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Familia y EscuelaSofía Torrecilla

El tiempo perdido en la primera infancia no se recupera: por qué los primeros años son tan importantes

Más del 5 % de los niños entre 0 y 6 años necesitan un apoyo de atención temprana en algún momento de su desarrollo. Padres y profesores son incluso más importantes que las propias terapias, pero las trabas administrativas suponen un freno para el futuro de las nuevas generaciones.

Un 5% de los niños de 0 a 6 años necesitan atención temprana durante su desarrollo.

Un 5% de los niños de 0 a 6 años necesitan atención temprana durante su desarrollo.Getty Images / iStock

Los primeros años de vida son mucho más importantes de lo que solemos imaginar. Entre los 0 y los 6 años el cerebro de los niños se desarrolla a una velocidad única. En ese tiempo se construyen las bases del lenguaje, la forma de relacionarse con los demás, la autonomía y la capacidad de aprender.

Por eso, cuando aparece cualquier dificultad en el desarrollo, actuar pronto puede marcar una gran diferencia.

A esto se le llama Atención Temprana: un conjunto de apoyos y terapias dirigidos a niños pequeños que pueden tener algún retraso en su desarrollo o riesgo de tenerlo. Pero no se trata solo de trabajar con el niño en una sesión semanal. También implica acompañar a la familia, ayudarla a entender qué necesita su hijo y darle herramientas para apoyarle en el día a día.

La ciencia lo tiene claro: cuanto antes se interviene, mayores son las posibilidades de mejora. En los primeros años el cerebro es especialmente flexible. Esto significa que tiene una enorme capacidad para adaptarse, aprender y reorganizarse si recibe la estimulación adecuada. Por eso, en desarrollo infantil cada mes cuenta.

Muchas familias sienten inquietud cuando perciben que su hijo no habla como otros niños de su edad, que le cuesta relacionarse o que su desarrollo va más lento. En esos momentos aparecen las dudas, las comparaciones y, muchas veces, la incertidumbre. Pero pedir ayuda pronto no significa etiquetar a un niño. Significa abrirle oportunidades.

Familia no espectadora: protagonista.

Y la familia no es espectadora: es protagonista.

Uno de los grandes cambios en la forma de entender la Atención Temprana es que hoy se reconoce algo fundamental: la familia no es solo quien lleva al niño a terapia; es parte activa del proceso.

Los padres pasan muchas más horas con sus hijos que cualquier profesional. Son quienes juegan con ellos, quienes les hablan, quienes comparten su rutina diaria. Por eso, cuando las familias reciben orientación clara y herramientas prácticas, pueden ayudar muchísimo al desarrollo de su hijo.

Algo tan cotidiano como jugar, leer un cuento, vestirse o preparar la mochila puede convertirse en una oportunidad para estimular el lenguaje, la autonomía o la relación con los demás.

El desarrollo no ocurre solo en la consulta: ocurre sobre todo en la vida diaria.

Cuando los padres comprenden lo que le ocurre a su hijo y saben cómo acompañarlo, no solo mejoran los avances del niño. También disminuye la ansiedad y aumenta la confianza en el proceso.

El papel clave de la escuela infantil

La etapa de Educación Infantil también tiene un papel muy importante en la detección temprana. En el aula se observan muchas situaciones de interacción, juego y aprendizaje que ayudan a identificar posibles señales de alerta.

A veces es un retraso en el lenguaje, dificultades para relacionarse con otros niños o problemas en el desarrollo motor.

Por eso es fundamental que escuela, profesionales sanitarios y especialistas en desarrollo infantil trabajen coordinados. Cuando todos comparten información y objetivos, el apoyo al niño es mucho más eficaz y coherente.

Ese es un reto que todavía tenemos en España.

A pesar de los avances, el sistema de Atención Temprana todavía tiene desafíos importantes en nuestro país. Se estima que más del 5 % de los niños entre 0 y 6 años necesitan este tipo de apoyo en algún momento de su desarrollo.

Sin embargo, muchas familias se encuentran con listas de espera o con diferencias en el acceso según la Comunidad Autónoma en la que viven.

Retrasar la intervención puede hacer que las dificultades se consoliden y que el niño necesite apoyos más intensos en etapas educativas posteriores.

Y esto es especialmente preocupante porque el tiempo perdido en la primera infancia no se recupera igual después. Retrasar la intervención puede hacer que las dificultades se consoliden y que el niño necesite apoyos más intensos en etapas educativas posteriores.

Invertir en la infancia es apostar por el futuro. La Atención Temprana no es solo un recurso sanitario o educativo. Es una manera de asegurar que cada niño tenga las oportunidades que necesita para desarrollarse.

Significa apoyar a las familias, detectar a tiempo las dificultades y ofrecer respuestas profesionales bien coordinadas.

Porque cuando se interviene en el momento adecuado, no solo mejora el presente del niño: también cambia su futuro.

* Sofía Torrecilla es Doctora Internacional Cum Laude en Educación, máster en Investigación educativa, y profesora en el Grado de Educación de la Universidad CEU-San Pablo.

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