El tiempo del recreo es uno de los momentos donde más conflictos surgen, como explica la doctora Ana Isabel Sanz
«El recreo y el patio del comedor pueden darnos mucha información de lo que le pasa a nuestro hijo»
Dos de los momentos de la jornada escolar en la que se producen más tensiones son los tiempos de recreo, como explica la doctora Ana Isabel Sanz.
Una de las cuestiones que más preocupan a los padres es cómo pueden saber qué tal están sus hijos durante las muchas horas que pasan en el colegio. Con particular detenimiento en lo que ocurre en los ratos de recreo, uno de los momentos en que los problemas tienden a manifestarse de forma más agresiva.
Sobre todo, porque lo más común es que, incluso cuando salen del centro con una actitud contrariada o esquiva, pocas veces pasen de un monosilábico «bien» o de un escueto «como siempre» cuando los padres les preguntan qué tal ha ido todo.
La cuestión se agrava si, además, los hijos ya tienen móvil y están dentro del grupo de WhatsApp de su clase, o si utilizan redes sociales –incluso sin tener la edad mínima para ello–.
Dos ámbitos determinantes
Lo bueno es que, precisamente en estos ámbitos por lo común tan herméticos para las familias, los padres pueden encontrar información de lo más relevante para comprender el estado anímico de sus hijos. Sólo basta saber cómo adentrarse en ellos.
Como explica la doctora Ana Isabel Sanz, médico psiquiatra y psicoterapeuta, especializada en infancia y adolescencia, «el recreo y patio del el comedor pueden aportarnos mucha información sobre nuestros hijos».
Además, hay que tener en cuenta que tanto el recreo de media mañana (de unos 30 minutos) como el que sigue al comedor para aquellos alumnos que comen en el centro (y que puede durar más de dos horas), son dos de los momentos en los que más tensiones surgen.
¿El motivo? Los niños pasan más tiempo relacionándose sin la supervisión del profesorado, hay huecos que escapan a la vista de los adultos, el juego movido puede hacer pasar desapercibidas conductas más agresivas, y muchas veces, las personas encargadas de «cuidar el patio» no son docentes, sino monitores contratados sólo para vigilar los turnos que sólo intervienen en conflictos muy evidentes.
Así, la experta recomienda a las familias que, cuando hablen de esos tiempos de recreo, lo hagan con cierta intención y audacia: «Podemos preguntar –señala– con quién está, dónde se coloca, a qué juega o con quién comparte esos momentos, y de ahí obtener mucha información». Es decir, no limitarnos a un simple «¿qué tal todo hoy en el cole?».
Ojo a la relación con el móvil
Como explica la doctora Sanz, que es directora del Instituto Psiquiátrico IPSIAS, «también debemos prestar atención a los cambios relacionados con su vida digital».
Porque «un niño que está sufriendo en silencio puede modificar de repente su utilización de las pantallas, y evitar el móvil o la tableta por temor a recibir agresiones. O, al contrario, mostrarse permanentemente hipervigilante ante una llamada o una notificación de WhatsApp», indica.
Como señala la experta, a pesar de que los menores (sobre todo, los adolescentes), tiendan a ser muy parcos en palabras, «hay pequeñas 'fisuras' en el caparazón que el niño construye para intentar ocultar lo que ocurre». Y expone casos concretos: «Por ejemplo, que desaparezcan repentinamente de su discurso nombres de compañeros de los que antes hablaba con normalidad, o que deje de contar detalles de su vida escolar».
«Fisuras» al llegar a casa
También puede resultar significativo «un cambio muy notable de actitud cuando llega a casa», apunta. Desde una especie de «liberación exagerada» hasta un «agotamiento extremo después del esfuerzo de haber soportado toda la jornada».
Y así, con estas pistas, los padres pueden seguir indagando e iniciar una conversación más detenida, para que los hijos perciban el hogar como el espacio seguro en el que no sólo están a salvo, sino que también reciben las herramientas para vivir su día a día en el colegio.