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Cuatro de cada diez madres en España tienen más de 35 añosYuri Arcurs / iStock

Cuatro de cada diez madres tienen su primer hijo pasados los 35 años y cada vez más varones son «subfértiles»

El descenso de la fecundidad en España no se debería sólo al retraso progresivo de la maternidad, sino también a un descenso de la fertilidad de los varones.

En muchas parejas la conversación sobre la paternidad se repite con una mezcla de ilusión, vértigo y reparos: «Cuando nos estabilicemos en el trabajo», «cuando podamos cambiar de piso», «cuando pase este año»... El problema es que el calendario biológico no firma prórrogas, y cada mes de espera tiene consecuencias tanto para mujeres como para hombres.

Los datos provisionales del INE sobre 2025 confirmarían el primer aumento de nacimientos en diez años: 321.164 bebés, un 1% más que en 2024. Pero ese pequeño repunte, de ser validado con los datos definitivos, no corrige la tendencia de nuestro país: en una década, los nacimientos en España han caído alrededor de un 23,5%.

La señal más clara del cambio social que nos aboca a un invierno demográfico –con el impacto que esto tendrá en áreas como las pensiones, la dependencia, la inmigración o el consumo– está en la edad. Ya hay más partos de madres de 40 años o más (10,4%) que de mujeres menores de 25 (9,4%), según las mismas estimaciones divulgadas a partir de los datos del INE.

El precio de retrasar la maternidad

Y el problema no es que la maternidad se prolongue, sino que se retrasa. Es decir, no es que hay madres teniendo más hijos hasta más tarde, sino más mujeres que no son madres hasta bien entrada la treintena.

Como ha constatado el Instituto Bernabeu –una entidad que se dedica al negocio sanitario de la reproducción asistida–, a partir del análisis de las cifras oficiales, hoy en nuestro país cuatro de cada diez madres (el 40% los nacimientos de 2025) tienen más de 35 años, y sólo menos del 25% tenían menos de 30 años.

Una barrera que no es inocua, pues como explica la doctora Verónica Legidos, ginecóloga y coordinadora médica de la sede que este instituto tiene en Elche, «con 30 años, la mujer tiene la mitad de probabilidad de ser madre que a los 20-24 años. Y después de los 35 años disminuye considerablemente».

Y añade que «la normalización de la maternidad tardía puede generar una falsa sensación de seguridad, porque cada vez hay mayor proporción de mujeres que retrasan su maternidad debido a factores sociales, laborales o económicos», pero «hemos de tener en cuenta que las menstruaciones regulares no siempre son sinónimo de buena fertilidad».

El «factor masculino» es «subfértil»

Pero para que nazca un niño no sólo es necesaria una madre: también es imprescindible la concurrencia del padre, aunque los datos que afectan a los varones y al «factor masculino» de la ecuación procreativa tiendan a quedar en un segundo plano.

Y no es un factor indiferente. De hecho, el Instituto Bernabeu alerta de que la calidad y concentración del esperma de los varones en España ha caído en los últimos años, siguiendo una tendencia global en la que cada vez hay más hombres en una «zona gris» de subfertilidad.

La gran revisión y metaanálisis de la fertilidad masculina internacional, liderada por el epidemiólogo Hagai Levine, describe un descenso sostenido de la concentración espermática en muestras recogidas globalmente desde los años 70, con aceleración en las últimas décadas.

Dicho de otro modo: en los últimos 40 años, la fertilidad masculina se ha ido debilitando, y lo ha hecho especialmente a partir de la pandemia.

Aunque los umbrales clínicos se interpretan con cautela, son numerosos los estudios citados en literatura biomédica que hablan de una caída progresiva de la fecundidad por debajo de los 40 millones de espermatozoides por mililitro de esperma, con un área de «infertilidad» cuando está por debajo de los 15 millones/ml.

Entre ambos rangos, los 40 y los 15 millones, los varones entrarían en la categoría de «subfértiles», condición que también dificulta la procreación.

Y es ahí donde se está asentando la población española. Según las muestras recogidas por Instituto Bernabeu, la media en nuestro país es de 33,5 millones/ml, una cifra que ubica a los varones españoles en la «subfertilidad».

Incremento de los tratamientos

Ambos datos –el retraso en la maternidad y la subfertilidad masculina– también contribuyen a explicar el incremento de los tratamientos de fecundación artificial.

Unas prácticas que son éticamente cuestionables y cuestionadas, además de peligrosas para la salud de las mujeres y de los niños.

También respondería al auge de otras técnicas que permiten buscar un embarazo, como la naprotecnología, que no sólo es menos invasiva y más respetuosas con la mujer, con el niño y con el padre, sino que además no presentan los inconvenientes morales de las técnicas in vitro.

Sea como fuere, lo que parece cierto es que, cuando se aplaza la paternidad y la maternidad por motivos sociales, el deseo no basta para abrir paso a la vida: la biología también habla. Y suele ser tozuda.