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Susanna Griso, en una imagen de archivoGTRES

La lujosa urbanización donde viven Susanna Griso, Bisbal o Aitana, sin agua potable desde hace décadas

Ciudalcampo, entre los municipios de San Sebastián de los Reyes y Colmenar Viejo, combina casas de lujo con agua con arsénico y dos causas judiciales por delitos medioambientales

Solo con pronunciar Ciudalcampo, uno evoca césped cortado con precisión quirúrgica, coches eléctricos brillando al sol y el inconfundible «plop» de una pelota rebotando en alguna pista de pádel privada. Esta urbanización situada al norte de Madrid —entre los municipios de San Sebastián de los Reyes y Colmenar Viejo— se despliega en pleno Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, un enclave natural dominado por encinas centenarias. Representa la fusión ideal entre naturaleza protegida y estilo de vida exclusivo: seguridad 24 horas, campos de golf, escuela internacional y vecinos con nombres conocidos y bolsillos generosos. Entre ellos figuran artistas como Aitana y David Bisbal, periodistas como Susanna Griso, el presentador Carlos Sobera, o hasta hace unos meses, el empresario Víctor de Aldama, quien abandonó el domicilio familiar tras su separación.

En este paraíso inmobiliario, donde las parcelas rondan los 2.500 metros cuadrados, y las casas valen desde 1,5 hasta 10 millones de euros, hay una carencia básica: no hay agua potable. Literalmente, no se puede beber del grifo.

El agua que abastece a la urbanización contiene niveles de arsénico superiores a los máximos legales establecidos por la legislación española, aunque por ejemplo en Finlandia con estos niveles sería óptima. Ante esta situación, los residentes han tenido que comprar garrafas o instalar filtros para eliminar el arsénico, a la entrada de casa. Todo un despliegue logístico que recuerda más a un refugio de montaña que a una zona residencial de élite. «Por muy barato que intenten vender las garrafas de agua, al final es un coste adicional», comenta un vecino con resignación. Otra residente asegura consumir más de 160 litros de agua embotellada al mes, incluso para lavarse las manos o enjuagar un tomate.

Las mansiones de Ciudalcampo

Pero lo más llamativo es que este problema no es nuevo. Ya en los años 60 y 70, los vecinos extraían el agua de pozos privados sin mayores controles. Todo parecía funcionar hasta que las nuevas normativas sanitarias revelaron una concentración de metales pesados, como el arsénico, incompatible con el consumo humano.

Y como si no fuera suficiente, la situación se agrava por un historial ambiental aún más turbio. Ciudalcampo tiene dos causas judiciales abiertas por delitos medioambientales. La primera está relacionada con los vertidos de aguas fecales sin tratar al río Jarama, durante décadas, con una depuradora que en realidad no funcionaba. Las primeras denuncias llegaron en 2019 y 2020, impulsadas por colectivos ecologistas como GRAMA, ARBA o Jarama Vivo y por vecinos cansados del silencio institucional. Solo tras la intervención de la Fiscalía de Medio Ambiente y del SEPRONA, en 2020, se revocó la autorización de vertido.

La segunda investigación se centra en la extracción ilegal de agua de cinco pozos, sin permisos, lo que ha generado multas de más de 4,1 millones de euros. Por estos hechos, un juzgado de Alcobendas ha imputado a tres expresidentes y un exgerente de la Comunidad de Propietarios.

Casa de David Bisbal en Madrid

En abril de 2024, el Canal de Isabel II y los ayuntamientos correspondientes firmaron un convenio para conectar finalmente Ciudalcampo a la red pública de agua potable. El proyecto, con una inversión de 22 millones de euros, debería completarse hacia finales de 2033. El coste será asumido íntegramente por los vecinos.