y se bordean las ruinas del molino Casa Real, cuya estructura aún conserva parte de la maquinaria original.
La tercera, vetada
El recorrido discurre junto al río Oneta
La cascada de Ulloa, aunque menos alta que la Firbia, presenta un atractivo especial por su ubicación más aislada y su caída en forma de cortina que vierte el agua en una poza tranquila. El acceso a esta cascada es algo más complicado, ya que la senda se vuelve más estrecha y requiere mayor atención, lo que añade un elemento de aventura a la ruta. Sin embargo, el esfuerzo se ve recompensado al llegar a esta segunda cascada, donde el sonido del agua y el entorno natural crean un ambiente de calma y serenidad.
Preciosa imagen del Monumento Natural de las Cascadas de Oneta
Hay una tercera cascada, La Maseirúa, más pequeña, que actualmente se considera de difícil acceso o inaccesible porque la senda apenas es visible y el terreno puede ser peligroso. No olvidar llevar calzado adecuado de montaña para el resto de la ruta, con buen agarre, ya que la humedad hace que las piedras y raíces del bosque sean muy resbaladizas.
La Ruta está marcada como el sendero local SL-AS 5 y a lo largo de este recorrido se pueden observar diversos elementos del patrimonio etnográfico local, como los molinos tradicionales que aprovechaban la fuerza del río para moler el cereal y pequeñas áreas de cultivo abandonadas que reflejan el modo de vida tradicional en la zona.