Fundado en 1910

Sandra, Juan y sus tres hijosDiócesis de Alcalá de Henares

Sandra, madre de 3 hijos: «Renuncié a un aumento y a un ascenso para no perderme la infancia de mis hijos»

Sandra Llorente es enfermera y tiene 38 años. Cuando tenía 17 conoció a Juan, y tras 10 años de noviazgo se casaron en 2015. Hoy tienen 3 hijos –uno de ellos con una enfermedad congénita que le obligará en unos años a pasar por el quirófano–, aunque su implicación y fecundidad en la vida familiar traspasa los muros de su hogar.

Ambos imparten cursos de preparación al matrimonio, colaboran con el Centro de Orientación Familiar de la diócesis de Alcalá de Henares, y forman parte de la Delegación de Familia y Vida de la diócesis complutense, colaborando en la organización de actividades para matrimonios y familias.

Precisamente ha sido la delegación de medios de la sede alcalaína la que ha hablado con Sandra para que explique los cambios que supuso para ella convertirse en madre, cómo afrontan la enfermedad de su hijo o el modo en que viven aspectos tan elementales como la conciliación, la educación de sus hijos o la transmisión de la fe.

– Si tuviera que explicar en pocas palabras qué es «ser madre», ¿qué diría?

– Creo que si hay una palabra para definir la maternidad es la entrega. De manera casi inconsciente, al menos para mí, al convertirme en madre comenzó a brotar esa actitud de poner a otros por delante de mí, de la que antes no me había sentido capaz, aunque seguramente siempre había estado ahí latente.

– ¿Siempre quiso ser madre, fue algo que fue naciendo poco a poco, o le llegó de golpe?

– Creo que siempre fue un deseo que estuvo en mi corazón, aunque he de confesar que nunca he sido muy «niñera». Mi marido a menudo dice que le he sorprendido en mi maternidad, porque el cambio fue radical: de verme con los niños de los demás a verme con nuestros propios hijos. Aunque he querido y quiero mucho a todos los niños que tengo alrededor, de familia, amigos, etc., hay algo realmente único en el amor de una madre por sus hijos, que es imposible de explicar.

Hay algo realmente único en el amor de una madre por sus hijos, que es imposible de explicar

– «Si no puedo cuidar bien de mí misma, ¿cómo voy a cuidar de otro ser humano?» Este es un pensamiento recurrente en muchas mujeres jóvenes que sienten reticencia ante la idea de ser madres. ¿Qué les dirías?

– Pues les diría que estoy de acuerdo, pero que no es incompatible. Ser generosa y entregada no es incompatible con ser responsable y saber reconocer lo que necesitas cuidar en ti, para que luego esa entrega sea real y que tus hijos la perciban como algo de calidad.

Además, uno nunca está solo. A menudo las mujeres pensamos que tenemos que ser capaces de hacerlo todo solas, y que si no podemos, somos un fracaso. No pasa nada por reconocer que a veces no podemos, por pedir ayuda a mi marido, para que me libere unas horas, tome los mandos del barco y yo me vaya a hacer deporte, leer un libro o lo que sea que en ese momento me ayude a recuperar la paz para volver a casa con alegría.

Sandra Llorente colabora formando a matrimonios en la diócesis de Alcalá de HenaresDiocesis Alcalá de Henares

Cuando sales un poco de ti misma, descubres que todo el mundo se siente así en algún momento. Para mí, en esto han sido de gran ayuda los grupos de matrimonios y las amistades con otras madres, porque te ayudan a darte cuenta de que lo que tú vives es lo que viven los demás. Esto te hace darte cuenta de que no eres un bicho raro y aprendes muchísimo de las experiencias de las demás. Y casi siempre, sólo con contarlo, ya es un descanso.

– ¿Podría compartir una experiencia en la que tuviera que renunciar a algo que considerabas importante por el bien de sus hijos?

– Hace unos años se me planteó una promoción a nivel profesional y lo valoramos en casa detenidamente. Mi marido siempre me ha apoyado en cualquier decisión, y se ha ofrecido incluso a sacrificarse él laboralmente si era necesario, si eso iba a suponer beneficio para mí. Sin embargo, tras pensarlo muy bien, me di cuenta de que, aunque pudiera parecer un sacrificio (en mi entorno laboral no se entendió del todo) para mí era perder tiempo de la vida de mis hijos que no iba a volver. Suponía un aumento de sueldo, pero también un aumento de horas de trabajo y de carga mental. Y para mí estaba claro, en ese momento, que mi prioridad eran mis hijos y que nada podía sustituir la presencia de su madre en casa.

– Está muy implicada en la pastoral familiar de Alcalá de Henares. ¿Cuál ha sido su mayor prueba de fe siendo madre?

– Gracias a Dios no creo que hayamos tenido pruebas de fe duras como familia, pero cuando estaba embarazada de Juan, nuestro segundo hijo, en la semana 20 le diagnosticaron una malformación que afecta aproximadamente a 1 de cada 700 niños. Venía con una fisura de labio y paladar y no sabríamos cuál era la afectación real hasta el momento del parto, porque en las ecografías no lograba verse claramente. En ese momento pasa de todo por tu cabeza: ¿He hecho algo para provocar esto a mi hijo? ¿Seré capaz de cuidarlo sea cuál sea su nivel de afectación? ¿Será capaz de hablar y relacionarse de manera adecuada con los demás?

Todas esas preguntas provocaron mucha oración, que vino a ser justo lo que necesitaba en ese momento. Para mí fue un golpe duro, porque me di cuenta de que estaba viviendo mi vocación y mi relación con Dios como un formalismo, un listado de tareas que tenía que cumplir, y me había olvidado de vivirlo como una relación de amor. Había dejado de fiarme de Él y poner mi vida en Sus Manos. Desde ese momento cambié mi manera de ver las cosas y comencé a fiarme de que mi vida y, sobre todo, la de mis hijos, están en Sus Manos. Mi hijo es un niño sano y alegre, que tendrá que pasar por varias operaciones hasta que tenga unos 14 años pero con una vida maravillosa.

– ¿Qué recomienda a las madres que tienen problemas con sus hijos?

– Creo que es arriesgado dar consejos, porque cada mujer puede estar en una situación muy difícil. Lo que sí puedo decir es que para mí siempre ha sido fundamental poder apoyarme en mi marido para cualquier cosa que tuviera que ver con mis hijos y verle como un aliado, es el mejor apoyo que puedo tener.

Para mí siempre ha sido fundamental poder apoyarme en mi marido para cualquier cosa y verle como un aliado

– ¿Cómo ha vivido la conciliación de su trabajo como enfermera con la maternidad?

– Desde que acabé la carrera he tenido varios trabajos: en el hospital en varios servicios diferentes, en salud laboral y, desde hace 11 años, gestionando proyectos digitales de salud. Siempre me asustó un poco saber cómo iba a poder conciliar mi trabajo de enfermera con los hijos, porque veía que no era fácil; pero no por ello dejé de estudiar lo que me apasionaba.

Sandra y Juan, su marido: 10 años de novios y 11 de casadosDiócesis de Alcalá de Henares

Decidí fiarme de Dios y la verdad es que no me ha defraudado para nada; he tenido lo que necesitaba justo cuando lo necesitaba para poder cuidar de mi familia. El trabajo que tengo ahora mismo no creía que fuera posible cuando estaba estudiando, y sin embargo puedo decir que me llena completamente, y que gracias al horario me permite cuidar de mis hijos tal y como lo necesitan.

– Al nacer el primer hijo lo normal es que este se lleve casi toda la atención de la madre. ¿De qué forma afectó esto a su matrimonio?

– Ese fue un momento muy importante en nuestro matrimonio. Hay mucha gente que nos conoce ahora y nos pregunta cómo llevamos ser familia numerosa, o cómo fue cuando llegó el tercer hijo. Siempre contestamos lo mismo: el cambio fuerte fue de 0 a 1, porque pasas de ser tú con el otro a tener a una personita que es completamente dependiente de ti y que te necesita para todo, te cambia completamente y es una adaptación constante.

El aprendizaje más importante que sacamos es que lo más importante es nuestro matrimonio y, que si nosotros estamos bien, nuestros hijos estarán bien; por eso intentamos encontrar tiempos para ser sólo nosotros y dedicarnos tiempos para cuidar el uno del otro, y así luego poder cuidar de nuestros hijos.

Lo más importante es nuestro matrimonio porque si nosotros estamos bien, nuestros hijos estarán bien

– ¿En qué ha cambiado desde que se convirtió en madre? ¿Y en qué ha cambiado su marido?

– Creo que yo he crecido, sobre todo, en paciencia. Y mi marido en capacidad de entrega con los niños, pero también con los demás.

– Después de 10 años de noviazgo y 11 de matrimonio, ¿Qué cualidades de su marido le enamoran?

– Su sentido del humor y su generosidad, sin duda.

– Estamos en mayo, el mes mariano por excelencia. Como madre, ¿qué le pediría a la Virgen María?

– Todos los días le pido que me ayude a ser la madre que mis hijos necesitan y, cuando no puedo con algo, que me ayude a saber guardarlo en mi corazón como hacía ella.