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La importancia de la educación en la familia no es sólo lo material, explica José María ContrerasGetty Images / iStock

Consultorio Familiar

«Me preocupo de que mis hijos estudien, estén sanos, tengan valores, pero ¿basta eso ante el mundo que viene?»

El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la verdadera educación en la familia

Desde que soy madre, me preocupo de que mis hijos estudien, coman bien y estén sanos. Van a un buen colegio y trato de transmitirles los criterios que mis padres me transmitieron a mí. Pero me pregunto, tal y como está el mundo, ¿eso basta para educarlos? Hoy se habla mucho de la educación, pero se concreta poco. Si acaso se dice que hay que poner límites. Pero yo pregunto: ¿Cómo podemos educar de verdad a nuestros hijos ante el mundo que se avecina? ¿Me podría decir algo más?

Qué buena pregunta. Con gran facilidad hoy se confunde lo que es educar con lo que es dar conocimientos a los hijos. Hay personas que creen que, por tener a los hijos en un buen colegio o en clases de idiomas o de programación con Inteligencia Artificial, están educando a sus hijos. No es verdad. Eso es dar formación a los hijos, conocimientos para que puedan ganarse la vida en el futuro. Es verdad que un buen colegio ayuda, siempre y cuando no vaya en contra de la educación que sus padres quieren darle a sus hijos y no ridiculicen los valores que se les enseñan en casa.

Educar lo hacen los padres mostrando a los hijos su vida, sus valores, con alegría. Las caras agrias no educan. Haciéndoles ver que merece la pena vivir de esa manera.

Educar es ilusionar con los valores, es enseñar a diferenciar lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, la libertad del libertinaje y darles argumentos con nuestra vida.

Educar es enseñar a diferenciar lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, la libertad del libertinaje y darles argumentos con nuestra vida

Educar, en el fondo, es enseñar a querer a una persona, mostrar que merece la pena sacrificarse por la verdad, por el bien y por el amor.

Hacer que una persona sea fiable, que tenga criterio y que sepa el porqué de su vida.

Es un triángulo donde se convive con el verdadero sentido de la libertad, la verdad y el amor.

En definitiva, educar es ayudar a crecer a una persona.

Para eso los pares tienen que saber que su influencia sobre sus hijos es muy grande.

Los hijos desde que nacen están viendo actuar a sus padres. Ven lo que hacen y por qué lo hacen.

En nuestros días muchos hijos no son educados. Muchos padres solo se preocupan de que estudien, de que tengan alimento y de su salud.

Eso se puede conseguir con dinero. Pero eso no es educar.

Si en casa nunca se habla de amor, de lealtad, de amistad, de sexo, de espiritualidad, ni del resto de cosas que tiene que ver con la persona en su conjunto –alma y cuerpo–; si se preocupan mucho del cuerpo y nada del alma, del espíritu, la consecuencia es que no se enseña a los hijos a utilizar su libertad porque su voluntad no ha sido educada

Eso lleva consigo que en un futuro, muy cercano, los hijos se dejen llevar por los impulsos, por los deseos, y las decisiones las tomen en función de sus sentimientos.

A la voluntad la alimentan los sentimientos y la formación que una persona tenga. Al no existir esa formación del espíritu de la persona, la voluntad solo decide en función de los sentimientos. Y como los sentimientos no los controlamos, la consecuencia es que estamos a merced de ellos y de ahí que se hagan tantas cosas que no se quieren hacer, pero se hacen porque no hay fuerza de voluntad.

No siento nada por el otro, no me apetece, y demás frases que llevan al fracaso como personas hacen que la lucha por la felicidad se reduzca a luchar no por hacer el bien, sino por tener sentimientos positivos. Y si no se consiguen, como muchas veces ocurre, pues nos los provocamos con drogas, alcohol, sexo, pantallas, redes sociales u otras cosas que pueden alterar el estado de ánimo.

Hay que tomarse más en serio la educación de los hijos porque de ella depende su felicidad. Si los padres no sabemos ni vivimos, los hijos no sabrán ni vivirán.

¡Animo que merece la pena!

  • José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com