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TRIBUNAllorenç CÓRDOBA MARÍ

Qué fácil es apoyar a Formentera hasta que hay que votar

La reforma está a un paso y ya no hay margen para ambigüedades: el voto dirá quién está con Formentera y quién solo lo dice

Formentera lleva años escuchando que sí, que tiene razón, que esta reivindicación es justa y que ya toca atenderla. El problema es que demasiadas veces todo ha terminado ahí. Por eso, el momento que ahora se abre en el Congreso no admite más retórica ni más escapatorias. Ya no estamos en la fase de las buenas palabras. Estamos en la fase del voto.

La reforma constitucional para que Formentera tenga senador propio y para que Eivissa tenga también el suyo responde a una lógica institucional difícil de discutir. Eivissa y Formentera son administrativamente independientes, tienen instituciones propias y responden a intereses insulares propios. Lo extraño no es la reforma. Lo extraño es que haya tardado tanto.

Esta reivindicación viene de lejos. Lleva varias legislaturas intentando abrirse camino y, por primera vez, está realmente cerca. El Congreso ya ha dado pasos importantes y ha dejado la reforma a las puertas de la votación decisiva. Hemos llegado más lejos que nunca. Y precisamente por eso sería imperdonable que este momento acabara diluyéndose otra vez en el ruido de siempre.

Ahora es cuando los dos grandes partidos nacionales van a tener que demostrar con hechos qué pesa más: si Formentera y su gente, o sus intereses de partido

Durante esta legislatura ha habido un trabajo sostenido para que esta cuestión no volviera a quedarse en un cajón, y ese trabajo lo he impulsado personalmente desde el ámbito institucional y parlamentario. El compromiso quedó incorporado al pacto de investidura firmado con el PP y, antes incluso de que en Madrid se activara formalmente la tramitación, esta reivindicación ya se había llevado al Parlament mediante preguntas e iniciativas que promoví, que se debatieron, se votaron y fueron aprobadas en Pleno. No hemos llegado hasta aquí por inercia ni por casualidad. Hemos llegado por insistencia, por convicción y por un trabajo político e institucional mantenido en el tiempo.

Y ahora toca lo importante. En los últimos días ya hemos visto demasiada tendencia a convertir esta reforma en un arma arrojadiza entre partidos. Ese enfoque no sirve. Formentera no necesita más titulares cruzados. Necesita votos favorables.

Ahora es cuando los dos grandes partidos nacionales van a tener que demostrar con hechos qué pesa más: si Formentera y su gente, o sus intereses de partido; si el compromiso con la realidad insular, o la comodidad de la ambigüedad; si están dispuestos a hacer lo correcto, o si volverán a esconderse detrás de cálculos que aquí cada vez entiende menos gente.

Y conviene decirlo claro: la mayoría de ciudadanos de Formentera, voten a quien voten, no entendería otra salida que no fuera el apoyo de los grandes partidos estatales a una reivindicación tan básica como esta. No estamos ante una discusión extravagante ni ante una disputa ideológica. Hablamos de representación, de respeto institucional y de sentido común. Cualquiera que conozca mínimamente la realidad de estas islas entiende sin dificultad que esta corrección ya no admite más aplazamientos.

Desde el momento en que Formentera pasó a tener Consell Insular propio, existía ya una base constitucional clara para sostener que debía contar también con circunscripción propia

Además, hay una cuestión de fondo que hace todavía más difícil justificar cualquier bloqueo. El propio artículo 69.3 de la Constitución establece que, en las provincias insulares, cada isla o agrupación de ellas, con Cabildo o Consejo Insular, constituye una circunscripción a efectos de elección de senadores. Desde el momento en que Formentera pasó a tener Consell Insular propio, existía ya una base constitucional clara para sostener que debía contar también con circunscripción propia. Lo que ha ocurrido durante todos estos años es que esa lógica general del propio artículo convivía con una mención específica a «Ibiza-Formentera» que nunca se actualizó. Eso es, precisamente, lo que ahora se corrige: no se está inventando nada extraño ni concediendo nada excepcional, sino ajustando por fin el texto constitucional para eliminar una contradicción que arrastra desde 2007 y adaptarlo a la realidad institucional de Formentera.

Por eso, el debate ya no está en si esta reforma se entiende. Se entiende perfectamente. El debate está en quién quiere asumir el coste de votar en contra, de abstenerse o de volver a aplazar una decisión que ya no admite excusas razonables. Y también está en el juego político que algunos quieran hacer con las enmiendas que se han presentado hasta ahora, vengan de un lado o del otro. Tanto monta, monta tanto. Si las enmiendas sirven para mejorar técnicamente el texto, serán útiles. Pero si se utilizan para enredar, retrasar o convertir una reivindicación justa en una partida partidista, también quedará claro ante todo el mundo.

Aquí ya no vale esconderse. No vale decir una cosa en Baleares y hacer otra en Madrid. No vale aparentar comprensión mientras se gana tiempo con maniobras que nadie en Formentera entiende ni comparte. Ha llegado un punto en que votar a favor debería ser lo normal. Lo que necesitaría explicación es cualquier otra cosa.

Aquí ya no vale esconderse. No vale decir una cosa en Baleares y hacer otra en Madrid

Hemos recorrido un camino largo para llegar hasta aquí. Se ha trabajado mucho, se ha insistido mucho y se ha defendido esta cuestión cuando era fácil ignorarla, aplazarla o darla por imposible. Por eso sería muy difícil de explicar que, justamente ahora que estamos tan cerca, todo volviera a frenarse por intereses que no tienen nada que ver con Formentera.

El jueves ya no valdrán las palabras.

El jueves contará el voto.

Y con ese voto, cada uno dejará claro si está realmente con Formentera o si, una vez más, considera que otras prioridades van por delante

Llorenç Córdoba es diputado en el Parlament balear

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