Una de las formas de desamor es no tener en cuenta los sentimientos del otro, alerta José María Contreras
Consultorio Familiar
«Me siento valorado por mucha gente menos por mi mujer, y si se lo digo acabamos peor: ¿Qué hago?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre sentirse reconocido en el matrimonio
Voy a contarle algo que sorprendería a la mayoría de las personas que me conocen. Soy lo que podría decirse una persona de éxito social y profesional, muy reconocida en mi trabajo y con muchos, muchos seguidores. Tengo la admiración de mis amigos, de mis compañeros de trabajo, de mis subordinados, e incluso de parte de la prensa y de la gente que me sigue por redes sociales. Pero quien de verdad me gustaría que me valorase y reconociese es mi mujer. Sin embargo, ella no me lo dice jamás. Al revés: las veces que le he dicho que me siento poco valorado por ella, hemos acabado peor. Confío mucho en su criterio y no me pierdo sus artículos de El Debate. ¿Qué puedo hacer?
En primer lugar, muchas gracias por la confianza con que me ha escrito. Puedo decirle que lo que usted siente, lo experimentan muchas parejas que no son tan famosas, ni salen en la prensa, pero son igualmente reconocidas fuera de su casa, pero no dentro.
Una de las sensaciones más negativas que el ser humano puede tener es la de no ser tenido en cuenta. No de una manera parcial, ni en cosas puntuales, sino de una manera vital y sistemática.
En una relación de pareja este proceso empieza por la rutina de la monotonía. A veces esta va tomando cuerpo desde el mismo momento de la boda. Se considera que el casarse es un punto de llegada y no un punto de partida.
En la medida en que la rutina avanza, no hay forma de que el otro te escuche, ni valore tus sentimientos, ni que se haga cargo de tus estados de ánimo. Personas que en la calle son agradables y amables con todos, se convierten incluso en unos maltratadores psicológicos en casa.
No prestar atención a los sentimientos, las razones, el trabajo o las necesidades del otro es una forma de desapego grande y dolorosa. Sobre todo, si se hace de forma tan continuada que lleva a ignorar al otro. La forma más temida del desamor es la ignorancia.
Este desapego produce un vacío interior, un desasosiego, una dificultad que hace aparecer la vida ordinaria como costosísima, por la soledad y el sinsentido que produce la apatía del otro.
Ese sentimiento negativo se acrecienta, además, cuando se sospecha de que el otro es consciente de lo que me ocurre, y a pesar de todo sigue con su comportamiento, bien sea por comodidad, porque psicológicamente es más fuerte o porque no quiere o no sabe hacer nada para solucionarlo.
Y ese es el momento de hablar despacio, sin nervios ni reproches, diciendo cómo se encuentra uno.
También es muy importante que vea cómo usted mismo cuida su matrimonio. Porque el éxito social y profesional no se mide con los mismos parámetros que la felicidad conyugal y familiar. La implicación fuera, vale para el reconocimiento fuera. Para el reconocimiento dentro del hogar, hace falta implicación y dedicación dentro del hogar.
En la mujer, ese sentimiento de soledad se acrecienta cuando el otro no se da cuenta de sus sentimientos, de cuando es herida, de cuando se siente no escuchada. Y valorar habitualmente el sentimiento del otro es una de las formas más delicadas en que una mujer se sienta querida.
Porque aquí la rutina también cuenta, y cuando se siente tenida escuchada de forma habitual, es consciente de que es tenida en cuenta. Otro punto fundamental es que su opinión cuente, que vea cómo está ocupando su lugar en la relación. Porque cuando no es así, toda la estructura emocional puede venirse abajo.
Atender el sentimiento de nuestro cónyuge lo hace sentirse querido; fundamentalmente, como digo, en el caso de la mujer –aunque siempre hay excepciones–.
El arte de interpretar el sentimiento ajeno es muy importante en una relación. Y muchos hombres no le dan la importancia que tiene. Les parece que no es tan esencial, muchas veces les resultan ñoñerías. Pero no es verdad: es una forma madura de querer. De decirle al otro que es muy importante para él.
«No tiene importancia», dice uno. «Pero a mí me dolió», contesta el otro. Quitar importancia a los sentimientos de los demás es una forma de no querer.
«No tiene importancia», dice uno. «Pero a mí me dolió», contesta el otro. Quitar importancia a los sentimientos de los demás es una forma de no querer.
El hombre, como es su caso, normalmente necesita ser valorado en sus logros, ser admirado por su pareja en aquello que consigue. Necesita que su mujer se lo manifieste, que reconozca lo que se le da bien, incluso que presuma de sus logros ante los demás.
Hoy hay personas que se escandalizan por esto y dicen que no es políticamente correcto. Y así nos va, claro. Porque en la mayoría de los casos, esto se cumple y es fundamental.
De unas décadas a esta parte, estas dos maneras de comportarse son bastante descuidadas en las relaciones, por desconocimiento de lo esenciales que son.
Cuando se llega al punto en el que se encuentra usted, lo primero es examinar su propia conducta. Después, hablarlo serenamente y con ánimo constructivo. Y, en tercer lugar, es el momento de pedir ayuda. No pasa nada grave. Hay que recomenzar, porque el amor es así: en el momento que uno se descuida, viene la sombra del desamor.
Pero lo grave sería no querer pedir ayuda. Un buen terapeuta matrimonial es capaz de ayudar muchísimo a reconstruir el matrimonio. Se lo aseguro: he visto grandes cambios cuando ambos se hacen cargo de la importancia que tiene lo que acabo de decirle. Igual que en su trabajo pediría ayuda externa si una de sus empresas necesitase un crédito o una auditoría, cuánto más vale pedirla para su matrimonio.
José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com