Cómo logramos que los Gobiernos comprendan el impacto de la vida familiar en el desarrollo de la persona
Aunque las condiciones de vida han mejorado en muchos puntos del planeta, uno de los mayores retos en el contexto internacional actual es devolver la importancia de la vida familiar a las políticas públicas. Una labor a la que desde hace veinte años se dedica Home Renaissance Foundation
Es esencial un equilibrio de la presencia familiar en las políticas públicas
La primera vez que me di cuenta de la importancia fundamental que tiene el hogar para los niños, la familia en general y, por ende, las sociedades en su conjunto, fue hace 60 años en Ica, una pequeña ciudad de Perú situada en la costa, al sur de Chiclayo, donde más tarde el Papa León pasaría muchos años. Recién graduado de la London School of Economics, decidí pasar 18 meses en un programa de colaboración de la ONU para ayudar a fundar una nueva universidad en la que entonces era una zona empobrecida del país.
Parte del acuerdo consistía en que yo viviera en una barriada con la comunidad indígena local; tenía una pequeña cabaña espartana con agua y electricidad solo durante unas pocas horas al día. Había numerosas cabañas similares que, a diferencia de la mía, estaban abarrotadas de niños. Lo normal era tener un hijo al año, pero la falta de instalaciones médicas, de regulación de natalidad y los problemas de higiene provocaban una tasa muy alta de mortalidad infantil, casi el 50% de los niños moría antes de los 5 años.
A pesar de todas estas privaciones, había suficiente para comer (arroz, frijoles y papayas casi todos los días) y me acogieron en una comunidad muy unida; incluso jugué al fútbol en el equipo local; todo giraba en torno al hogar y la familia. Llegué a apreciar la importancia no solo de la familia inmediata, sino también de la versión más amplia e intergeneracional que todos ellos practicaban. Ningún niño se sentía excluido o rechazado, y las personas mayores seguían formando parte de la familia, algo que, lamentablemente, no ocurre en muchas de nuestras sociedades actuales.
El mundo siguió adelante y disfruté de una carrera que me llevó a la cima de una importante empresa petrolera, además de casarme con una mujer sueca hace ya 59 años, con la que tengo dos hijos y cinco nietos. Visitar y vivir en muchas partes del mundo, como Italia, Singapur, Suiza y Escandinavia, contribuyó a mi crecimiento personal.
No fue fácil compaginar la vida familiar con las exigencias de una carrera profesional muy competitiva en una época en la que aún no se reconocía la importancia del equilibrio entre el trabajo y la vida personal, pero mi esposa y yo siempre pusimos la vida familiar en el centro porque significaba el eje esencial de nuestras vidas aportándonos seguridad y felicidad.
Y por eso, precisamente, existe Home Renaissance Foundation desde hace 20 años, para persuadir a los gobiernos y organismos internacionales de que faciliten esto en todo lo que puedan. Ojalá no hiciéramos falta.
En Home Renaissance intentamos explorar y abordar el impacto del hogar en el desarrollo de la persona y los retos de la vida familiar a los que todos nos enfrentamos. Por ejemplo, la tensión constante de conseguir que diferentes generaciones convivan en armonía, y más ahora con sociedades en las que el envejecimiento de la población supone una carga cada vez mayor para los recursos de vivienda y asistencia sanitaria. Los jóvenes se independizan más tarde en muchos países desarrollados porque el coste de la vivienda es prohibitivo, pero sigue habiendo reticencia a diseñar alojamientos lo suficientemente flexibles como para satisfacer las necesidades de los diferentes grupos de edad.
Los jóvenes se independizan más tarde en muchos países desarrollados porque el coste de la vivienda es prohibitivo, pero sigue habiendo reticencia a diseñar alojamientos flexibles para satisfacer sus necesidades
Podríamos aprender de Malasia, por ejemplo, donde las familias viven tradicionalmente cerca unas de otras en unidades discretas y cambian de alojamiento en función de las necesidades de las familias en crecimiento; los abuelos suelen ayudar con los niños cuyos padres trabajan, ya que las familias luchan por satisfacer las crecientes demandas y expectativas de la vida moderna. Tenemos que descubrir formas nuevas de utilizar la tecnología actual para replicar la comunidad y la seguridad que eran comunes para muchos en un pasado reciente.
Otro reto creciente y en rápida evolución es encontrar formas de adaptarse a las nuevas y cambiantes presiones de las redes sociales y a la vulnerabilidad de los jóvenes ante su omnipresencia. Estamos tan lejos de la sociedad sencilla, regulada y estratificada de la aldea minera al noreste de Inglaterra donde empecé mi vida en la posguerra, que ahora parece historia antigua. Para las personas de mi generación, a menudo resulta aterrador porque la tecnología ha avanzado tan rápido que ya no hay experiencias que transmitir a los niños.
Una de las tareas de HRF, con la ayuda de los académicos y expertos, es asesorar sobre cómo el hogar puede adaptarse para hacer frente a estos retos. No es una tarea fácil y requiere una atención constante para responder a los cambios cada vez más rápidos de la tecnología.
Sin duda, la vida ha mejorado sustancialmente en la mayor parte del mundo, con la posible excepción del África subsahariana; la malnutrición en China y la India, por ejemplo, ha sido prácticamente erradicada; los derechos de las mujeres han sido reconocidos en muchas de nuestras sociedades. Ahora debemos aprender a utilizar estas mejoras en beneficio de los hogares de todo el mundo y, en especial, de los niños que viven en ellos. Una misión enorme, pero inmensamente importante para Home Renaissance Foundation.
Sir Bryan K. Sanderson CBE es presidente de HRF y antiguo director general de British Petroleum.