Estatua de Ovidio, símbolo de la ciudad de Sulmona, en Italia
La Familia en una Frase
Ovidio, poeta: «Si quieres ser amado, sé amable»
El gran autor de Las Metamorfosis escribió un manual de seducción pagano, mucho menos conocido, en el que recoge algunas de las verdades más imperecederas del amor.
Ovidio no fue un moralista, ni un mentor de próceres, ni mucho menos un maestro de vida familiar. Fue un poeta brillante, irónico, mundano y a menudo provocador.
Sin embargo, en el Ars amatoria, publicado en torno al año 1 a. C., el autor que compiló en Las Metamorfosis toda la exégesis de los dioses romanos, ofreció a los hombres y mujeres de su tiempo un manual de conquista amorosa, lleno de consejos sobre seducción, deseo, apariencia y estrategia, pero también de intimidad y romances.
En medio de ese contexto, más explícito que ambiguo, aparece una clave esencial para el amor: Ut ameris, amabilis esto. «Si quieres ser amado, sé amable». O, de forma más literal: «Para que seas amado, sé digno de amor».
Un poeta para la Roma libidinosa
Ovidio nació en Sulmona, Italia, en el año 43 a. C. Perteneció a una familia acomodada, estudió retórica en Roma y se convirtió en uno de los grandes poetas latinos. Su obra cumbre fue Las Metamorfósis, donde recopila todos los mitos de los dioses greco-romanos, en una suerte de genealogía que sirve de referencia cultural, pero que se ahorra toda moraleja moral o enseñanza piadosa.
Su vida terminó marcada por el destierro decretado por Augusto, probablemente por razones vinculadas a su obra, a su modo de vida licencioso, y a algún episodio cortesano nunca aclarado.
Por eso, el Ars amatoria no puede leerse como manual edificante de matrimonio. Su contexto es el de la Roma urbana, ligera y corrompida, mucho más interesada en el erotismo libidinoso que en la fidelidad esponsal.
Y, precisamente por eso, la cita destaca sobre el conjunto, porque incluso dentro de una obra de seducción, Ovidio reconoce que no basta con querer ser amado o deseado; hay que convertirse en alguien amable, digno de amor.
El amor no se exige
La cita de Ovidio corrige una tentación muy frecuente en las cosas del amor. La de quien lo reclama sin preguntarse si su modo de vivir facilita o destruye ese sentimiento, y la decisión voluntaria del otro por mantenerlo. Quiere atención, ternura, deseo, admiración o reconocimiento, pero siembra descuidos, reproches, egoísmo o dureza.
En el matrimonio, «ser amable» no significa ser complaciente ni fingir simpatía constante. Significa, más bien, cuidar de aquello que hace posible el amor: la entrega, la paciencia, la delicadeza, la escucha, la gratitud, la disponibilidad.
Un amor amable que no sólo se deposita entre los esposos, sino que también se irradia a los hijos, cuando aprenden que los buenos modos entre sus padres son el humus que necesita el amor para mantenerse en el tiempo.
Hacerse digno de amor
La tradición cristiana irá mucho más lejos que Ovidio: el amor no depende sólo de merecimiento, porque amar incluye perdonar y ser perdonado, donarse y acoger al otro, y querer su bien incluso en su fragilidad. Algo que, sin embargo, no elimina esa parte de responsabilidad personal.
Quien quiere ser amado debe preguntarse, recuerda Ovidio, si está cultivando un carácter amable. Si su presencia descansa o agota a su cónyuge. Si sus palabras construyen o destruyen. Si su casa y su presencia son, en fin, un lugar al que el otro desea volver.