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Cambiando el focoMarta Ruiz de Azcárate*

«Clara llegó a terapia porque no sabía cómo decirle a su marido enfermo que estaba enfadada y no podía más»

Marta Ruiz de Azcárate, especialista en acompañamiento familiar, explica cómo gestionar las emociones negativas y las situaciones adversas sin dejarse arrastrar por los sentimientos.

«Hay personas como Clara que no se permiten sentir emociones negativas o desagradables», dice Ruiz de AzcárateGetty Images / iStockphoto

Clara es de esas personas con las que da gusto estar. Te podría decir, sin exagerar, que siempre está contenta, que todo le parece bien, que todo lo excusa, todo lo acoge y casi siempre mantiene una actitud amable y dócil.

El problema llegó cuando Marcos, su marido, cayó gravemente enfermo. Aquello llegó a superar de tal manera a Clara que un día me dijo: «Ya no me reconozco».

Y es que uno de los grandes problemas que tenemos hoy, también en el matrimonio, es confundir el mundo de los sentimientos con la realidad de lo que somos.

Hay personas como Clara que no se permiten sentir emociones negativas o desagradables: el enfado, la ira, la tristeza, la impaciencia, la antipatía... Porque han confundido el sentir con el ser. Piensan que, si sienten esas emociones, son malas personas. Incluso pueden llegar a pensar que sentirlas «es pecado».

Clara, en su día a día, no se permitía sentir ninguna emoción negativa. Lo que yo intenté explicarle durante nuestras sesiones, y ella llegó a comprender, es que sentir emociones más o menos agradables no me hace mejor o peor persona.

Yo no elijo directamente lo que siento. Puede caerme mal una persona y no haber decidido que me caiga mal. Puedo sentir enfado ante una situación que considero injusta, tristeza ante una pérdida o miedo ante algo que me supera, y no ser capaz de evitarlo.

Sin embargo, lo que sí está en mi mano es decidir qué hago con eso que siento.

Por ejemplo, Clara podía sentir miedo, frustración y enfado ante la enfermedad de Marcos. Podía pensar: «No puedo más. Estoy cansada de tener que ser fuerte. Estoy enfadada con todo esto». Y nada de eso la convertía en una mala esposa, porque sentirlo ni siquiera estaba en su mano.

Pero lo que sí podía decidir era qué hacer con ese enfado. Podía descargarlo sobre Marcos, cerrarse y alejarse de él, o podía reconocerlo, pedir ayuda y decirle: «Tengo miedo. Estoy cansada y hoy necesito que me cuides tú un poco a mí». Aunque le parecía, al principio, una locura pedirle al enfermo, Marcos, que la cuidara a ella, «la sana».

Esto, sin embargo, ayudó mucho a su marido a no vivir solo como «el enfermo» y a Clara a no vivir solo como la «cuidadora/salvadora».

Y eso también es amar.

Lo importante en la gestión de las emociones no es conseguir no sentirlas, sino aprender a reconocerlas y decidir si van a gobernar mi vida o si voy a dejar que sea mi voluntad la que las integre y oriente mis acciones.

Porque ahí está la diferencia.

Y quizá esto habría ayudado a Clara cuando llegó la enfermedad de Marcos. Ella me decía: «Si soy buena persona, ¿por qué me pasa esto?».

Y hay que volver a recordarlo: El sufrimiento, el dolor y el mal de esta vida no dependen de que yo sea buena o mala persona. Una enfermedad no es un premio ni un castigo. Y tampoco puedo exigirle a mi corazón que responda ante ella con emociones positivas.

Lo que sí puedo decidir es cómo vivir aquello que me está pasando.

La enfermedad de Marcos puso a Clara en contacto con su propia vulnerabilidad y con la vulnerabilidad de su marido. Con sus límites, con sus miedos, con su cansancio y con una realidad que no podía controlar.

Y eso no la hacía peor persona.

La bondad no consiste en no enfadarse, no entristecerse o no tener miedo. Más bien consiste en poder mirar todo eso de frente y preguntarnos qué vamos a hacer con ello.

Así que, como le dije a Clara, la próxima vez que, incluso en tu matrimonio, sientas una emoción que no te guste, no te culpes. Párate y pregúntate: ¿Me mueve a mí esta emoción o la muevo yo? Ahí empieza la libertad.

* Marta Ruiz de Azcárate es terapeuta matrimonial, especialista en duelo, madre de cuatro hijos, autora de Cambiando el Foco y creadora de contenido en Instagram.