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Dra. Marta Oporto-Alonso

Ya estamos respondiendo con IA al chat de WhatsApp de la familia: ¿qué nos está pasando?

La doctora en Psicología Marta Oporto-Alonso explica cuáles son los indicios para descubrir si un mensaje ha sido escrito con Inteligencia Artificial y qué ocurre cuando se emplea esta herramienta para responder a la familia y a los amigos

Un smartphone con algunas de las principales app de IA: Chat GPT, Deepseek, Gemini y Grok

Un smartphone con algunas de las principales app de IA: Chat GPT, Deepseek, Gemini y GrokRisen / iStock

Desde hace unas semanas asisto a un fenómeno nuevo en mi vida. De pronto, recibo decenas de WhatsApps al día –hasta aquí, nada extraordinario–, pero algo ha cambiado. Cada vez en más conversaciones, incluso en aquellas que no tienen nada que ver con el trabajo o con ambientes formales, empiezo a reconocer un patrón: mensajes escritos con Inteligencia Artificial.

Lo descubro por varios indicios. El primero es la longitud: respuestas larguísimas, perfectamente estructuradas, imposibles de teclear en el breve intervalo que transcurre entre una pregunta y su contestación. El tan temido en verde «leer más...».

El segundo es el vocabulario, un lenguaje sorprendentemente rebuscado, casi impostado, que difícilmente asociarías a la persona que te responde.

Y el tercero es quizá el más desconcertante: una especie de empatía artificial, frases amables y aparentemente comprensivas, pero que suenan huecas, como si vinieran de un lugar que no conoce ni tu historia ni el problema que acabas de compartir.

Lo más preocupante es que esto no está ocurriendo sólo en chats lejanos o impersonales. Empieza a suceder en grupos de amigos, e incluso en los grupos familiares. Y entonces la pregunta adquiere un cariz más doloroso. Si necesitas recurrir a la IA para responder a tu madre cuando te cuenta un problema de su día, ¿qué está pasando con tu manera de comunicarte? ¿Dónde queda ese impulso nuestro –tan humano– de acompañar, de escuchar, de consolar?

Si necesitas recurrir a la IA para responder a tu madre cuando te cuenta un problema de su día, ¿qué está pasando con tu manera de comunicarte?

Los autores vinculados al grupo de investigación en comunicación y terapia aplicadas a los sistemas familiares de la Escuela de Palo Alto (California, Estados Unidos) nos hablan de dos formas de comunicación complementarias: la digital y la analógica.

La digital es la palabra: lo que decimos, lo que explicamos, lo que definimos. La analógica es todo lo demás: el tono, el gesto, la pausa, la emoción, el «estoy contigo» que no siempre se pronuncia, pero se siente... Ambas funcionan juntas, y ambas son esenciales dentro de las familias.

En WhatsApp, la parte analógica se cuela a través de pequeños recursos: un emoji sincero, un audio tembloroso, un silencio antes de responder, una frase escrita desde la prisa o desde el cansancio. Todo eso también habla, y habla mucho. Pero cuando dejamos que la Inteligencia Artificial ocupe ese espacio, la comunicación se vuelve brillante por fuera… y vacía por dentro.

Porque la IA puede ayudarte a escribir un texto correcto, incluso amable, pero no puede sentir por ti. No puede guardar el silencio exacto que tu hermana o tu madre necesitan. No puede transmitir el temblor de la duda, la risa espontánea, el abrazo que se insinúa entre líneas.

En un mundo acelerado, superficial y cada vez más artificial, la IA es útil y eficaz, sí. Pero no en todo. No en la familia. No en la amistad profunda. No en los vínculos que necesitan autenticidad, incluso torpeza, incluso palabras mal escogidas pero verdaderas.

Las relaciones importantes requieren algo que ningún algoritmo puede replicar: presencia, calidez, imperfección, humanidad. Ojalá nos demos el tiempo –aunque sea un minuto más– de responder a ese mensaje desde ahí.

* Marta Oporto-Alonso es doctora en Psicología, profesora en los Grados de Psicología y Educación de la Universidad San Pablo CEU y colaboradora del Instituto CEU de Estudios de la Familia.

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