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La diferencia de unos pocos meses puede ser determinante en la vida escolar de un niñoGetty Images / iStockphoto

Mismo curso, casi un año de diferencia: cómo puede afectar a un niño ser de los pequeños de la clase

Dentro de un mismo aula puede haber niños con procesos de desarrollo completamente diferentes por haber nacido con casi un año de diferencia, y los expertos piden tener en cuenta estos factores a la hora de evaluar sus progresos.

Guadalupe y Jacobo son hermanos. Actualmente, Guadalupe tiene 9 años y cursa cuarto de Primaria, mientras que Jacobo, a sus 8 años, acaba de empezar tercero. Lógicamente, el nivel de desarrollo y de conocimientos de cada uno es muy distinto, y ambos van perfectamente adaptados al ritmo propio de su edad.

Sin embargo, hay un detalle que podría haber cambiado radicalmente sus vidas. Sobre todo, la del pequeño.

Porque entre Guadalupe y Jacobo hay únicamente once meses de diferencia: ella nació en mayo y él, en abril del año siguiente. Por eso, si en lugar de haber nacido ambos en primavera lo hubieran hecho unos meses después –ella en enero y él en diciembre–, hoy los dos estarían en la misma clase, con el impacto que esto habría tenido para el más pequeño.

Su caso no es único. En prácticamente todas las aulas españolas hay niños nacidos entre enero y diciembre de un mismo año, que es el que marca el corte de la escolaridad y la asignación del curso al que asistirán. ¿Y eso qué implica? Pues que dentro de un mismo aula hay pequeños con procesos de desarrollo tan diferentes como puedan serlo dos alumnos de cursos distintos.

Mismo año, muy distinto desarrollo

La razón es que el actual sistema educativo agrupa a los alumnos por años de nacimiento, y exige a todos los niños la adquisición de una serie de objetivos comunes para todos. Y aunque a partir de los cursos finales de la Secundaria la diferencia a penas se nota, al principio de la vida escolar la distancia es enorme.

«Compartir aula no significa encontrarse en el mismo momento del desarrollo, porque durante los primeros años escolares, unos meses de diferencia pueden hacerse visibles en aspectos cotidianos como mantener la atención, desenvolverse con autonomía o enfrentarse a una tarea que requiere más esfuerzo», explica la doctora Eva Bargalló, jefa de servicio de Pediatria del Hospital Sanitas CIMA.

Esta situación es lo que se conoce como «efecto de la edad relativa»: un niño nacido en enero comparte curso con otro nacido en diciembre, aunque entre ambos exista casi un año de desarrollo y esa distancia pueda influir en aspectos como el comportamiento, el desarrollo del pensamiento abstracto o la psicomotricidad.

Impacto en el aula

«El desarrollo infantil es progresivo y presenta una variabilidad amplia dentro de lo esperable. La edad cronológica sirve para organizar etapas, pero no permite saber por sí sola si un niño ha consolidado determinadas habilidades, y por eso, no conviene extraer conclusiones a partir de una comparación puntual con otros niños del aula», explica Bargalló.

Esta diferencia puede tener un impacto enorme en el día a día de un aula. Por ejemplo, algo tan esencial como mantener la atención durante una actividad larga, lograr esperar el turno sin alterarse, reconocer las letras, escribir entre las pautas del cuaderno sin salirse, desarrollar el pensamiento matemático, comprender las estructuras de un segundo idioma o manejar unas tijeras requiere de destrezas y capacidades que los niños consolidan a ritmos distintos.

La mirada del adulto

Pero claro, esta teoría no es tan sencilla de aplicar en clase y, sobre todo, muchas veces es un lastre para los propios niños, que ven cómo se quedan rezagados y van adquiriendo una visión de sí mismos –confirmada, a veces, por «etiquetas» de los compañeros, los profesores o los padres– como si fuesen más despistados, más torpes o más lentos.

Y eso que pueden ocurrir casos como el de Miguel, que tiene 10 años y que nació en el extranjero un 31 de diciembre por la noche, cuando en España ya era 1 de enero. De no haber estado de viaje, esa escasa diferencia horaria habría cambiado por completo su trayectoria académica, sus profesores y hasta sus amigos.

María Calle, psicóloga de la clínica Blua de Sanitas, explica que «en estas edades, la mirada del adulto tiene mucho peso, y si un niño recibe continuamente el mensaje de que va por detrás, puede acabar interpretando una diferencia temporal como una falta de capacidad».

Por eso, Calle da una serie de recomendaciones para guiar a los niños en este proceso, que empiezan por adaptar las exigencias al momento de desarrollo del niño. Porque «no todos los niños alcanzan el mismo grado de autonomía a la vez, y si uno todavía necesita ayuda para organizar el material, seguir una consigna o completar una tarea, conviene acompañarlo durante un tiempo y reducir ese apoyo a medida que adquiere más seguridad».

Valorar lo personal, no el grupo

Además, la psicóloga propone fijarse en el ritmo interno del propio niño: «La comparación con el resto de la clase –apunta– no siempre refleja bien sus avances, y resulta más útil observar qué habilidades ha adquirido respecto a meses anteriores y si cada vez necesita menos ayuda para desenvolverse en situaciones que antes le costaban».

Esto implica dar más tiempo para consolidar lo que va aprendiendo, porque «algunas habilidades necesitan más tiempo de práctica antes de poder realizarse con soltura».

En paralelo, María Calle pide a los adultos, tanto padres como profesores o familiares, «evitar las etiquetas sobre la forma de aprender».

Porque definir de manera habitual a un niño como «lento», «despistado» o «poco autónomo» termina influyendo en la imagen que construye de sí mismo.

Por último, la experta recomienda que, en estos casos (que siempre están presentes en cada aula, pero no suelen pasar de uno o dos), es importante coordinarse bien entre familia y colegio: «Conocer cómo se comporta el niño en casa y en el aula permite entender mejor el origen de una dificultad; y si aparece sólo ante determinadas exigencias escolares, la explicación será distinta a cuando se mantiene en varios entornos y afecta de forma continuada a su día a día», concluye.