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Yolanda Díaz

Yolanda Díaz, en la recepción del 76º aniversario de la fundación de la República Popular China

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Yolanda Díaz celebra las políticas del régimen comunista chino en una fiesta en Madrid

La vicepresidenta segunda del Gobierno asistió a la recepción organizada en Madrid con motivo del 76º aniversario de la fundación de la República Popular China

Yolanda Díaz asistió, este martes en Madrid, a la recepción por el 76º aniversario de la fundación de la República Popular China. El dato en sí no sorprendía. Lo llamativo fueron las imágenes posteriores y lo que representaban: el gesto político y, de paso, un «look» que no tardó en convertirse en tema de conversación.

Hubo quien lo resumió con claridad meridiana: «China es una dictadura. Ningún motivo del que estar orgullosa para una dirigente de izquierdas». Otros fueron aún más contundentes: «Dictadura pura y dura, señor Sánchez, dictadura». La reacción es comprensible: no deja de ser paradójico ver a una dirigente de un gobierno democrático celebrar con entusiasmo el cumpleaños de un régimen de partido único donde las libertades fundamentales no existen.

Yolanda Díaz

Yolanda Díaz se reunió con el embajador de China en EspañaInstagram

El propio discurso de Díaz añadió gasolina al debate. Frente a un país donde la huelga está prohibida, la disidencia se castiga y la prensa es mera correa de transmisión del poder, la ministra prefirió subrayar las bondades de la planificación estatal, la inversión masiva en innovación y la autonomía tecnológica. Llegó incluso a definir a China como «un espejo en el que mirarnos», destacando que «nos muestra lecciones de enorme actualidad» en sectores estratégicos. Una visión, digámoslo con suavidad, más que generosa hacia un modelo que se sostiene a costa de libertades básicas.

El contraste es evidente. España, miembro de la Unión Europea y defensora en teoría de la democracia liberal, se presta a una fraternidad acrítica con Pekín mientras critica con severidad a Moscú. Europa sanciona a Rusia por sus violaciones del derecho internacional, pero sonríe a China mientras le compra paneles solares y tecnología. En medio de esa incoherencia, Yolanda aparece como embajadora de buena voluntad, brindando por una cooperación que suena más a sumisión que a equilibrio.

Las fotos del acto refuerzan esa sensación. El embajador Yao Jing, impecable en su traje oscuro, estrechaba manos con la ministra bajo la vigilancia solemne de las banderas china y española. Hubo discursos protocolares, saludos de cortesía y el inevitable intercambio de obsequios: un cuadro con un dragón, símbolo clásico del poder y la buena fortuna en la cultura china, que acabó de decorar la escenografía diplomática. Todo transcurrió según el manual, salvo por un detalle que desvió todas las miradas: el peinado de la vicepresidenta segunda del Gobierno.

Yolanda Díaz

Yolanda Díaz afirmó en su cuenta de Instagram que las relaciones son cada vez más sólidasInstagram

El look de Yolanda

Porque de la política pasamos a la estética, y ahí el asunto roza lo tragicómico. La ministra de Trabajo optó por un vestido azul marino, largo, de gasa ligera, cruzado y con cierto aire de kimono moderno. Una elección sobria, incluso apropiada como guiño oriental. Pero el peinado desbarató el conjunto: rizos rígidos, voluminosos, con un aire ochentero que no encajaba ni con el protocolo ni con la estética que buscaba.

La tradición china prefiere lo pulido, lo sereno, los recogidos que transmiten disciplina y respeto. Un moño bajo o un liso sobrio habrían funcionado como un guiño elegante. Pero los rizos altos, fijados con laca, rompieron la armonía y convirtieron el peinado en protagonista involuntario del acto. Porque sí, la ropa comunica. Cada elección estética proyecta un mensaje. Y en esta ocasión, el mensaje resultó confuso: un intento de solemnidad que se volvió caricatura.

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