Los celos por el pasado no son problema del cónyuge, sino de quien los padece, aclara Contreras Luzón
Consultorio Familiar
«Siento celos de las novias que tuvo mi marido antes de conocerme, ¿qué puedo hacer?»
El orientador, conferenciante, escritor y mediador familiar José María Contreras Luzón responde a las preguntas de los lectores de El Debate, en este caso, sobre la gestión de los celos en el matrimonio
Llevo cinco años casada y hay algo que nunca me había preocupado, pero que últimamente se ha convertido casi en una obsesión. Sé que mi marido tuvo otras novias y que mantuvo relaciones con ellas antes de conocerme. Siempre lo había aceptado con normalidad, pero ahora no puedo evitar imaginar aquellas relaciones, compararme con ellas y darle vueltas a lo que ocurrió entre ellos. Sé que pertenece al pasado y que fue antes de conocerme, pero cada vez me como más la cabeza con esto. Es la primera vez que siento celos. ¿Cómo puedo dejar de pensar en esto y que no termine afectando a mi matrimonio?
No es infrecuente que después de casarse uno empiece a no comprender situaciones pasadas del otro. Situaciones que parecían que tenía aceptadas o que incluso le resultaban corrientes y normales, después ya no le parecen tan aceptables.
Esta no aceptación del otro empieza por lo más íntimo.
Si esa persona ha tenido relaciones anteriores en las que se ha llegado a todo, pueden aparecer, de una manera más o menos drástica, una forma de celos, desasosiego, o, incluso, –lo he visto en casos concretos– como justificación para actitudes personales que abren la puerta a la infidelidad: si el otro lo hizo antes, por qué no lo voy yo a hacer yo después.
La imaginación puede empezar a funcionar, sobre todo si uno conoce a la persona con la que lo hizo.
En definitiva, puede uno meterse y meter al otro en un infierno, sólo por no parar la imaginación cuando hay que hacerlo.
Hay que tener en cuenta que este no es un problema de la otra persona: tú sabías de su pasado, sabías lo que hizo. Pero, aún así, cuando se ve a esa persona, sentimos una humillación que nos recuerda el pasado del otro.
Es un problema de uno quizás por tener un temperamento absorbente, demasiado perfeccionista, o muy obsesivo.
También puede ser, sencillamente, por inmadurez personal.
O, en el fondo, por querer buscar una justificación para huir.
Nunca lo intentes superar culpando al otro, ni queriendo que la vida hubiera sido de otra manera... porque es imposible.
Sea la causa que sea, lo tienes que solucionar pidiendo ayuda y dejándote guiar, incluso acudiendo a un profesional de la salud mental para comprobar si esa obsesión necesita de tratamiento.
Pero nunca lo intentes superar culpando al otro, ni queriendo que la vida hubiera sido de otra manera... porque es imposible.
Si no se le da importancia, no la tendrá. Quizás tardará un poco en irse de la cabeza, pero terminará pasando la situación. Sin embargo, si se le da mucha importancia, probablemente se genere un problema donde no debería haberlo.
Como se crea –lo cual, por desgracia, es algo que veo muy comúnmente–, que es un problema de los dos o exclusivamente del otro, se está faltando a lo más elemental del sentido común y de la justicia.
Cuando os conocisteis ya había pasado todo eso y así se aceptó la relación.
En la vida hay que vivir el presente. Que ya es bastante.
El pasado debe servir para aprender y olvidar. Nunca para desunir.
Una persona que no tiene asumido su pasado, del cual forma parte el de su pareja, no es una persona madura. El hecho en sí no debería tener importancia, y si se la das te estas creando un problema que deberías evitar. Tu marido, seguramente, se lo va a tomar mal y con razón, porque el pasado es algo que no se puede borrar.
Saber perdonar y no agrandar las ideas es una forma de querer. Demasiadas cosas pasan en la vida para inventarse más. ¡Animo!
- José María Contreras Luzón es escritor, conferenciante y asesor personal y familiar. Su email para consultas de pareja y familia es: conluz2000@gmail.com