Un abuelo, con su nieto
Un estudio con 10.000 abuelos demuestra que cuidar de los nietos mejora la salud cerebral
Un amplísimo análisis con abuelos británicos, recién publicado por la Asociación Americana de Psicología, vincula el cuidado de nietos con mejor memoria y fluidez verbal... y es más claro en abuelas.
Si no fuera por la red de apoyo que construyen los abuelos, es muy probable que el tejido social y empresarial de España habría quebrado hace décadas.
Porque, cada tarde, en decenas de miles de casas de nuestro país, se repiten las mismas escenas: un abuelo que recoge a sus nietos de la guardería, una abuela que inventa juegos mientras se calienta la cena, una mano adulta que acompaña la merienda con preguntas sencillas, o una mirada achacosa que vuelve a la consulta del pediatra tras décadas de sintrones y adiros.
Sin embargo, esto que a primera vista es solo apoyo familiar que oxigena a los padres en la tan manida conciliación, puede ser, también, una estupenda «gimnasia» para el cerebro de los mayores.
Así lo asegura un estudio recientemente publicado por la Asociación Americana de Psicología, que ha analizado datos de casi 10.000 abuelos británicos, que han participado en el English Longitudinal Study of Ageing (ELSA). La única condición es que no vivieran todo el tiempo con sus nietos, sino que los visitasen o se quedasen a su cargo con mayor o menor frecuencia.
Y la conclusión es clara: el cuidado de nietos se asocia con un mejor rendimiento en pruebas de pensamiento y memoria, y podría actuar como «colchón» frente al deterioro cognitivo, al menos en parte de la muestra.
Qué miró el estudio y cómo lo midió
El equipo de investigadores, liderados por Flavia Cherches, preguntó tres veces en seis años si los abuelos habían cuidado de sus nietos sin que los padres estuvieran presentes durante los dos años previos. Y, si lo habían hecho, recogieron detalles: con qué frecuencia, en qué momentos (vacaciones, fines de semana, entre semana), y qué tipo de actividades realizaban.
En cada punto de medición, los abuelos realizaron pruebas cognitivas. Entre ellas, una de fluidez verbal (decir tantos animales como fuera posible en un minuto) y una de memoria episódica (recordar palabras de una lista, justo después y tras un retraso de cinco minutos).
El propio trabajo académico explica que se emplearon modelos de crecimiento con tres oleadas de ELSA, en abuelos de 50 años o más, y que se comparó a abuelos cuidadores con un grupo de control.
Mejor memoria y fluidez verbal
El resultado: mejor memoria y fluidez verbal en abuelos cuidadores.
Gracias a la magnitud del estudio, los investigadores han podido comparar a abuelos cuidadores y no cuidadores, y controlar diferencias que podrían influir (edad, número de hijos y nietos, educación, limitaciones físicas, depresión...).
Sin embargo, el patrón es constante: los abuelos cuidadores muestran mayor fortaleza cognitiva en los tres puntos de evaluación, frente a los que no cuidan de sus nietos.
Con dos matices importantes. El primero es que, si bien abuelas y abuelos cuidadores mostraron niveles más altos de fluidez verbal y memoria episódica, solo las abuelas cuidadoras mostraron menos deterioro cognitivo sostenido a lo largo del tiempo.
Y el otro detalle relevante es que, en el grupo de cuidadores, la frecuencia del cuidado no predice el funcionamiento cognitivo. Dicho de otro modo: no parece que haga falta «vivir pegado al carrito» para que el efecto se asocie a mejores resultados.
Cualquier ayuda cuenta
De hecho, al analizar con más detalle el tipo del cuidad y la frecuencia, se constata que «cualquier cantidad o tipo» de cuidado a los nietos se vinculaba con mejor cognición en un momento dado.
Más allá de los aspectos concretos, del estudio se desprende un mensaje profundamente contracultural, en plena época de soledad no deseada, invierno demográfico, atomización social y geriátricos al alza: el contacto frecuente entre abuelos y nietos, la convivencia intergeneracional que era la norma común hasta hace sólo unas décadas, es positiva para todos los miembros de la familia.
Porque cuidar de los nietos no es solo «echar una mano» a los hijos; y ni siquiera supone una ayuda para mantenerse activo –mental, social y físicamente– en una etapa decisiva de la vida. Es, ante todo, un modo de hacer familia.