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María Jesús Montero, este martes en Sevilla

María Jesús Montero, este martes en SevillaEFE

Un reto imposible

La 'operación Montero' mide el grado de agotamiento del sanchismo

Desde la Moncloa defienden que la todavía vicepresidenta no solo no es un lastre para las expectativas electorales del PSOE en Andalucía, sino «un valor y un activo»

El último Consejo de Ministros de María Jesús Montero como vicepresidenta primera y ministra de Hacienda después de casi ocho años estuvo marcado por los elogios de Pedro Sánchez en la intimidad de la Moncloa. Para el presidente del Gobierno, las elecciones de Andalucía no son unas elecciones más. Son una cuestión personal: quien se medirá en las urnas es su número dos en el Ejecutivo y en el partido. Si hay un plebiscito al sanchismo de entre las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, será precisamente el 17 de mayo. Si hay unos comicios que vayan a medir su grado de agotamiento, también son estos.

En enero de 2025, casi nadie entendió la decisión de Sánchez de prescindir de su vicepresidenta para enviarla a una misión suicida en Andalucía. Su apuesta no era a corto plazo, no para derribar a Juanma Moreno en 2026, sino a medio y largo. El presidente quiere recuperar al electorado durmiente que el PSOE tiene en Andalucía, que se activa y desactiva en función del tipo de elecciones. De ahí que optara por la andaluza más universal del PSOE.

En las elecciones generales de 2023, el PSOE obtuvo en Andalucía 584.000 votos más de los que había obtenido en las urnas de las elecciones autonómicas de 13 meses antes, con Juan Espadas como candidato. Y 9,4 puntos de porcentaje de voto más. Son esos casi 600.000 votantes el objetivo de Sánchez, de ahí la elección. No todos, sino los suficientes para arrebatar al presidente andaluz la cómoda mayoría absoluta de la que ha disfrutado los últimos cuatro años.

Desde la Moncloa defienden que Montero no solo no es un lastre para las expectativas electorales del PSOE en Andalucía, sino que es «un valor y un activo». «No se puede tener mejor candidata en Andalucía que María Jesús Montero. Ha hecho una gestión inmejorable», afirman. Pero lo cierto es que las encuestan de todos estos meses no han detectado un efecto Montero. Al contrario: la exvicepresidenta puede caer por debajo de los 30 escaños -con el 24 % de los votos- que su antecesor dejó en herencia en el Parlamento de Andalucía.

Claro que en el Gobierno también sostienen, hoy, que la operación Alegría en Aragón fue un éxito. En el sentido de que la exportavoz evitó una catástrofe electoral mayor del PSOE de Aragón, según defienden. Y eso que igualó el peor registro histórico del partido, con 18 escaños. Aunque nunca se sabrá si otro candidato habría obtenido mejor o peor resultado.

La portavoz del Ejecutivo en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros y la propia Montero en una comparecencia posterior en Sevilla dieron ayer evidentes señales de cuál será el leit motiv de la campaña socialista: la gestión de Montero al frente del Ministerio de Hacienda ha dotado a Andalucía de los mayores recursos para los servicios públicos y, por el contrario, estos están peor que nunca -dicen-. Especialmente, la sanidad.

En esa comparecencia desde la capital hispalense, la candidata socialista planteó estos comicios como un «referéndum sobre la sanidad pública» ante el «colapso sanitario» que, según ella, padece Andalucía. También recordó el sacrificio que ha hecho abandonando todos sus cargos en el Gobierno para volver a casa. No habló de sus obligaciones incumplidas, especialmente la presentación de unos Presupuestos, algunos, en toda la legislatura. Tampoco habló de la reforma del modelo de financiación autonómica.

El resultado de Carlos Martínez en las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo ha trasladado más presión a Montero. Porque un alcalde de provincias funcionó mucho mejor de lo que lo había hecho un mes antes la exportavoz del Gobierno y exministra de Educación en las elecciones de Aragón. Sánchez hará varias apariciones en la precampaña y en la campaña. Otra cosa es cuánto arrimen el hombro los alcaldes y el resto de cuadros provinciales y locales, que son pieza clave en el engranaje. «Cuando el partido se pone… lo que pasa es que el partido tiene que echarle a esto garra», señaló la expresidenta andaluza Susana Díaz ayer en Cuatro.

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