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El acné genera problemas de autoestima en los adolescentes, señala Jane NelsenGetty Images / iStockphoto

La respuesta de una famosa experta cuando le dijeron: «Mi hijo adolescente tiene acné y lo vive como un drama»

Jane Nelsen, una de las autoras más célebres en el campo de la disciplina positiva, explica el impacto que tiene el acné para la autoestima de los menores y qué pueden hacer los padres, más allá de los cuidados de la piel

«Mis hijos adolescentes han empezado a tener acné y es como si hubiera llegado el fin del mundo. ¿Cómo puedo ayudarles?». Así escribía hace unos años una madre a la doctora en Pedagogía Jane Nelsen, terapeuta matrimonial, familiar e infantil, y una de las conferenciantes de mayor prestigio internacional en el ámbito de la disciplina positiva.

Y al hacerlo, resumía a la perfección uno de los problemas más habituales a los que se enfrentan los padres de hijos adolescentes: el acné juvenil.

Y no tanto por lo que suponga de cuidados específicos para la piel –que también– sino por la gestión que los hijos hacen de esta situación tan natural, que, sin embargo tiene un enorme impacto en su autoestima.

Junto a la pregunta de la preocupada madre, Nelsen recogió su respuesta en uno de los manuales de referencia de la educación asertiva: Disciplina positiva de la A a la Z –editado en España por la editorial Medici–, que publicó junto a la psicoterapeuta y divulgadora educativa Lyn Lott, y al filósofo Stephen Glenn. Y en ella, da claves a los padres para que aprendan a gestionar los problemas de sus hijos con el acné adolescente, más allá del cuidado propio de la piel.

Cómo dar consejos sin perder el tiempo

«El acné puede resultar muy embarazoso durante la adolescencia –recuerda la experta–; sin embargo, es algo muy frecuente debido a la acumulación de bacterias y grasa en la piel, consecuencia del aumento de los niveles hormonales». La cuestión es que cuando los padres quieren ayudarles, «solucionándoles el problema», uno de los métodos que suelen emplear es «el sermón» sobre hábitos de higiene, dieta y descanso, ironiza.

«Y los hijos tienen antenas que detectan los sermones, de forma que en cuanto ven uno, desconectan de inmediato», explica. Circunstancia que puede propiciar una discusión entre padres e hijos que se añade a la convulsión doméstica surgida por esa nueva espinilla en el mentón, con reproches y cansancio por ambas partes.

Por eso, el primer consejo que da Nelsen a los padres cansados de escuchar los lamentos de sus hijas e hijos cuando se descubren un granito antes de quedar con sus amigos es «dejar de sermonearles».

Al menos, al estilo tradicional: «Puedes convertir tu sermón en información valiosa, pero tienes que 'pedir permiso' antes: 'Sé cosas sobre el acné, ¿quieres que te las cuente?'. Si te dice que sí, estará dispuesto a escuchar. Si te dice que no, no tiene sentido que se lo expliques, a no ser que disfrutes cuando compartes información valiosa a alguien que la rechaza», indica.

El impacto en la autoestima

Ya sea dándole pautas para cuidar su piel, o sugiriéndole que busque por sí mismo en internet los consejos de un dermatólogo, lo esencial no es tanto el remedio específico, sino todo el componente emocional que acarrea verse con granitos por la cara, recuerda la experta. Y ahí, la labor de los padres sí que es insustituible.

«Pregúntale si es el único con ese problema en todo el colegio o instituto. Así le ayudarás a ver que es normal tener problemas con la piel a estas edades, y que no es un bicho raro. Y en lugar de decirle lo que no debe hacer, explícale lo que sí puede ayudarle. Por ejemplo, explícale que si se lava la cara con jabón suave dos veces al día, tendrá mejores resultados que reventándose los granos», apunta Jane Nelsen.

Más importante que un buen skin-care

Por último, y no sin antes recomendar que si el problema es grave y persistente es necesario acudir a un dermatólogo, Nelsen sugiere aprovechar la circunstancia para enseñar a los adolescentes algo mucho más valioso que tener una cara sin imperfecciones o hacerse un skin-care: la importancia de ser constantes y de saber resistir la adversidad.

«Muchos tratamientos sin receta funcionan contra el acné, pero no de forma inmediata: hay que esperar entre cuatro y seis semanas para empezar a ver la mejoría», señala la pedagoga. Un plazo que los padres pueden utilizar para «dejar caer» la importancia de darle tiempo al tiempo y ser constante con los buenos hábitos (como la higiene específica o la hidratación abundante).

A medida que pasa el tiempo, como en este caso, también aprenden que pueden sobrevivir a lo que, en principio, parecía una gran tragedia

Pero, sobre todo, Nelsen apunta que una de las mayores lecciones para su vida adulta pueden obtenerse de algo tan mundano como el acné de pubertad: «Nuestros hijos aprenden a buscar información y soluciones a través de los amigos, en internet, con especialistas o con sus padres, para encontrar soluciones a problemas que parecen estar fuera de su control. Y a medida que pasa el tiempo, como en este caso, también aprenden que pueden sobrevivir a lo que, en principio, parecía una gran tragedia».

Y concluye: «Si el problema supera sus capacidades, puedes llevarle a un especialista. Pero hay muchas veces que no se puede, ni se debe, proteger a los hijos. No subestimes lo que puedes llegar a conseguir escuchándoles con cariño».