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Álvaro y su madre Patricia Llosa

Álvaro Vargas Llosa y su madre Patricia Llosa

El destino que ha elegido Patricia Llosa para su 80 cumpleaños, el primero sin Mario

Patricia Llosa cumplió años el 22 de noviembre y lo celebró en República Dominicana junto a sus tres hijos

Patricia Llosa acaba de cumplir 80 años en un aniversario que pesa de manera distinta: es el primero desde que Mario Vargas Llosa murió el pasado abril, a los 87 años. No es, sin embargo, la primera vez que sopla velas lejos de él (durante los años en que el Nobel mantuvo su relación con Isabel Preysler también celebraron cumpleaños separados), pero este es el primero en el que realmente falta. El primero sin posibilidad de una llamada, un mensaje o un regreso.

Patricia Llosa celebró su octogésimo cumpleaños junto a sus tres hijos, en una reunión privada que tuvo lugar en República Dominicana, según publica LOC. Sin embargo, ni Morgana ni Gonzalo han compartido ninguna publicación al respecto, como sí hizo su hermano mayor.

Su hijo Álvaro lo expresó con una frase que resume bien lo que ella representa para los suyos: «Hoy celebramos los 80 años de mi madre, sistema solar alrededor del cual orbitamos todos los que nos debemos a la fuerza gravitacional de sus legendarias cualidades». No hay mejor definición. Para su familia, ella siempre ha sido el centro, la que sostuvo la vida cotidiana mientras Mario escribía, viajaba o recibía premios; la que organizaba, protegía, hacía de ancla y de timón.

Desde la muerte del escritor, Patricia sigue instalada en la discreción que siempre la definió. Vive en la casa frente al mar del barrio limeño de Barranco, donde compartieron sus últimos años. Allí mantiene una rutina tranquila: madruga, pasea por el malecón, lee, escribe, recibe a amigos y conserva una biblioteca que todavía huele a Mario. Manuscritos, libros subrayados, objetos personales… la casa guarda huellas, sí, pero también sigue llena de vida: hijos que van y vienen, nietos que se reparten entre Europa, Estados Unidos y Dubái, amigas con las que creó la delegación limeña del National Museum of Women in the Arts.

En estos meses ha viajado a Madrid, a Buenos Aires, a Marbella; ha asistido a homenajes y presentaciones donde el nombre del Nobel volvía inevitablemente a aparecer. Y también ha tenido gestos íntimos junto a sus hijos, como aquella visita al buque escuela Juan Sebastián Elcano poco después de la pérdida del escritor, el pasado mes de abril. Lo hace sin grandes declaraciones, sin buscar foco.

Su historia con Mario no fue sencilla, pero sí profundamente íntima y duradera. Se conocieron siendo casi niños: Patricia tenía apenas 15 años cuando se enamoró de aquel primo mayor que ya soñaba con convertirse en escritor. Con el tiempo se casaron, en 1965, tuvieron tres hijos y levantaron una familia muy unida a la que ellos mismos llamaban «La Tribu». Durante décadas, fue su compañera absoluta: estuvo en los años de precariedad, en el estallido de la fama, en los reconocimientos internacionales y también en las crisis que erosionaron el camino. El mayor golpe llegó el 10 de junio de 2015, cuando Patricia se enteró por la prensa de que su matrimonio había llegado a su fin. Aquella ruptura, que vino acompañada de la nueva relación del escritor con Isabel Preysler.

En 2023, después de siete años de separación, Mario regresó. Y ella volvió a abrirle la puerta de casa. Quizá por eso este cumpleaños tiene un peso distinto. Porque no solo marca un año más de vida: marca el cierre verdadero de una historia de 60 años.

Mientras tanto, la vida sigue moviéndose alrededor de esa ausencia. Su hijo mayor, Álvaro, acaba de solicitar formalmente el título nobiliario que el Rey Juan Carlos otorgó al escritor en 2011: el Marquesado de Vargas Llosa.

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