Para bien y para mal, y le pese a quien le pese, la influencia del padre en la vida de una persona es tan decisiva que puede marcar no sólo nuestro carácter, sino también nuestro porvenir económico, nuestras relaciones afectivas y hasta los disgustos con las leyes. Sin embargo, en ocasiones, el ejemplo paterno se funde con alguno de esos talentos que parecen amarrados en los genes. Y entonces, los hijos siguen la saga de su padre hasta, incluso, llegar a superarlo. Ya lo dice el refrán manchego: de padres gatos, hijos michines. O de tal palo, tal astilla.