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Famoso retrato del escritor.Shutterstock

La Familia en una Frase

Oscar Wilde, escritor: «Una vida sin amor es como un jardín sin sol cuando las flores han muerto»

Con su estilo evocador y provocativo, el célebre escritor dejó un casi inabarcable número de citas sobre la importancia que amar y ser amado tiene para la vida de cualquier persona

Óscar Wilde fue un maestro de la paradoja. Y no solo en su obra, sino en su propia vida, que estuvo cuajada de contradicciones y claroscuros.

En sus relatos, novelas, dramas y poemas, el célebre escritor británico lo mismo podía burlarse del matrimonio y ridiculizar las convenciones sociales que, al tiempo, dejar frases de una hondura sorprendente sobre el amor, la belleza, el sufrimiento y la necesidad de ser amado.

Tal vez por eso son incontables las citas que se le atribuyen, algunas originales de sus textos y otras apócrifas, nacidas muchas de ellas tras su muerte, cuando quienes le conocieron fueron haciendo públicos recuerdos del estilo «yo le escuché decir...», «a mí una vez me contó...». Internet ha hecho el resto.

Una de esas citas mil veces a Wilde atribuida en recopilatorios de frases célebres es, como mínimo, perfectamente concordante con su estilo evocador, centrado en los asuntos del amor: «Mantén el amor en tu corazón. Una vida sin él es como un jardín sin sol cuando las flores han muerto».

Y aunque conviene ser prudente con las citas wildeanas transmitidas fuera de una edición crítica, la imagen suele darse por buena porque encaja como un guante con su sensibilidad: cuando una pareja pierde el amor, pierde también la luz, la fecundidad y hasta el perfume y la belleza.

El escritor de la belleza herida

Óscar Wilde nació en Dublín en 1854. Por su estilo incisivo e ingenioso, pero también excéntrico y burlón, brilló en Oxford, triunfó en Londres como dramaturgo y ensayista, y se casó con Constance Lloyd, con quien tuvo dos hijos: Cyril y Vyvyan.

La fama y la simpatía que suscitaba le hicieron gustar de las fiestas de sociedad, de escandalizar incluso con su vestimenta y, sobre todo, de los placeres carnales.

Pero, como suele ocurrir, sus excesos le pasaron factura.

Su caída pública se produjo cuando salió a la luz la relación homosexual que mantenía con un joven, menor de edad, llamado Bossy. Un tipo bastante manipulador, a quien Wilde le reconoció, entre otras cosas, que de niño su madre le vestía de niña porque quería una hija, y que por eso tenía desnortada su sensibilidad.

Bossy trató de extorsionarlo y, finalmente, su padre denunció al escritor por perversión de menores. Tras un juicio sumamente mediático, Wilde acabó en la cárcel.

Arrepentimiento y conversión

Aquella experiencia marcó sus últimos años: no solo por la enfermedad que contrajo en prisión —cuyos recuerdos le llevarían a componer el conmovedor poema Balada de la cárcel de Reading, tras exiliarse en Francia— y de la que acabaría muriendo; también, y sobre todo, porque dio pie a una profunda revisión de su vida, un sincero arrepentimiento y una vuelta a la fe cristiana.

Tras el escándalo, Constance cambió el apellido de sus hijos a Holland y se alejó de él. Wilde escribió desde la prisión De profundis, una larga carta atravesada por la culpa, el sufrimiento y la revisión de su vida.

Y tal experiencia da otra luz a sus frases sobre el amor: no son solo fruto del ingenio, sino un modo plástico de hacer tangible el sufrimiento de un corazón altamente sensible.

La conciencia de amar y ser amado

De hecho, otra cita atribuida a Wilde y que habría aparecido en algún artículo periodístico cuyo original hoy se halla perdido, afirma: «La conciencia de amar y ser amado aporta una calidez y una riqueza a la vida que ninguna otra cosa puede aportar».

El autor de obras tan célebres como El retrato de Dorian Gray, La importancia de llamarse Ernesto o El fantasma de Canterville recuerda que el amor no es un adorno, una suerte de complemento sentimental, ni una etapa pasajera de la vida: es el sostén de toda relación que quiere permanecer en el tiempo, y aquello que hace plena la existencia. Como el sol para las flores de un jardín.

La frase de Wilde, leída desde la experiencia de la vida doméstica, deja una advertencia: una vida sin amor puede, en el mejor de los casos, seguir en pie, como un jardín abandonado aún conserva sus muros. Pero sin luz y sin calor, las flores de la belleza y los frutos que garantizan el futuro acabarán muriendo. Igual, exactamente igual, que una familia que no se preocupa por cuidar el amor entre sus miembros termina por verse marchitar y perder aquello que la hacía habitable.