27 de mayo de 2022

Novak Djokovic y su mujer, Jelena Ristic, en un evento en Montecarlo

Novak Djokovic y su mujer, Jelena Ristic, en un evento en MontecarloGTRES

Gente

Jelena Ristic y Novak Djokovic, un matrimonio antivacunas y creyente en teorías de la conspiración

La esposa del número uno del tenis mundial cree firmemente que el coronavirus lo causó el 5G

Mientras Novak Djokovic le echa un pulso a las autoridades australianas, a la espera de que decidan dejarle acceder al país para disputar el Open de Australia sin estar vacunado contra el coronavirus, la polémica se agranda en el resto del mundo. El número uno del tenis se encuentra recluido en un hotel de poca categoría con bichos y comida más que mejorable, según la versión de los padres del deportista que crítica públicamente las pésimas condiciones en las que se encuentra.
En cambio, su mujer, Jelena Ristic se ha mantenido más cauta a la hora de hablar públicamente sobre el asunto pese a que es de la misma convicción. Este viernes rompía su silencio a través de Twitter para pedir amor y respeto para todos aunque aseguraba que había necesitado respirar profundamente para no decir lo que piensa sin ningún miramiento. Uno y otro se oponen a la vacunación, como dijo Djokovic: «No me gustaría que alguien me obligara a vacunarme para poder viajar. Pero si se vuelve obligatorio, ¿qué pasará? Tendré que tomar una decisión».
Mientras que su marido opina que las 'pirámides bosnias' emiten una energía mística y los pensamientos positivos pueden purificar el agua, Ristic cree que la tecnología 5G trajo el coronavirus. En abril de 2020, esa información que ofreció a través de Instagram recibió la etiqueta de información falsa y fue muy criticada, aunque con el tiempo explicó que solo se había interesado por esa teoría y no que la respaldaba al 100%.
Ristic se describe como una persona de mente abierta con un «hambre de conocimiento que nunca sacia». «Estoy cambiando y transformándome a un ritmo tal que es realmente difícil etiquetarme o clasificarme en una caja definida. Estoy en todas partes y en ninguna parte. Incomprendida y plenamente apreciada», escribe en su blog en el que comparte consejos sobre cómo encontrar a tu verdadero yo.

El matrimonio tiene unas creencias peculiares que nunca han escondido. En el caso de Djokovic, se ha ido obsesionando cada vez más con el funcionamiento del cuerpo y el espíritu y más a medida que iba forjando su leyenda. Como ejemplo de sus alocadas ideas fue hace ya diez años que se declaró alérgico al trigo sin acudir al correspondiente especialista. 
Ambos se compenetran a las mil maravillas al creer firmemente en la meditación y confían en el poder de abrazar árboles. Además prefieren confiar en las curas holísticas antes de optar por la medicina tradicional. Su enfoque poco ortodoxo empequeñece una figura que lo ha conseguido prácticamente todo en el mundo del tenis. Incluso ha logrado lo nunca visto: que Rafa Nadal, una persona que no entra en polémicas, hable de su situación en Australia, asegurando que «el mundo ha sufrido ya mucho por no seguir las reglas».

Flechazo

Aún eran un par de adolescentes cuando Djokovic y Ristic se conocieron. Estaban en el colegio pero se enamoraron perdidamente el uno del otro. Mantenerse unidos no les resultó nada fácil sobre todo cuando el tenista empezó a viajar de torneo en torneo para forjarse su carrera mientras que ella estudiaba en la Universidad Bocconi en Milán (Italia). «Para nosotros reunirnos era casi algo de ciencia ficción. Yo era una estudiante y él un jugador de tenis muy joven sin dinero de sobra para hacer viajes costosos. En ese momento coger aviones era algo fuera de nuestro alcance», contaba ella al medio servio PTC.
Tras varios años alejados, viviendo su relación en la distancia, decidieron irse a vivir juntos pero ni aún así era fácil pasar tiempo juntos por sus respectivos trabajos. Al final decidieron que lo mejor para ellos era que Ristic dejase todo para ponerse al frente de la Fundación Novak Djokovic, que se encarga de velar por los niños más desfavorecidos de Serbia.
La boda llegó el 14 de julio de 2014, pocos días después de que él ganara Wimbledon. Gracias al casi medio millón de euros que invirtieron tuvieron el enlace soñado en una pequeña playa en el centro turístico de Sveti Stefan (Montenegro). No tardaría en llegar el primer hijo de la pareja, Stefan, que nació un mes después.
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