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Dos niños pequeños haciendo juntos la cama

Dos niños pequeños haciendo juntos la camaGetty Images / iStock

Por qué es bueno que tu hijo se haga la cama (y desde qué edad puede empezar)

Jacobo tiene siete años y todavía pelea con las arrugas. Estira como puede el edredón nórdico, coloca la almohada a su manera, guarda el pijama doblado bajo el embozo, pone sus peluches en formación y, si alguien mira con lupa, podría decirse que la cama queda «regular», aunque más que aceptable. Pero hay algo que sí queda bien, además de los peluches: la rutina.

En muchas casas, ese minuto escaso por la mañana (o los fines de semana) es un termómetro de disciplina que tiene muchos más efectos que los que pueden apreciarse a simple vista: cuando un niño puede mantener un hábito doméstico sencillo, que redunda en beneficio de toda la familia, también puede sostener otros.

Y la ciencia, con sus matices, ha empezado a medir lo que las familias intuyen: que participar de las tareas domésticas, cuanto antes, es mejor para los niños que no hacerlo.

Una de las pruebas más elocuentes es un estudio de 2019 que rastreó en Estados Unidos a 9.971 niños del Early Childhood Longitudinal Study–Kindergarten. Y que encontró que la frecuencia de tareas domésticas en edad preescolar se asoció después, en la equivalencia de tercero de Primaria, con mejores puntuaciones en autopercepción de competencia académica y social, mejores habilidades sociales, y mayor satisfacción vital.

Además, hacer tareas con cualquier frecuencia entre los 3 y los 5 años también se relacionó con mejores resultados en matemáticas por la capacidad de innovar respuestas a problemas complejos.

Hacer la cama: el hábito del autocontrol

El ejemplo paradigmático es hacer la cama. Una tarea de «autocuidado» y de servicio doméstico a toda la familia (una habitación con la cama sin hacer parece que desordena toda la casa), que requiere de secuencia, atención y el hánito de terminar lo que se ha empezado.

Y como parece que la evidencia de las familias cuenta menos que los estudios académicos, uno publicado en 2022 y desarrollado por tres investigadoras de la universidad australiana de Victoria, probó (tras analizar a más de 200 niños de entre 5 y 13 años), que aquellos que participaron en tareas domésticas (singularmente, hacer su cama) tenían mayores habilidades de función ejecutiva, como memoria de trabajo e inhibición, con independencia del sexo, la edad o incluso en casos de discapacidad.

Desde qué edad puede empezar

La pregunta clave no es si el niño puede dejar lista para revista una cama de hotel cinco estrellas. Es, más bien, si puede –y cuándo– empezar a participar de esta tarea, sin demasiados escollos que le produzcan frustración y aversión a la actividad.

Un tercer estudio, publicado en Taiwán también en 2022, estratificó por edades algunas de las tareas domésticas que mejor ayudan al desarrollo de los niños.

Y aunque se pudiera contar con ayuda inicial o sostenida de los padres, los datos mostraban que a los 3 o 4 años se puede empezar con micro-pasos (subir el edredón o estirar el nórdico, colocar cojines, o llevar el pijama al cesto de la ropa sucia). Ya entre los 5 y 6 años, muchos ya pueden seguir una tarea más completa con supervisión. Lo decisivo es que la tarea sea alcanzable, repetible y replicable.

Y así, a los siete, muchos niños como Jacobo pueden presumir de hacer su cama con notable destreza, sin darse cuenta de que, en realidad, están construyendo un orden mental interno mucho más importante que el de su propia habitación.

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