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Ana Iglesias, autora de 'Una locura de familia', junto a su marido y sus 10 hijosCedida

Ana Iglesias, madre de 10: «Hoy es inviable tener diez hijos con dos sueldos de mil euros cada uno»

Con más de cuatro millones de seguidores en redes, la autora de 'Una locura de familia' explica cómo es el día a día de su hogar y por qué la autoexigencia de los padres está vaciando de niños las familias

Aunque acaba de lanzar Una locura de familia (Esfera de los libros), a Ana Iglesias (1983) parece que no le cuadra el tópico de que publicar un libro es un parto, porque aunque el esfuerzo de escribir siempre tiene lo suyo, palidece ante la realidad de su día a día (y de sus propios alumbramientos): una familia supernumerosa, con 10 hijos que son, todos aún, menores de edad.

El secreto para que semejante escenario no les haga perder la alegría a ella y a su marido Jesús, y permita que las necesidades emocionales de cada uno (y las básicas, claro) estén cubiertas, está, dice, en tomarse las cosas del día a día con orden y responsabilidad compartida, con sentido del humor... y con una sana distancia.

Y ellos lo hacen con tanta naturalidad que, con los destellos de su hogar que muestran en redes sociales han logrado una legión de seguidores: casi 3 millones en TikTok, más de 750.000 en Instagram, y medio millón en YouTube.

–¿Tener diez hijos es una locura desquiciante, de esas que desbordan mental y físicamente, o es más bien una «diversión alocada» que permite disfrutar a pesar del caos?

–Pues a pesar de que hay momentos en los que te puedes ver desbordado y, obviamente, estresado, cuando acaba el día lo ves como algo divertido. Y todo aquello que en un momento puntual te ha podido desquiciar, lo ves hasta divertido y te ríes, y piensas que cuando sean mayores recordarás todo ese jaleo con nostalgia.

–Hoy se habla mucho de maternidad, pero a menudo desde modelos muy idealizados o hiper presentes, volcados, como mucho, en uno o dos hijos. ¿Qué ha querido contar que normalmente no se cuenta?

–A través de este libro representamos la otra realidad: la de aquellos padres que no pueden quedarse en casa y que diariamente compaginan el trabajo y la familia lo mejor que pueden. Esos padre y madres que se sienten impotentes cuando su hijo no quiere comer, a pesar de haber cortado la calabaza con forma de flor, que te pintan las paredes a la mínima que encuentran que olvidaste el bolígrafo sobre la mesa, o que por la noche sienten que lo más divertido de ir a dormir es jugar con sus hermanos sin ser descubierto.

Nosotros, como muchos otros padres, también en su día fuimos a una escuela de padres, pero al final te das cuenta de que son consejos que no sirven a todos por igual y que tienes que buscar la manera de adaptarlos a ti. Porque cada familia tiene que encontrar su propio camino para hacer frente a todas esas situaciones que a diario nos desbordan como padres y madres. Y en este libro os enseñamos cómo lo hacemos nosotros para enfrentar todas estas situaciones y lidiar además con diez niños.

–En una familia tan grande, la organización es una condición para sobrevivir. ¿Qué habéis aprendido a fuerza de prueba y error sobre tiempo, rutinas y prioridades?

–La rutina es vital, y tratamos de no desviarnos mucho porque cuando nos salimos por completo, cuando surgen planes nuevos, los niños comienzan a descontrolarse y la situación se puede volver caótica. Y créeme que no quieres encontrarte en esta situación, porque es realmente estresante. Por eso intentamos seguir una rutina diaria, respetar los horarios y todos los días repetirles mucho lo que toca a cada rato.

Aún así, es fundamental que ellos colaboren. Como yo les digo: no cuesta lo mismo que cada uno recoja su plato a que uno se encargue de recoger todos.

Al margen de eso, cuando vives en una familia tan numerosa es necesario relativizar y priorizar.

–¿A qué se refiere?

–A que hay que restar importancia a según qué cosas. Creo que pretender que todo sea perfecto no hace sino generar a muchas madres un gran sentimiento de culpa, por sentirse incapaces de llegar a todo. Y es que precisamente se pierde mucho tiempo cuando quieres que todo sea perfecto.

Yo tengo el mismo tiempo que tú, pero con diez hijos; así que quizás es sólo que yo le dedico menos a según qué cosas, o quizás también pido a mis hijos que colaboren aún a riesgo de que la cama no quede perfecta o me dejen el frigorífico descolocado mientras guardan la compra. Al final, el día a día nos ha ido mostrando el mejor camino.

Yo tengo el mismo tiempo que tú, pero con diez hijos; así que quizás es sólo que yo le dedico menos a según qué cosas, o que pido a mis hijos que colaboren más, aún a riesgo de que la cama no quede perfecta

–Insiste en que el gran legado no es sólo ser muchos, sino sostenerse unos a otros. ¿Cómo se construye esa unidad entre hermanos a lo largo de los años, con esa diferencia de edades y momentos de «excesiva cercanía» que puede provocar roces?

–Que haya roces es normal. Una cosa no quita la otra: mis hijos pueden discutir por un juguete, pero cuando falta uno todos en seguida se preocupan por su estado. Hemos vivido algún susto y es cuando realmente he podido comprobar la unión que hay entre ellos.

La unión a pesar de la diferencia de edad surge de manera natural. Por lo general, tienden a jugar con los más cercanos por edad, pero al mismo tiempo los mayores con frecuencia echan una mano a los pequeños cuando lo necesitan. Los ven más pequeños e indefensos y tienden a tener contacto muy estrecho con ellos: les llevan de la mano, a caballito o juegan al pilla pilla porque les hace gracia su forma de reír.

Hay quien al ver mis videos piensa que obligo a los mayores a encargarse de los pequeños, pero la realidad es que surge de manera natural.

–¿Y cómo se logra estar pendiente de las necesidades profundas de sus hijos (esas que en ocasiones cuesta tanto descifrar) siendo tantos?

–Normalmente ves algún cambio de comportamiento. Precisamente porque tenemos todo muy marcado, cuando ves que uno está más irascible, hace las cosas con desgana o quizás actúa fuera de lo normal, rápidamente hablamos con él y tratamos de ver qué pasa.

Aunque son muchos, siempre hay un momento para cada uno: la salida del cole, el viaje de camino a casa, mientras hacemos la cena, en el baño… pero si detectamos que alguno está pasando por un mal momento, priorizamos eso y les hacemos saber que por encima de todo están ellos. De ahí la importancia de relativizar: no pasa nada si esos días no todo sale perfecto.

–Uno de los tópicos más habituales es que para tener muchos hijos, hace falta ser tener mucho dinero. ¿Es cierto? ¿Basta con ordenar las prioridades o también tener sueldos altos?

–Depende del nivel de vida que quieras tener. Hay familias que con poco se administran muy bien y no dejan de hacer planes, solo que más económicos, como salir al campo y disfrutar de un picnic; luego hay otras que llevan un nivel de vida medio y se pueden permitir salir a comer por ahí, viajar y darse algún que otro caprichito pero sin perder la cabeza, y luego hay otras para las que el dinero nunca será una preocupación.

Vería impensable tener diez hijos con dos sueldos de mil euros cada uno. Hay que ser conscientes y responsables, y entender que te comprometes de por vida a tirar hacia adelante pase lo que pase

Pero sí que te digo que vería impensable tener diez hijos con dos sueldos de mil euros cada uno. Creo que hay que ser conscientes y responsables, y entender que te comprometes de por vida a tirar hacia adelante pase lo que pase.

–Tener muchos hijos suele provocar admiración en unos y desconcierto en otros. ¿Qué reacciones encontráis más?

–La verdad es que, como bien comentas, hay de todo. Prefiero, obviamente, quedarme con las positivas, las de ánimo y admiración, porque hay demasiada gente que critica en todos lados. Es gente que siente que, como ellos no son capaces de tener 10 hijos, tú no debes hacerlo porque tú tampoco puedes ser capaz.

Supongo que el prejuicio más repetido es el de que las familias numerosas tenemos hijos para vivir de ayudas.

–¿Y es así? Porque yo tengo cuatro, y si ese escenario es real, yo estoy fuera y tal vez esté perdiendo dinero...

–A día de hoy hay familias numerosas con ayudas, pero no es por ser familia numerosa, sino porque están en situaciones de vulnerabilidad. La gente que trabaja no tiene tantas ayudas, y lo mismo sucede con familias como la nuestra. Sí que existe una deducción importante en la Declaración de la Renta. Pero no es tan significativa como para que compense económicamente tener tantos hijos. Otras ayudas que reciben muchas familias son el bono de la luz, un descuento en el IBI, y ayudas por ejemplo en la matrícula para cursar estudios superiores. En nuestro caso, nosotros por circunstancias ni siquiera estamos disfrutando actualmente de algunas de esas ayudas.

La gente piensa que para nosotros todo es más barato, cuando en realidad algunos descuentos como el que te puedan dar en el cine o en tiendas de ropa son los mismos que puede conseguir cualquier consumidor por el mero hecho de suscribirse a una newsletter o tener carnet de socio. Es inviable que una familia numerosa viva exclusivamente de las ayudas a familias numerosas. Hay que distinguir estas ayudas de otras como el ingreso mínimo vital, que nada tiene que ver.

–En redes sociales mostráis vuestra vida cotidiana con mucha naturalidad, pero, ¿dónde está la frontera entre compartir para ayudar a otras familias y proteger la intimidad del hogar?

–Nosotros compartimos información que tiene que ver con la organización de nuestra familia y nuestro estilo de vida como familia numerosa, pero vemos clara la línea entre eso y mostrar las notas de nuestros hijos, sus fobias, enfermedades, etc. No hay problema en que te muestre el tamaño de la sartén de mi casa, o cómo nos sentamos en la mesa, pero no te voy a contar lo que me dijo el tutor de mi hijo en la reunión del segundo trimestre.

No hay problema en que te muestre el tamaño de la sartén de mi casa, o cómo nos sentamos en la mesa, pero no te voy a contar lo que me dijo el tutor de mi hijo en la reunión del segundo trimestre

Creo que lo que cada familia o cada persona considera íntimo es muy subjetivo. A día de hoy hay gente que camina por la calle en pijama mientras para otros mostrarse en pijama es algo muy íntimo. Tratamos de no compartir información sensible de mis hijos; es cierto que los puedo mostrar viendo la tele, jugando en la playa o comiendo en un restaurante, pero considero que son momentos en los que además ellos saben que están siendo grabados, y siempre lo hago cuidando mucho su imagen. Si alguno es mejor o peor académicamente, si tienen alergias o si están bautizados es información que no necesitamos compartir para mostrar cómo es la organización de una familia numerosa.

–Para una madre o un padre que solo tiene uno, dos o tres hijos pero vive igualmente desbordado, ¿qué idea te gustaría que se llevara de este libro?

–Que es cuestión de relativizar y confiar en que los niños pueden aportar mucho más de lo que creemos, desde muy corta edad. No es trasladar tu labor como padre o madre, sino dejar que se responsabilicen de lo suyo y que echen una mano en caso de ser necesario. Eliminar esa autoexigencia de «todo tiene que ser perfecto para poder considerarme buen padre o madre».

–Por último, ¿qué es lo que yo no he preguntado y es importante decir? O, dicho de otro modo, ¿cómo quiere terminar esta entrevista?

–Que la sociedad cada vez es más exigente en lo que a maternidad y paternidad se refiere. Muchos padres prefieren no tener más de uno porque piensan que para ser padre hay que volcarse al 100% en tu hijo, y por tanto no ven opción a tener un segundo hijo ante la imposibilidad de dar otro 100% a un segundo.

Cada día, cientos de padres y madres se sienten señalados por otros padres con otro nivel de vida y otras circunstancias, porque las suyas quizás les impidan poder pasar la tarde sentados con sus hijos jugando o haciendo la tarea. Obviamente son tus hijos y no te tienes que desentender de ellos; está bien jugar con ellos un rato, pero también está bien que aprendan que pueden aburrirse.

¿Por qué tiene que ser malo que aprendan a jugar solos o con sus hermanos? ¿Por qué no deben hacer los deberes solos y responsabilizarse de sus tareas? Hemos llegado a un punto en que si mi hijo no sabe lo que tiene que hacer de deberes porque no lo apuntó en la agenda, y al día siguiente lo lleva sin hacer, parece que es responsabilidad de los padres.

Siento que, a diferencia de años atrás, cuando los niños se entretenían hasta con un avión de papel y se buscaban la vida para aprobar el curso, ahora parece que no eres buen padre o madre si no estás encima de ellos, vigilando y controlando cada uno de sus pasos para que su vida sea perfecta, evitándoles experimentar lo que para nosotros pudo suponer el fracaso en algún momento de nuestra vida. Y yo me pregunto: ¿con eso les estamos haciendo un favor?