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Los hogares intergeneracionales han pasado del 12% al 16% en España en cuatro añosGetty Images / iStockphoto

La interiorista Andrea Feliú desvela cómo debe ser una casa para que puedan convivir abuelos y nietos

La crisis de vivienda ha propiciado que cada vez más personas mayores convivan con sus hijos y nietos, y los hogares intergeneracionales necesitan sus propias dinámicas para organizarse y sentirse a gusto.

Cada vez hay más hogares en España en los que abuelos y nietos viven bajo un mismo techo. Según el último estudio Los hogares intergeneracionales en España: una radiografía de la convivencia entre abuelos y nietos, publicado por Funcas hace menos de un año, el porcentaje de hogares donde viven menores de 16 años y al menos algún abuelo ha aumentado del 12% al 16% desde 2020 hasta 2024. Una cifra que se eleva hasta casi el 40% en el caso de los hogares monoparentales.

Las implicaciones de este cambio generacional son múltiples. Y una de ellas pasa por algo tan cotidiano como la propia organización y decoración del espacio.

Porque cuando varias generaciones comparten una misma casa, decorar deja de ser únicamente una cuestión de gustos y muebles bonitos y pasa a ser un equilibrio no siempre fácil entre lo funcional, lo estético y lo sentimental.

Una casa para toda la familia

De esto sabe bien la interiorista Andrea Feliu, que ha reflexionado sobre el particular en una entrevista realizada para la popular publicación especializada El Mueble.

Y su punto de partida sirve casi como norma general: «No se trata de que todos tengan los mismos gustos, sino de que puedan reconocerse de alguna manera en la casa».

El reto no consiste, por tanto, en conseguir que el abuelo y su nieta adolescente coincidan en el color del sofá; y tampoco borrar las diferencias para imponer un único estilo decorativo.

La cuestión es encontrar un hilo común que permita que los recuerdos de los mayores convivan con las maneras distintas de entender y habitar la casa de sus hijos y nietos, sin que nadie se sienta ajeno en su propia casa.

Convivencia y espacio personal

Por eso, Feliu recomienda que la prioridad a la hora de organizar el hogar sea propiciar tanto la convivencia, como el espacio personal donde cada uno se sienta confortable.

Así, la interiorista recomienda que las zonas comunes, especialmente el salón y la concina, sean lugares de encuentro, donde todos encuentren algo reconocible: una butaca especialmente querida, alguna fotografía... al tiempo que sean también los más funcionales y confortables, para pasar tiempo juntos.

En cambio, el dormitorio o la sala de estar (en caso de que exista) debe permitir que cada uno conserve sus rutinas, sus objetos y su propia personalidad.

La decoración tiene memoria

En una casa intergeneracional, además, los muebles no tienen siempre el mismo valor. Como recuerda Feliú, una cómoda antigua puede resultar menos práctica que otra recién comprada, pero quizás guarda una historia familiar que conviene rescatar, y que al conocerla enriquece a todos los miembros del hogar.

Y lo mismo puede ocurrir con un cuadro, una vajilla o una lámpara, que más que por su estilo vintage puede servir para conectar a los nietos con una casa anterior (y un tipo de vida) que ellos tal vez ni siquiera conocieron.

Y ahí está, según la experta, una de las claves de este tipo de hogares: no convertir la casa de los abuelos en la casa de los nietos, ni obligar a los mayores a vivir en un escenario donde nada les resulte familiar.

Porque cuando tres generaciones comparten techo, el mejor resultado es que cada uno pueda reconocer su propio hogar, sus raíces y la fortaleza de su familia cuando diga algo tan cotidiano como: «Esta es mi casa».