Madres criando en ‘soledad no deseada’
«La maternidad en soledad no suele ser una elección libre, sino el resultado de rupturas, abandonos y decisiones impuestas»
La reciente aprobación del primer Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030) ha puesto el foco en una realidad que durante años ha permanecido invisibilizada: la soledad, cuando no es elegida, es una cuestión social en la que se debe intervenir para paliar los efectos negativos que produce.
Dentro de este fenómeno, amplio y complejo, existe una realidad específica que merece una atención concreta en la que quiero detenerme por poco conocida: es la de las mujeres que crían a sus hijos en soledad no deseada.
Desde hace años vengo reflexionando sobre la situación de mujeres que son abandonadas por sus parejas cuando les comunican que están embarazadas. En algunos casos, ese abandono se ve agravado por la pérdida de apoyo familiar, especialmente cuando el entorno no está de acuerdo con que la mujer continúe el embarazo.
A esta realidad se suman las mujeres inmigrantes que viven lejos de su país de origen y carecen de redes sociales y familiares, así como aquellas que se ven destinadas a una crianza en solitario tras un divorcio no elegido.
La maternidad en soledad no suele ser una elección libre, sino el resultado de rupturas, abandonos y decisiones impuestas. Y a la soledad emocional hay que añadir, casi siempre, una realidad económica profundamente desigual. Las mujeres que encabezan hogares con hijos soportan tasas de pobreza superiores al 53%, lo que las sitúa en un grave riesgo de exclusión social. Esta precariedad se traduce en dificultades muy concretas: dificultad para conciliar, desempleo, pobreza laboral, pobreza alimentaria, energética y habitacional, limitación en el acceso a la cultura, al ocio y a una vida digna para ellas y para sus hijos.
La soledad no deseada, como reconoce el Marco Estratégico, es una cuestión social. Y la maternidad también es una cuestión social. Por tanto, ‘la maternidad en soledad no deseada’ no puede seguir tratándose como un problema privado que cada mujer debe resolver por sí misma. Es imprescindible que sea reconocida por los poderes públicos como una manifestación específica de la soledad no deseada. Y, por tanto, que se ofrezcan medidas concretas de apoyo que tiendan a paliar las situaciones de dificultad que conlleva.
Un avance fundamental sería ofrecer apoyo y acompañamiento desde el mismo momento que la mujer conoce que está embarazada. Acompañar desde el inicio significa que pueda tomar decisiones en libertad, sin que el temor a afrontar la maternidad en soledad –económica, social y emocional– condicione su futuro y el de sus hijos.
Las madres que crían en ‘soledad no deseada’ son mujeres que viven en condiciones profundamente desiguales. Reconocer su realidad y apoyarlas es una cuestión de responsabilidad colectiva, de justicia social y de igualdad.
- Amaya Azcona es directora general de la Fundación RedMadre