Las discusiones por naderías pueden erosionar mucho un matrimonio, alerta José María Contreras
Consultorio Familiar
«Llevamos diez años casados pero últimamente discutimos muchísimo por tonterías. ¿Qué nos está pasando?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre cómo superar el desgaste que provocan las discusiones en el día a día del matrimonio
Llevo casada 10 años y, últimamente, en mi matrimonio hay muchas discusiones que en realidad son por tonterías. Yo quiero mucho a mi marido y siempre he pensado que él me quiere a mí. Pero ahora, con tanto desencuentro y, además, como le he dicho, por tonterías, me doy cuenta de que mi matrimonio no va como debería de ir. ¿Qué nos está pasando? ¿Me puede decir algo que me haga ver las cosas con más claridad? Gracias de antemano.
Muchas gracias por su consulta, y también a todos los muchos lectores de El Debate cuyas preguntas no tengo tiempo de publicar, aunque sí de leer y responder.
Me decía una persona que en su matrimonio nunca ha discutido por cosas serias, pero que están siempre con tiquismiquis y tonterías. Es muy frecuente esa situación.
En muchas ocasiones, está producida por una cierta rutina que se ha metido por las rendijas de la vida y parece que todo cuesta más. Yo lo primero que le diría es que, si puede, le proponga a su marido el hacer algo nuevo. Por ejemplo, irse un fin de semana a algún sitio o salir dos días seguidos a cenar fuera, solos. Aunque sea unas cañas y unos pinchos. Necesitan estar juntos y hablar de cosas normales. De algo que no sea todo importante.
Tenga en cuenta que, si no se tiene cuidado, la vida matrimonial puede convertirse en un «despachar» con el cónyuge los asuntos pendientes, o en «darse noticias» cuando se ven.
Es bueno hablar, y poner con serenidad asuntos encima de la mesa. Decir cómo me encuentro y por qué. Sin enfadarse, sin culpar al otro. Con el deseo de ser comprendida y comprender.
También hay que tener en cuenta que el «deseo de tener razón» es la droga que más matrimonios destruye. No es el alcohol, ni las drogas duras. Es el deseo de sojuzgar al otro, de que haga las cosas como yo quiero. El no dar nunca el brazo a torcer, el quedar por encima.
Ese deseo se mete en las tonterías más pequeñas; que si tú has hecho esto o lo otro, que si has cogido o no tal o cual cosa... en fin, naderías, pero el querer tener razón hace que se conviertan en una cosa importante.
La soberbia lo hace todo importante, no lo olvidemos. Y esas naderías van desgastando, van haciendo más áspera la convivencia, nos va haciendo tener la sensación de que las cosas no van bien. Una forma de querer con un cariño recio, fuerte, es saber callar y dar la razón. Al final ¡qué más da!
Lo perdonado, está olvidado y no sale más. Si sale cada vez que discutís, es que en realidad no está perdonado.
El perdón, forma parte del amor, y en un matrimonio hay que saber discutir con sentido común. Por ejemplo, no acabar todo en un desencuentro, no echar mano del pasado, y tampoco poner las mismas cosas continuamente encima de la mesa.
Lo perdonado, está olvidado y no sale más. Si sale cada vez que discutís, es que en realidad no está perdonado.
Lógicamente, uno sigue acordándose de las cosas, porque si no, sería que le ha dado una demencia senil repentina... pero no las saca más en las discusiones. Esto es muy difícil, pero es que el amor algunas veces nos pide que sepamos superar estas pequeñas cosas que son el aceite que lo facilita.
Si esto no se hace así, siempre estaremos disgustándonos por las mismas cosas, el matrimonio se irá deteriorando y no sabremos cómo salir de ese bucle.
Para salir, saber callar ante la tontería es un buen remedio, aunque cueste.
Así que, para empezar, aprovechen el verano para irse por ahí un fin de semana, o aunque sea una noche... ¡y a quitarle importancia a las cosas!
José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com