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Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro, en una imagen de 2022GTRES

Álvaro Vargas Llosa se pronuncia sobre los duros últimos días de su padre «aprisionado por la enfermedad»

En la última etapa de su vida, el Premio Nobel se reconcilió con su mujer, Patricia Llosa

Los últimos episodios de la vida de Mario Vargas Llosa hicieron que el escritor fuera objeto de titulares de la crónica social. Pese a esto, él nunca abandonó su faceta intelectual y, cuando más de seis meses después de su fallecimiento, continúa recibiendo homenajes póstumos. En este caso, Álvaro Vargas Llosa, uno de los vástagos del escritor, acudió a la celebración de la VI Bienal Mario Vargas Llosa. Organizada por la Cátedra Vargas Llosa, esta cita tuvo lugar entre el 22 y el 25 de octubre en las ciudades de Cáceres y Trujillo, el escenario ideal para que su primogénito concediera una entrevista a El País en la que se ha abierto en canal.

Mario y Álvaro Vargas LlosaGTRES

A lo largo de la charla, el ensayista —que ha heredado la vocación literaria de su padre— ha abordado diferentes temas que han marcado su vida y la de su progenitor, entre los que se encuentran la relación padre e hijo, la enfermedad que empañó la última etapa del novelista, los planes familiares y el más ilusionante para la familia: la reconciliación del literato con su mujer y prima, Patricia Llosa, a la que había dejado tras enamorarse de Isabel Preysler.

Vuelta con la madre de sus hijos

El regreso de Mario Vargas Llosa a Lima, su ciudad natal, trajo consigo el reencuentro con sus tres hijos: Álvaro, Morgana y Gonzalo. Pero también se tradujo en cambios en el plano sentimental; tras romper con Isabel Preysler, se reconcilió con su última esposa, Patricia Llosa, un momento muy emotivo para el entrevistado: «Es lo más hermoso que ocurrió en la etapa final de su vida», ha confesado. Un «acto de amor y de contrición» que volvió a unir a la familia en torno a sus figuras centrales y que ha descrito como «genuino y auténtico». El propio Álvaro ha explicado que hizo 12 viajes a Perú desde París y Nueva York en el curso de 12 meses para estar con sus padres y con sus hermanos.

La dura enfermedad del Nobel

De la misma manera, ha hablado abiertamente de la afección que sufrió su padre. «Había lagunas importantes», ha apuntado. Y ha recordado emocionado los paseos que daban por Lima después de comer, que se convirtieron en «una cosa maravillosa» y «el momento cumbre del día». «Fue una forma de ayudarle a morir feliz, fue duro pero hermoso», ha señalado, confesando que una de las vivencias más complicadas fue ver al hombre vital que había sido metido en una especie de cárcel, completamente aprisionado por la enfermedad.

Siguiendo la línea, ha hecho una pequeña descripción de las caminatas: «Yo tenía la responsabilidad de conducirlo y él quería que le fueran recordadas cosas», ha asegurado. «Era fundamental que esos paseos le hicieran rememorar lo que estaba perdiendo», ha comentado.

La trayectoria literaria del peruano tuvo como broche de oro la novela Le dedico mi silencio. Una obra que fue «lo último que pudo escribir» y que su hijo asegura que lo hizo con la memoria aún plena y «en perfecto estado». Se trata de una historia inspirada en la cantante Cecilia Barranza que narra la vida de Toño Azpilcueta y el despertar de su interés por la música criolla afroperuana.