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Isabel Preysler y Carmen M. Bordiú Franco©RADIALPRESS

Las meriendas secretas de Isabel Preysler en El Pardo: Franco pedía Fanta de naranja a la hora del té


Entre porcelana, pastas y confidencias con Carmen Martínez-Bordiú, Franco prefería su Fanta a cualquier té aristocrático

Dicen que en la España de los años setenta, cuando el peso del protocolo aún se respiraba en cada gesto y los apellidos abrían más puertas que cualquier título universitario, había salones donde la historia no se escribía con discursos, sino con tazas de té, miradas silenciosas y algún murmullo apenas audible. En uno de esos escenarios, el Palacio de El Pardo, una joven Isabel Preysler descubría, casi sin proponérselo, cómo la intimidad del poder podía tener sabor a pastas de mantequilla, sándwiches delicadamente cortados y botellas de Fanta de naranja.

Francisco FrancoGTRES

No era una escena de película ni una reconstrucción histórica: era una rutina casi doméstica. Carmen Martínez-Bordiú, nieta del jefe del Estado y amiga cercana de Isabel, la invitaba algunas tardes a merendar en aquel palacio solemne donde, para sorpresa de muchos, habían instalado un pequeño cine privado en uno de los salones. A veces, tras los saludos formales y el tintinear de las cucharillas en la porcelana, aparecía Francisco Franco. No pedía té como los demás, sino una Fanta de naranja, bebida con la misma calma con la que observaba todo desde su habitual silencio.

Una película

«Al principio de conocernos nos veíamos mucho en casas de amigos comunes. Me invitó varias tardes al palacio de El Pardo donde habían instalado un cine en uno de los salones. Primero tomábamos un té con sándwiches y pastas y luego veíamos el NO-DO y una película. Un par de veces se unió Franco, que tomaba Fanta de naranja en vez de té y que, al contrario de Doña Carmen, nos habló muy poco», relata Preysler en sus memorias, Mi verdadera historia, que presentó este 22 de octubre.

Isabel Preysler «Mi verdadera historia» in MadridGTRES

Preysler tenía entonces una juventud radiante y acababa de empezar a moverse en los círculos sociales más exclusivos de Madrid. Carmen Martínez-Bordiú, nieta del dictador y símbolo de la alta sociedad de la época, se había convertido en una de sus amistades más cercanas. Aquellas tardes en El Pardo combinaban la etiqueta silenciosa del poder con la ligereza de una merienda entre amigas. La mesa estaba impecablemente dispuesta: porcelana fina, sándwiches de pepino, pastas artesanales y tazas humeantes de té. Y, en medio de ese ritual casi británico, Franco, con su habitual sobriedad, prefería una botella de Fanta de naranja.

Mientras Doña Carmen Polo conversaba con educación y curiosidad, Franco apenas intervenía, observando en silencio. Tras la merienda, se apagaban las luces y comenzaba el NO-DO, seguido de una película clásica. Para Isabel, educada en Filipinas y recién llegada a la España del tardofranquismo, aquello era una mezcla curiosa de solemnidad y cotidianidad.

Isabel Preysler y Carmen M. Bordiú Franco© Korpa

Este episodio es solo uno de los muchos que Isabel comparte en sus memorias, donde abre las puertas de su vida íntima: su infancia feliz en Filipinas, su complicada adolescencia bajo la estricta disciplina de sus padres, su inesperada boda con Julio Iglesias y su posterior nulidad matrimonial tramitada en Brooklyn.

En su libro, Isabel también revela curiosidades sorprendentes, como su parentesco indirecto con el actor Steve McQueen, del que se enteró por sus compañeras de colegio, o el hecho de que durante años no prestó demasiada atención a la moda, pese a ser considerada un icono de estilo en España. Confiesa que, incluso embarazada de su primer hijo, llegó a engordar dieciséis kilos disfrutando de los desayunos mexicanos durante una estancia en el extranjero. Habla también del amor apasionado y culto que vivió con Mario Vargas Llosa, del dolor de la muerte de Miguel Boyer, «el amor de su vida», y de cómo cuidó de él tras el ictus que lo postró.