José Antonio y Alicia, junto a sus hijos Javier(13), Jaime(12), Samuel(10), Alicia(7), Eva(3) y Rut (5m)
José Antonio, padre de 6 hijos: «Me han dado muchos consejos, pero cada día es una aventura»
Junto a su esposa Alicia, José Antonio ha levantado un hogar que forma parte del 1% de familias españolas con seis hijos. Una paternidad múltiple que, dice, «me hace más consciente de mis limitaciones, y me ha vuelto mucho más miedoso»
Asus 45 años, José Antonio Castelbón es, podríamos decir, un ejemplar poco común entre los padres de España. El motivo es que el hogar que ha construido junto a sus esposa Alicia forma parte de ese pequeño 1% de matrimonios que en nuestro país tienen 6 hijos.
Un porcentaje que, de hecho, se ha reducido a la mitad en el último año, según el Estudio sobre las Familias Numerosas en España 2025 que elabora la FEFN, la entidad que aglutina a los más de 800.000 grandes hogares de nuestro país.
Hace ya tres años que pasaron la «frontera de la cordura social». Esa que marcan los cuatro hijos, que por entonces eran Javier, Jaime, Samuel y Alicia. Porque aunque la mayoría de las familias numerosas de España tienen prole de tres (en total, casi seis de cada diez grandes hogares), el cuarto hijo es una aventura «socialmente razonable» de la que forman parte el 14% de estas familias. Esas que aportan el activo más valioso en tiempos de invierno demográfico y pensiones inciertas: el capital humano.
A partir de ahí, los porcentajes se desploman, en un reflejo inversamente proporcional al impacto que su testimonio causan en su entorno. Porque, al final, los datos palidecen ante la evidencia de las personas. ¿O quién en su sano juicio no es capaz de ver que para esos cuatro niños no puede haber regalo mayor que el que sus padres les han hecho con las dos pequeñas que vinieron después, Eva y Rut, esta última hace sólo cinco meses?
Ingeniero Técnico de Sistemas de profesión, José Antonio acude con frecuencia al oratorio de San Felipe Neri de Alcalá de Henares. Y, con ocasión de la cercana festividad de san José, ha sido entrevistado por la delegación de medios de la ciudad complutense para hablar los desafíos que entraña la paternidad en la era de la Inteligencia Artificial, de su propia experiencia como cabeza de una familia tan numerosa, y de si, con la mira puesta en las primeras comuniones de esta primavera, es buena idea regalarle el móvil a un hijo.
–¿Siempre quiso formar una familia y ser padre?
–Hubo un momento de pequeño que me plantee la idea del sacerdocio. Tuve un gran cariño a don Manuel Palero [un venerable sacerdote, muy conocido en la diócesis complutense, que falleció en 2020]; para mí fue un padre espiritual en mi infancia y parte de la adolescencia, y quería ser como él. Pero eso nacía del cariño y la admiración, y me duró poco.
–¿Y cómo llegó esta vocación?
–Un amigo me dijo una vez que la vocación al matrimonio no es una vocación «general» a un estado, sino particular por una persona. Esa persona que Dios ha pensado para ti. Mi vocación, sin duda, llegó con mi mujer.
–¿Se aprende a ser padre?
–Esa pregunta es difícil. Aprender quiere decir hacerlo cada vez mejor, y eso no sé si sucede. Es cierto que uno ve los fallos que ha ido cometiendo e intenta corregirlos, pero tampoco sabe si los corrige bien. Creo que los padres vivimos en un constante dilema, buscando hacer siempre lo mejor para nuestros hijos, pero sin saber si lo estamos haciendo realmente
Los padres vivimos en un constante dilema, buscando hacer siempre lo mejor para nuestros hijos, pero sin saber si lo estamos haciendo realmente
–¿Los consejos que se reciben de familiares y amigos sirven, o cada día es «una aventura»?
–Creo que ambas cosas. Yo he recibido consejos, sobre todo de mis hermanos, que me han sido muy útiles y que aún lo son. Pero que cada día es una aventura, eso por supuesto.
–¿Y cuál es el mejor consejo que le han dado con respecto a la paternidad?
–El mejor consejo me lo dio mi padre siendo yo pequeño, cuando me dijo que él no era mi amigo, que era mi padre. Es una cosa que no entendí bien hasta que no tuve hijos. Un padre es muy diferente a un amigo, lo que no quita para que busquemos –o intentemos buscar– una relación de cercanía e intimidad con nuestros hijos. Pero si intentamos ser amigos de nuestros hijos, los dejamos huérfanos.
–Desde que nació su primer hijo hasta el nacimiento del último, ¿en qué ha cambiado a nivel personal?
–Bueno, creo que, entre otras cosas, me he vuelto más consciente de mis limitaciones, y me he vuelto mucho más miedoso. Eso ha hecho que ponga muchas más cosas en manos de Dios.
José Antonio y Alicia
–¿Y cuáles son los principales valores que reciben sus hijos de su parte y de la de su esposa?
–Los dos intentamos vivir, de la mejor manera que podemos, la vida que nuestros padres vivieron con nosotros –de la mejor manera que pudieron–: una vida trabajadora y honrada, en el seno de una familia que tiene el deseo de poner a Cristo en el centro, aunque no siempre lo consigue. Los valores que ellos extraigan de eso es parte del camino que tienen que hacer.
–En un mundo tan revuelto como el actual, ¿es fácil educar a seis hijos?
–No. Ahora la presión social es muy fuerte con temas de móviles, redes sociales, ideología de género… Y creo que una de las cosas en las que hemos encontrado más dificultad es no dejarnos llevar por la corriente dominante cuando esta va en contra de algo que hemos decidido hacer, o no hacer.
–Hoy, los conceptos de «masculino» y «femenino» han sido manipulados hasta el punto de cuestionarse. ¿Cómo logran educar a sus hijos en una sana masculinidad y a sus hijas en una sana feminidad?
–¿Lo logramos? No sabría responder a esto. Lo que es seguro es que tenemos cuidado con las cosas que se ven o se leen en casa. Intentamos enseñar a los niños el pudor y lo importante que es respetar la intimidad de los demás. En el día a día cotidiano ellos ven las muestras de cariño que sus padres tienen entre sí. Y, además, haber tenido la suerte de tener hermanos y hermanas es también una escuela para ellos.
Intentamos enseñar a los niños el pudor y lo importante que es respetar la intimidad de los demás. Haber tenido la suerte de tener hermanos y hermanas es también una escuela para ellos.
–Conociendo los entresijos del mundo informático, ¿los menores deberían poder acceder a internet con libertad o se debe impedir ese acceso sin tutela?
–Internet es un mundo bastante hostil, hasta para los que se manejan en él. Si la gente supiera las personas que sus hijos pueden encontrar en los juegos online, o los contenidos que pueden ver, se espantarían. Desde mi punto de vista, es muy imprudente dejar a un menor moverse por internet o por los juegos online libremente.
–¿Sus hijos acceden a internet?
–Sí, pero tengo activo el control parental en todos los dispositivos: tablets, consolas y ordenadores. Cada uno accede con su cuenta personal, vinculada a la mía. Y puedo ver todo lo que hacen con ellas. Además, en los juegos online, el chat sólo está activo para hablar con los amigos, y solo añaden como amigos a la gente que conocen.
–¿Considera positivo que sus hijos conozcan la IA?
–Lo considero inevitable.
–¿Y qué recomendaciones da para que los padres no le tengan miedo?
–Es un tema en el que tenemos que implicarnos activamente. La digitalización de nuestros hijos no es que vaya a llegar, es que han nacido con ella. Lo bueno es que existen herramientas a nuestra disposición para evitar un mal uso por parte de los niños. Usémoslas, y no tengamos miedo a revisar qué hacen los niños con los ordenadores y los móviles.
José Antonio y Alicia, junto a sus seis hijos
–¿El móvil debe ser el «regalo de primera comunión»?
–Creo que no. Si ya nos cuesta a nosotros no ser esclavos de un móvil, imagina a un niño de siete u ocho años.
–¿Cómo influye su conciencia de hijo de Dios en su forma de vivir la paternidad con sus hijos?
–Yo me enfado mucho con mis hijos cuando no hacen lo que les pido. A veces me desespero porque tengo que repetirles todo cien veces, y no consigo nada. Luego voy a confesarme y veo que yo hago lo mismo: no hago las cosas que debo, y caigo en las cosas una y otra vez. Aun así, Dios siempre es paciente conmigo y no se enfada. Así que pienso que es así como debo ser con mis hijos… y vuelvo a empezar para intentar hacerlo mejor.
–¿Ser padre te quita libertad?
–Todos estamos llamados a entregar la vida; unos de una forma, otros de otra. Unos cuidando de nuestros hijos, otros de unos padres enfermos, otros rezando escondidos en una celda de un convento… Esa es la paradoja del hombre, que es más libre cuanto más entrega de sí mismo. ¿Qué esto supone renuncias? Por supuesto. Pero uno se va dando cuenta de que eso a lo que renuncia, y que le parecía importante, realmente era accesorio, y que se está quedando con lo realmente valioso.
Todos estamos llamados a entregar la vida; unos de una forma, otros de otra. Unos cuidando de nuestros hijos, otros de unos padres enfermos, otros rezando escondidos en una celda de un convento…
–¿Desaparece el egoísmo cuando eres padre?
–Me gustaría decir que sí, pero no sería verdad. Mi mujer dice que he mejorado, pero es porque me mira con buenos ojos.
–¿Y cómo fue el momento en el que se dio cuenta de que su novia era la mujer de su vida?
–Bueno, Alicia no fue la primera novia que tuve, y con otras personas siempre hubo una pregunta, una duda, alguna cuestión no resuelta... Pero con ella, desde el primer día, fue como estar en casa. Discutimos, como todos, pero no recuerdo un día en que haya dudado.
–¿Qué cualidades destacaría de ella?
–Alicia es una mujer con los pies en la tierra y los ojos en el cielo. Su fuerza de voluntad, su claridad para discernir las cosas y su capacidad de entrega aún me siguen sorprendiendo tras 19 años. Y la paciencia que tiene conmigo…