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Los niños son las grandes víctimas del divorcioGetty Images / iStock

«¿Quién responde al drama de este niño?»: Munilla usa un anuncio de coches para alertar del dolor del divorcio

Aunque los adultos son los que deciden y protagonizan las rupturas matrimoniales –que en España afectan ya al 50% de las parejas unidas tanto por lo civil como por lo religioso–, los niños son las grandes víctimas invisibles de los procesos de divorcio.

Casi siete décadas de legislaciones divorcistas en todo Occidente han permitido a los psicólogos describir con precisión los sentimientos dolorosos que suelen experimentar los hijos cuando sus padres deciden separarse. A saber: tristeza, culpa, ira, ansiedad, problemas de autoestima, conductas regresivas, miedos, desobediencia, cambios de sueño y de alimentación...

Y no se trata sólo del golpe inicial. Una de las últimas investigaciones, publicada hace sólo un año en Psichology Today, revela cómo los niños pequeños de familias divorciadas tienden a mostrar, a lo largo de los años, un desarrollo psicológico, social y físico más lento que los hijos de matrimonios intactos.

Otras estadísticas apuntan hacia conductas disruptivas en la edad adulta, mayor propensión a romper sus propios matrimonios, a elegir parejas sentimentales conflictivas o a caer en comportamientos promiscuos o altamente agresivos hacia el sexo opuesto (en ocasiones, de forma simultánea, aunque parezca contradictorio).

Todos estos dramas, tantas veces ignorados socialmente, son los que ha querido denunciar con ironía el obispo de Orihüela-Alicante, monseñor José Ignacio Munilla.

Y lo ha hecho recuperando en sus redes sociales un anuncio de coches de los años 90. En concreto, un spot de la conocida marca Renault.

«¿De verdad tiene gracia?»

«Reímos el anuncio… pero ¿de verdad tiene gracia lo que hay detrás?», apunta Munilla en el texto que acompaña el vídeo.

Y, utilizando un recurso visual del anuncio, recuerda cómo muchos padres tratan de compensar con regalos materiales el vacío emocional que genera la ruptura de la familia.

«Los regalos no llenan el vacío del alma: solo distraen un rato… y, con frecuencia, malcrían», apunta el prelado.

Y concluye lanzando una reflexión al aire: «Entre piruletas y deportivos… ¿Quién responde al drama de este niño?».