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Una madre lee un cuento a su hijoEP

Cómo identificar si la dislexia está detrás de las malas notas de tus hijos

Las intervenciones tempranas y las adaptaciones educativas pueden revertir el mal rendimiento académico, la frustración personal y los problemas de concentración que conllevan este trastorno del aprendizaje

La dislexia es una dificultad de aprendizaje que afecta a la capacidad de leer y escribir de manera fluida. Según la Harvard Medical School, las personas con dislexia suelen tener dificultades para reconocer palabras de manera rápida y precisa, lo que, en el caso de los menores, impacta de forma directa en su rendimiento académico. La razón es que el cerebro de las personas con dislexia funciona de forma ligeramente diferente al de quienes no la padecen: el hemisferio izquierdo del cerebro está conectado de tal manera que dificulta el procesamiento del lenguaje escrito.

Y aunque esta condición no está en absoluto vinculada a la inteligencia, puede generar frustración, problemas de concentración, baja autoestima y fracaso escolar si no se identifica o no se apoya adecuadamente.

Por ese motivo, ahora que se acercan las notas de fin de curso, es muy conveniente que las familias pregunten a los centros, o a los propios niños, si han detectado algún tipo de dificultad especial en el aprendizaje, para no confundir por pereza o ineptitud lo que puede ser un problema médico (y viceversa).

Intervenciones tempranas y adaptaciones educativas

Porque, para paliar los efectos de la dislexia, el tratamiento temprano es crucial. Varias investigaciones del Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos de Estados Unidos han mostrado que las intervenciones tempranas, con programas especializados, pueden mejorar de forma significativa las habilidades de lectura de los niños con dislexia.

En concreto, estos programas se centran en el desarrollo de habilidades fonológicas, esenciales para la decodificación de palabras. Además, las adaptaciones en el aula —incluso en los exámenes— también juegan un papel fundamental, como ocurre con el uso de tecnologías de apoyo, como los programas de lectura en voz alta.

En España, de hecho, los niños con un diagnóstico de dislexia tienen derecho a adaptaciones curriculares en los colegios, incluso en los exámenes, que pueden consistir en darles más tiempo para terminar una prueba, reducirles el temario (algo que no puede hacerse en Bachillerato), escribir las preguntas del examen en un tipo de letra más grande, o incluso darles cada pregunta escrita en una hoja diferente, para que no se les «amontonen» las palabras de los enunciados.

Herramientas tecnológicas y apps

También la tecnología puede ayudar a paliar los efectos de la dislexia. Aunque algunos profesionales cuestionan los beneficios del uso de pantallas en los jóvenes con este trastorno del aprendizaje, algunas tecnologías de asistencia sí parecen brindar soluciones útiles para estos alumnos, también como refuerzo desde el hogar.

Así, software y apps como Speechify o Kurzweil 3000, que leen textos en voz alta y convierten el texto escrito en audio, pueden hacer que los alumnos comprendan mejor los materiales que deben estudiar.

También otros estudios realizados por la Universidad de California en Berkeley destacan que el uso de herramientas digitales no solo podría mejorar la lectura, sino también la autoconfianza y la autonomía del estudiante.

Apoyo emocional y familiar

Junto a este tipo de herramientas, el apoyo emocional y psicológico es tan esencial, o más, que las intervenciones académicas. Especialmente en la familia.

El análisis elaborado por expertos de la Universidad de Harvard constató que los estudiantes con dislexia que cuentan con una red de apoyo familiar obtienen mejores resultados académicos, aprenden mejor y muestran un mayor bienestar emocional.

Y no sólo por mejorar sus notas, sino por sentirse acompañados, sin juicio negativo ni carga de responsabilidad. De ahí que las familias deban ser conscientes de la condición de su hijo, y proporcionar un entorno comprensivo, alentador y sin presiones.

Dislexia en la vida adulta

Este respaldo familiar no se agota en la niñez o en la adolescencia. Entre otras cosas, porque a medida que las personas con dislexia crecen, muchos se enfrentan a nuevos desafíos en el ámbito laboral y personal.

Por ese motivo, las estrategias de adaptación y la autocomprensión continúan siendo valiosas para ellos.

Así, según un informe del Journal of Learning Disabilities, los adultos con dislexia que implementan métodos de organización y tecnologías de asistencia logran un aumento en su productividad y un mayor bienestar general... que es heredera de la seguridad y respaldo que sintieron de niños en su casa.